PARDERRUBIAS.                                             Por los Profesores Sierra Freire y Fernández Seara

PARDERRUBIAS. Por los Profesores Sierra Freire y Fernández Seara


Este es un Blog creado, editado, dirigido y coordinado por los Profesores Juan Carlos Sierra Freire (Universidad de Granada) y José Luis Fernández Seara (Universidad de Salamanca) que pretende difundir, dar a conocer y ser un centro de documentación de la Parroquia en la que ambos hemos nacido. 

Se trata de nuestro tributo a PARDERRUBIAS (de Ourense) y a sus Gentes.

E-Mail: parroquiadeparderrubias@gmail.com

Síguenos en Twitter: Parderrubias @P_Parderrubias


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Rincón de Parderrubias con las típicas parietes rubias.

La Parroquia de Parderrubias  (Parietes Rubias: paredes rubias, coloradas o rojas) en Ourense está conformada por seis pueblos: A Iglesia, Barrio, O Outeiro, A Carretera, As Campinas y Nigueiroá. Algunos de ellos incluyen sectores con identidad propia (e.g., O Valdemouro, O Alcouzo, etc.).

En el año 957, en el Tumbo de Celanova, aparece la primera referencia documental que alude de manera explícita a Parderrubias:

…Et ipsa villa inter Minio et Arnogia, vocitata Parietes Rubias, pro quo accepimus de vobis precium in…“.

Entre los siglos VII y XI empiezan a surgir poblamientos en lo que hoy conocemos como Terras de Celanova, con nombres derivados de antropónimos latinos. Se trata de villares o zonas de expansión agraria, entre los que se encuentra Parietes Rubias (paredes, muros rojos). Por tanto, cabe pensar que en el siglo X existía ya un poblamiento asentado en lo que hoy es Parderrubias. Tal como se recoge en la Escritura del Tumbo de Orense, en el año 1122 la Condesa de Portugal Doña Teresa renueva a Orense el título de Ciudad, concediendo a la Iglesia su jurisdicción desde Ervedelo hasta Parderrubias, lo cual indica que estamos ante un asentamiento ya claramente establecido en esa época. En el siglo XV las referencias documentales a los clérigos de Parderrubias son frecuentes, lo que prueba que la Parroquia de Parderrubias se encontraba completamente consolidada a finales de la Edad Media. En el siglo XVI encontramos los primeros registros parroquiales de bautizados, casados y fallecidos.

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Vista área de A Iglesia.

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Amanecer en Parderrubias
E44. Árboles y arbustos de los montes de Parderrubias. Por Juan Carlos Sierra Freire

E44. Árboles y arbustos de los montes de Parderrubias. Por Juan Carlos Sierra Freire

Parderrubias posee diversas y amplias zonas de monte, tanto de carácter privado como comunal [véase el amplio listado de ellas en el trabajo de Outumuro (2015) Topónimos en la Parroquia de Parderrubias]. A Touza o A Vacariza constituyen buenos ejemplos de ello. Además, son numerosos los arroyos y regatos que irrigan, tanto estos montes como las fértiles zonas de cultivo (e.g., Cavada do Lobo, Augalevada, Regueiriño, Lavandeira, Barreiro o Seixal). Todo ello hace que la Parroquia de Parderrubias se caracterice por una gran diversidad en flora y fauna. La fauna ya fue abordada en otro artículo al que remitimos al lector interesado (Fauna de Parderrubias), por lo que vamos a centrarnos en esta ocasión en la riqueza florística, concretamente en los árboles que podemos encontrarnos en los montes de Parderrubias, en los que tienen su hábitat natural un buen número de frondosas y coníferas. En este trabajo se incluyen los árboles, y algunos arbustos, registrados por la Consellería do Rural de la Xunta de Galicia en Os Montes dos Castros. A la hora de ordenarlos se podrían tomar diferentes criterios; hemos optado por el orden alfabético para realizar una breve descripción de cada uno de ellos a partir, básicamente, de la información que hemos encontrado en Lorenzo Fernández (2018).

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Monte comunal de Parderrubias

Acacia negra (acacia negra, acacia melanosylon). Árbol que nos recuerda a la mimosa, que describiremos más abajo, pero mucho más escaso en nuestros montes. Sus flores son parecidas a las de la mimosa, pero sus hojas son muy diferentes.

Acibro (acebo, ilex aquifolium). Árbol relativamente pequeño, claramente identificable por sus hojas espinosas que permanecen siempre verdes. Sus frutos rojos constituyen el alimento de muchos animales. La combinación de sus hojas y frutos le convierte en un árbol ornamental, especialmente en la época navideña, por lo que en la actualidad es una especie protegida.

Alcipreste (ciprés, cupressus sempervirens). Árbol que destaca por su altura y talla piramidal. Suelen tener un uso ornamental. Se ven incluso en los huertos y jardines de algunas casas.

Alcipreste de Lawson (ciprés de Lawson, chamaecyparis lawsoniana). Árbol foráneo, de la familia de los cipreses, originario de Oregón (Estados Unidos).

Amieiro (aliso, alnus glutinosa). Árbol que nos encontramos a las orillas de los ríos, a los que proporciona grandes sombras. Su dura madera se empleaba para la elaboración de los zocos y los ejes de los carros del país.

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Avelaira (avellano, corylus avellana). Árbol fácilmente reconocible por su pequeño tamaño y copa circular. Su fruto, la “abelá” (avellana), es muy apreciado, tanto por los humanos como por algunas especies animales, como la ardilla. Las primeras avellanas se comen por San Lázaro.

Bidueiro (abedul, betula alba). Árbol que también se puede observar en las orillas de los ríos, siendo fácilmente identificable por su corteza blanca, su tronco recto y por proporcionar escasa sombra. Sus hojas tienen propiedades diuréticas y su madera se empleaba para la elaboración de zocos y aperos de labranza.

Cancereixo (serbal de los cazadores, sorbus aucuparia). Árbol de tamaño mediano característico por su fruto similar a las cerezas, que es alimento de pájaros. Su madera de gran dureza ha servido para la elaboración de los husos empleados en la manufactura del lino (véase Sierra Fernández, 2016 La manufacturación del lino en Parderrubias).

Carballo americano (roble americano, quercus rubra). Roble originario de América del Norte que comenzó a plantarse en Galicia para reforestación. Su madera de calidad y su crecimiento rápido hacen que se trate de árbol atractivo para las industrias madereras. Se ha plantado también con fines ornamentales por sus rojas hojas en la estación de otoño.

Carballo común (roble, quercus robur). Uno de los árboles más típicos que encontramos en cualquier lugar, habitualmente formando “carballeiras”. Su madera es dura, muy preciada para la construcción y bien valorada como leña. Desde hace algunos años está siendo víctima de una plaga provocada por la pulga altica que devora los tejidos de sus hojas secándolas, de modo que sus copas presentan un color marrón cuando deberían ser verdes.

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Carqueixa (carquesa, chamaespartium tridentatum). Arbusto muy ramificado sin apenas hojas y con flores amarillas. Era empleada para hacer estiércol en las casas que había ganado. Se apreciaba también para encender el fuego.

Castiñeiro (castaño, castanea sativa). Otro de los árboles típicos de la zona. Su agrupación forma los famosos “soutos”, que desgraciadamente cada vez son más escasos. Su madera es dura. Su fruto, la castaña, fue un producto básico en la alimentación de los gallegos antes de la llegada de la patata de América.

Cerdeira (cerezo, prunus avium). Árbol que se da en las “touzas”, fragas y bosques de ribera. Conocido básicamente por su fruto, la cereza. En Parderrubias se suele asociar a la zona de A Chousiña.

Choupo (chopo, populus nigra). Árbol que alcanza gran altura y que lo encontramos en lugares frescos. Cuando se hace viejo, su tronco se llena de estrías.

Codeso (rascavieja, adenucarpus complicatus). Arbusto que se puede confundir con la “xesta”. Sus ramas están llenas de pequeñas hojitas y sus flores son también amarillas.

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Corticeiro (alcornoque, quercus suber). Se conoce también por el nombre de “sobreira”. Su corteza se emplea en la elaboración de los corchos de las botellas.

Escambrón (majuelo, crataegus monogyna). Árbol de altura mediana con ramas espinosas y flores blancas olorosas. Se conoce también por árbol espino o “estripeiro”.

Eucalipto (eucalipto, eucalyptus globulus). Árbol originario de Australia e introducido en Galicia hace dos siglos con el objetivo de repoblar los montes. Es inconfundible por su largo y liso tronco, y por el olor de sus hojas. Su crecimiento rápido lo hace muy apetecible a las fábricas de pasta de papel. Los eucaliptos son nefastos para los terrenos, pues los esterilizan y desmineralizan. Como positivo, sus hojas jóvenes tienen múltiples cualidades saludables por sus propiedades antiséptica, expectorante y descongestionante, muy recomendable por tanto su uso como infusión o vahos para el asma, bronquitis, sinusitis, catarros, etc.

Faia (haya, fagus sylvatica). Se caracteriza por su copa redondeada y espesa, y por la dureza de su madera. En otoño nos regala bellísimas estampas por sus tonos amarillentos antes de perder la hoja. Cuando son viejos suelen presentar raíces secundarias a su alrededor.

Falsa acacia (falsa acacia, robinia pseudoacacia). Árbol originario de Estados Unidos, característico por sus flores fragantes, blancas y en racimos. Aunque se considera una especie invasora, está bajo control.

Freixa (fresno de la tierra, fraxinus angustifolia). Crece cerca de los ríos. Caracterizado por un tronco grueso y derecho, cuya madera se empleaba, por su facilidad para ser trabajada, en la elaboración de aperos de labranza (e.g., “forcas”).

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Loureiro (laurel, laurus nobilis). Árbol de zonas húmedas, que tarda mucho en crecer, conocido por el uso culinario que se hace de sus hojas y por ser el protagonista de los Domingos de Ramos en Parderrubias.

Mimosa (mimosa común, acacia dealbata). Árbol invasor, originario de Australia, claramente identificable cuando está en flor, dibujando de un intenso amarillo a los montes.

Moragueiro (madroño, arbutus unedo). Arbusto conocido por sus frutos verrugosos de color rojo/naranja.

Negrillo (olmo común, ulmus minor). Árbol de porte elevado y robusto, que proporciona excelentes sombras.

Nogueira (nogal común, juglans regia). Árbol robusto por su altura y por el grosor de su tronco. Conocido por sus frutos: las nueces. Su madera es estimada por su calidad.

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Piñeiro americano (pino americano, pinus radiata). Árbol originario de California muy empleado en repoblación y muy bien valorado en la elaboración de pasta de papel.

Piñeiro bravo (pino rodeno, pinus pinaster). Se trata del árbol más abundante en toda Galicia, debido a la existencia de suelos silícicos. Inconfundible por sus hojas en forma de aguja y por las piñas.

Piñeiro de Oregón (abeto de Douglas, pseudotsuga menziesii). Conífera que destaca por su altura y por su uso maderero. Se ha empleado en repoblaciones.

Piñeiro silvestre (pino silvestre, pinus sylvestris). Es el pino que proporciona mejor madera.

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Plátano (plátano, platanus hispánica). Árbol característico por sus grandes hojas de las que se desprende en otoño. Muchos lo asociamos a las sombras en las carreteras. Antes de la reforma de la actual carretera nacional que cruza Parderrubias, uno de sus arcenes era testigo de estos robustos árboles. Es curioso su fruto en forma de pequeña bola llena de pelos.

Pradairo (arce, acer pseudoplatanus). Lo encontramos cerca de los regatos. Su madera es dura.

Rebolo (melojo, quercus pirenaica). Conocido también por “cerquiño”. Especie de roble, más menudo que el roble común.

Sabugueiro (sauco, sambucus nigra). Arbusto que se suele encontrar cerca de los ríos e inconfundible por sus blancas flores que desprenden un aroma nada agradable y por sus frutos en forma de bolitas negras o violáceas. Fue un arbusto muy apreciado por algunas generaciones de alumnos de nuestra escuela (véase Nuestra Escuela de Parderrubias), porque con sus ramas se elaboraban las famosas “baquetas”, que cada estudiante solía llevar en su bolsillo a modo de “arma” tipo cerbatana, y con la que se probaba puntería de disparo impactando en la cabeza del compañero una pequeña bola de papel.

Salgueiro (sauce, salix atrocinerea). Árbol que encontramos en las primeras líneas de los regatos y ríos, e incluso en medio de ellos, gracias a su fuerte fijación al terreno.

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Sanguiño (arraclán, rhamnus frangula). Árbol de poca altura, con frutos venenosos muy característicos: bolitas rojas al principio y negras al final. Su nombre se debe a que sus ramas tienen un color similar al de la sangre.

Toxo (tojo, ulex europaeus). Probablemente el arbusto más conocido de Galicia. Se caracteriza por tener hojas en forma de espinas y por sus vistosas flores amarillas (“a flor de toxo”). Se agrupan constituyendo “toxeiras”. Fueron un producto básico en la elaboración de abono orgánico en las casas en las que había ganado, tarea que ha dejado de hacerse, por lo que hoy se puede considerar una planta invasora.

Vimbieira (mimbrera, salix viminalis). Árbol (más bien, un arbusto) muy característico que se encuentra a los lados de los regatos o en los prados, fácilmente identificable por el color amarillo de sus ramas (“vimbios”) muy flexibles, usadas para atar desde los haces de hierba hasta las cepas. Hay quien hizo un uso “pedagógico” de ellos.

Xesta (retama, cytisus scoparius). Arbusto muy ramificado de ramas delgadas, siendo muy vistoso cuando está en floración, por su intenso color amarillo. Son tóxicas para el ganado. Con sus ramas se hacían escobas y era muy apreciada para encender el fuego.

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Nota. El autor agradece a Gonzalo Outumuro, Tino Outumuro y Manolo Outumuro las sugerencias aportadas a la versión final de este artículo.


Referencias

Lorenzo Fernández, S. (2018). A vida nos ríos galegos. Recuperado de http://www.rios-galegos.com/ el 24 de junio de 2018.

Fotografías:

Webs

E43. Parderrubias en los años 60, 70 y 80: un análisis sociodemográfico. Por Juan Carlos Sierra Freire

E43. Parderrubias en los años 60, 70 y 80: un análisis sociodemográfico. Por Juan Carlos Sierra Freire

El período comprendido entre los años 1960 y 1990 se ha caracterizado por continuos e intensos cambios en el seno de la sociedad española, alcanzando su cenit en el paso de la dictadura de casi cuarenta años a la democracia que actualmente disfrutamos. En los años sesenta, el régimen franquista trataba de hacerse un lavado de cara asociado a una evolución positiva de la economía, pero a todas luces insuficiente, pues no existía libertad democrática alguna. En esa década y en los primeros años setenta se experimentó un significativo desarrollo económico en la sociedad española, que dio lugar por primera vez a la existencia de una clase media con cierto poder adquisitivo. El salario medio en España en el año 1975 era de 22.000 pesetas aproximadamente (132 euros), un litro de gasolina costaba 24 pesetas, un periódico ocho y una cerveza diez.

En Galicia, en la década de los sesenta se originó un movimiento obrero que constituiría uno de los elementos más importantes de desgaste del régimen franquista, vinculándose a empresas como Astano, Bazán, Barreras, Vulcano, Endesa o Citroën. En 1968 la Universidad de Santiago de Compostela mantenía una larga huelga exigiendo el final de la dictadura. Una parte del clero comenzaba a cambiar su mentalidad, pues muchos curas iban a estudiar a Roma, trayendo ideas nuevas y aperturistas. Buen ejemplo de este aperturismo fueron los párrocos que pasaron por Parderrubias en esa época (e.g., Don José Manuel Fernández Rúas). No obstante, esta entrada de aire fresco no estuvo exenta de choques frontales con las altas jerarquías eclesiásticas. La polémica creada por el Obispo Temiño Saiz al separar la celebración religiosa de la profana en las festividades de la provincia de Ourense constituye un buen ejemplo de ello.

El 15 de junio de 1977 se celebraban las primeras elecciones generales al Congreso de Diputados desde la época de la República, produciéndose una clara victoria de la Unión de Centro Democrático (UCD) de Adolfo Suárez, cuya descomposición progresiva conducirá a la histórica victoria del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en el año 1982. Los cinco diputados elegidos en Ourense en esas primeras elecciones fueron Pío Cabanillas Gallas, Eulogio Gómez Franqueira, José Antonio Trillo Torres y Estanislao Reverter Sequeiros por UCD, y Miguel Riestra Paris por Alianza Popular (AP). Lo más parecido a unas elecciones que conocían muchos españoles hasta esa fecha eran los simulacros que organizaba el Régimen para elegir Procuradores a Cortes, como el del 10 de octubre de 1967, o las Elecciones Municipales que se celebraban cada tres años (las últimas, el 13 de noviembre de 1973), en las que la democracia brillaba por su ausencia.

El 4 de diciembre de 1977 los gallegos salían a las calles reclamando un estatuto para Galicia. La autonomía que los gallegos habíamos casi acariciado en el año 1936, y que fue truncada por la Guerra Civil, iniciaba al fin su proceso de hacerse realidad. El 18 de abril de 1978 se constituye la Xunta de Galicia, cuyo primer Presidente fue Antonio Rosón Pérez de UCD. El 28 de abril de 1981 nuestro Estatuto aparecía publicado por fin en el Boletín Oficial del Estado y en octubre de ese año se celebraban las primeras elecciones al Parlamento Gallego, con las que llegó Fernández Albor a la Presidencia, al que acabó sustituyendo Fernández Laxe y a este, Fraga Iribarne.

El Pueblo Gallego_1enero1960
Portada del diario El Pueblo Gallego del 1 de enero de 1960.
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Sección Orense del diario El Pueblo Gallego del 30 de diciembre de 1970.

Al tiempo que los devenires sociopolíticos seguían su inapelable curso, la juventud se divertía en los famosos guateques en los que sonaban Los Diablos, Los Sirex o Fórmula V, entre otros, y se escuchaba a Miguel Ríos con su “Vuelvo a Granada” cantando a aquel tren que siempre iba muy despacio, pero con tiempo suficiente para llegar, y en el que dos décadas más tarde (¡quién iba a pensarlo!) me tocaría subir… también para volver, aunque eso sí, menos de lo que uno quisiera. Los nostálgicos también recordarán las fiestas de Ourense del año 1970 cuando los ourensanos abarrotaron el Jardín do Posío para ver a un Julio Iglesias que iniciaba su fulgurante carrera artística. Mientras tanto, Parderrubias seguía su propio rumbo, el de una sociedad rural, en el que las familias luchaban por proporcionar el mejor futuro posible a sus hijos, no importándoles tener que recurrir a la emigración si así lo exigían las necesidades. En los años sesenta y setenta, familias y vecinos de la Parroquia tuvieron que buscar un mejor porvenir en otras provincias (Barcelona, Madrid, Guipúzcoa, Álava, etc.) o en otros países europeos (Suiza, Francia, Luxemburgo, etc.) que disfrutaban de un mayor desarrollo económico.

A partir de la información publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) vamos a tratar de proporcionar unas pinceladas de la realidad social de Parderrubias, mostrando su evolución con datos de los años 1965, 1975 y 1986, relativos a la población incluida en los censos electorales. En el año 1965 estaban censados únicamente los residentes mayores de 21 años, pues la mayoría de edad a los 18 años no entraría en vigor hasta el 17 de noviembre de 1978. En 1975 ya se incluyen residentes de 17 a 20 años. Y, finalmente, en el censo de 1986 aparecen residentes de 16 años de edad en adelante. Analizaremos la evolución de la población incluida en estos censos, las profesiones, el nivel educativo y los apellidos. Todo ello nos dará una imagen del Parderrubias de aquella época. En la siguiente presentación se recogen algunas escenas de esos años en Parderrubias:

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Evolución de la población censada desde 1965 a 1986

En el año 1970, Ourense retrocedía su población a niveles de 1920 (Barreiro Fernández, 1991), por lo que presuponemos que en Parderrubias habrá sucedido algo parecido. Según el censo de población y de viviendas de 1960, publicado por el Instituto Nacional de Estadística, la población de derecho, o residentes, del municipio de A Merca era en ese año de 5.266 personas, pasando a 5.268 en 1970. Si hacemos caso a los censos electorales, en la Parroquia de Parderrubias no se evidencia tal estabilidad en la población, pues del censo del año 1965 con 290 personas, de 21 años de edad o más, pasamos a 289 censadas en 1975, incluyendo a residentes de 18, 19 y 20 años. El descenso será más pronunciado desde 1975 a 1986, al llegar únicamente a 255 censados en este último año, estando  también incluidas en esa cifra las personas de 16 y 17 años de edad. Tal como se puede observar en la Figura 1, el descenso se produce básicamente entre la población masculina, no tanto entre la femenina.

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Figura 1. Evolución del número de personas censadas en Parderrubias.

Actividad profesional en los años 1965 y 1975

Galicia fue, lo sigue siendo, eminentemente rural. En el año 1960 la población rural de la provincia de Ourense suponía el 86,5% del total (Barreiro Fernández, 1991). Parderrubias constituía un vivo ejemplo de esa realidad. En el año 1965, el 89% de las personas censadas tenían la profesión de labrador. El 11% restante se distribuía entre estudiantes, peones, carpinteros, industriales, sacerdotes y empleados, a los que hay que sumar un camarero, un cartero, un capataz de Obras Públicas, un chófer, un maestro, un músico y un tratante. Diez años después, en 1975, la realidad seguía siendo prácticamente igual, con un 87% de la población dedicada a las labores de labranza, distribuyéndose el 13% restante entre estudiantes, chóferes, pintores, camineros, enfermeras, maestros, a los que se sumaban un albañil, un carpintero, un empleado, un capataz de Obras Públicas y un Funcionario. Podemos apreciar como el oficio de carpintero, que tanto arraigo había tenido a lo largo de la historia de Parderrubias (véase Los carpinteros de Parderrubias), iniciaba su decadencia. En las Figuras 2 y 3 se muestra la distribución de las profesiones existentes en Parderrubias en los años 1965 y 1975, respectivamente.

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Figura 2. Distribución de las profesiones en el año 1965.
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Figura 3. Distribución de las profesiones en el año 1975.

Evolución del nivel educativo de la población

En 1960 la tasa de analfabetismo en España rondaba el 14% (9% en hombres y 18% en mujeres), descendiendo al 9% en 1970 y al 6% en 1981 (De Gabriel, 1987). En Parderrubias, las tasas se situaban significativamente por debajo de esas cifras, evidenciándose eso sí una gran diferencia entre hombres y mujeres, especialmente en el año 1965, en el que nos encontramos con un 19,23% de mujeres que no sabían leer ni escribir por solo un 1,49% de hombres (Figuras 4 y 5). Tal como ya afirmamos en otra ocasión (véase Parderrubias rinde homenaje a Don Isolino Camba Casas, “O Señor Maestro”), la labor del maestro don Isolino Camba Casas tuvo mucho que ver con este hecho. La razón de que Parderrubias se situase en esa época cinco puntos por debajo de la media nacional en analfabetismo se lo debemos en gran medida a don Isolino (el lector interesado en su figura puede consultar Don Isolino Camba Casas (1913-2001)).

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Figura 4. Evolución del porcentaje de analfabetismo por sexo.
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Figura 5. Evolución de la tasa de analfabetismo en Parderrubias y en España.

Tal como se puede observar en la Figura 6, en el año 1986 únicamente aparecen censadas en Parderrubias tres personas que no sabían leer ni escribir (es decir, un 1% de la población), aunque una gran mayoría de la misma (76%), aun estando alfabetizada, carecía de estudios. El 11% tenía estudios primarios, el 5% estudios secundarios y un 7% estudios universitarios (en su mayoría estudios de Magisterio). En España, en los años sesenta el porcentaje de hijos de agricultores que llegaban a cursar estudios superiores rondaba el 5% (algunas estadísticas lo sitúan en un 0,2%). Sin embargo, un 32% de los alumnos que pasaron por las aulas de la Escuela de Parderrubias entre los años cincuenta y ochenta terminaron cursando estudios superiores. En una sociedad eminentemente rural, como lo era la de Parderrubias en esa época, el hecho de que uno de cada tres estudiantes alcanzase el nivel educativo más alto es algo a destacar.

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Figura 6. Distribución de los niveles educativos en el año 1986.

Evolución de apellidos: 1965, 1975 y 1986

Establecer el número de apellidos en la dilatada historia de Parderrubias es una tarea probablemente imposible. El lector puede encontrar un listado incompleto de ellos en Onomástica: nombres, apellidos y familias. Si nos basamos en los censos electorales de 1965, 1975 y 1986 encontramos 29 primeros apellidos que están presentes a lo largo de esas tres décadas. Son, por orden alfabético, Atrio, Camba, Canal, Casas, Conde, Delgado, Díaz, Fernández, Freire, Garrido, González, Grande, Gulín, Iglesias, Justo, Lorenzo, Martínez, Outumuro, Pascual, Pazos, Pérez, Quintas, Rodríguez, Sampedro, Seara, Sierra, Suárez, Sueiro y Vieira.

Si observamos la Figura 7, que recoge la evolución temporal de esos primeros apellidos, podemos extraer algunas conclusiones. Lo primero que llama la atención son los cuatro apellidos más frecuentes: Grande, Outumuro, Seara y Fernández; a estos siguen, por este orden, Lorenzo, Sierra, Rodríguez, González y Garrido. La segunda cuestión relevante es que la evolución a lo largo de esos treinta años difiere significativamente de unos a otros. El apellido Outumuro no solo destaca por el número de personas que lo llevan, sino también por ser el único (junto con Atrio) que experimenta un incremento década tras década: 35 en 1965, 39 en 1975 y 45 en 1986. El resto de apellidos, como consecuencia del descenso demográfico progresivo que padece Parderrubias, sufren una involución, destacando por orden de la magnitud del retroceso (entre nueve y seis personas) cinco de ellos: Fernández, Seara, Sierra, Grande y Pazos.

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Figura 7. Evolución del primer apellido a través de los censos de los años 1965, 1975 y 1986.

La mayoría de estos apellidos forman parte de la historia de Parderrubias y su documentación se remonta a los primeros registros parroquiales del siglo XVI, aunque cabe pensar que sus orígenes se sitúen mucho más atrás, concretamente en los siglos XI-XII cuando se empieza a extender el uso de los apellidos en España. En unos casos, se trata de apellidos patronímicos, pues surgen de añadir al nombre del padre el sufijo “ez” (e.g., Fernández, de Fernando; González, de Gonzalo; Martínez, de Martín; o Rodríguez, de Rodrigo). En otros casos, son apellidos toponímicos (e.g., de la Iglesia, de Outumuro, da Seara, da Serra, etc., en los que con el paso del tiempo desaparece la “de” para convertirse en Iglesias, Outumuro, Seara o Sierra). Un ejemplo es el apellido Outumuro, que ya aparece en el registro de una boda celebrada en Parderrubias en el año 1566:

“Año 1566. Domingo treze de enero case a Alonso Ferro vecino de Gimzo con Ynes Doytomuro, hija de Margarida Doytomuro vecina de Santa Olaya de Parderrubias”.

Otro ejemplo es el apellido Sierra, que podemos encontrar con fecha de 19 de diciembre de 1732 en los libros parroquiales de Parderrubias, en referencia a Francisco da Sierra (mi sexta generación de abuelos) y a su hijo Antonio (quinta generación de mis abuelos).

En diez y nueve de diciembre de mil setecientos treinta y dos falleció de esta presente vida Cecilia de Outumuro viuda de Francisco da Sierra, recibió todos los Santos Sacramentos y dejó dicho le ofrecieran por su alma cincuenta misas inclusas las Cantadas de sus tres actos y la limosna acostumbrada, y por su cumplidor dejó a su hijo Antonio da Sierra. Y se le dio sepultura al otro día de su fallecimiento en la Parroquia de Santa Eulalia de Parderrubias, de donde era feligresa”.

Conclusiones

Este breve análisis realizado de la población, las actividades profesionales, el nivel educativo y los apellidos de Parderrubias a lo largo de los años 60, 70 y 80 permite hacernos una pequeña idea de aquel pueblo que nos vio nacer, crecer y madurar en una época en la que nos creímos que “no se podía separar la paz de la libertad, porque nadie puede estar en paz, a no ser que tenga libertad”.


Referencias

Barreiro Fernández, X. R. (1991). La sociedad gallega contemporánea. Tradición y modernidad (Vol. 5). En F. Rodriguez Iglesias (Ed.), Galicia Historia. A Coruña: Hércules de Ediciones.

De Gabriel, N. (1987). Alfabetización, semialfabetización y analfabetismo en España (1860-1991). Revista Complutenses de Educación, 8, 199-231.


Nota: el autor muestra su agradecimiento a José Luis Camba Seara por la información proporcionada para la elaboración de este artículo.

E42. DON JOSÉ RODRÍGUEZ PORTELA, “O CÓ” (1895-1972). Por Juan Carlos Sierra Freire y José Luis Fernández Seara

E42. DON JOSÉ RODRÍGUEZ PORTELA, “O CÓ” (1895-1972). Por Juan Carlos Sierra Freire y José Luis Fernández Seara

Ha sido el Maestro artífice de la transición de los niños de la Guerra y la Posguerra a los éxitos de los escolares de las siguientes décadas”

 

La persona

Don José Rodríguez Portela fue el maestro de los niños de Parderrubias durante una de las épocas más duras y complicadas del siglo XX, marcada por las necesidades y las carencias: la Guerra Civil (véase Parderrubias: sus “Niños de la Guerra”) y la Posguerra (véase Aquel Parderrubias de la Posguerra).

Nace en el año 1895 en la Parroquia de San Pedro de Solbeira da Limia, perteneciente al actual Concello de Xinzo da Limia. En su pueblo era conocido como “Os Coiros” y ya siendo Maestro de Parderrubias como “O Có”, apodo derivado posiblemente del diminutivo “codelo/a” (término en gallego que significa trozo de pan pequeño con corteza), que solía llevar habitualmente en el bolsillo delantero de la chaqueta o, lo más probable, debido al uso frecuente que hacía de la muletilla “có”.

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Casa natal de Solbeira
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Iglesia Parroquial de Solbeira

Don José estudia en la Escola Vella de su pueblo natal hasta los 16 años. Posteriormente, inicia los estudios de Magisterio en la Escuela Normal de Maestros de Ourense, a donde se traslada caminando todas las semanas desde Solbeira, regresando los viernes a su casa de la misma manera.

Termina sus estudios “bajo la dirección del culto y digno profesorado” (La Zarpa, 26 de mayo de 1922) de dicha Escuela en el año 1922. En 1927 es nombrado Maestro Interino en Villarino (Sandiás). Tuvo dificultades para aprobar la oposición, no por falta de valía académica, sino más bien por su ideología no afín a la República y por la despreocupación en su cuidado personal. Así, en el año 1931 solo supera uno de los dos ejercicios de la oposición celebrada en Madrid y vuelve a ser nombrado interino, en esta ocasión, temporalmente, en San Pedro de Laroá (Xinzo de Limia); en el año anterior había ejercido en Chamusiños (Trasmirás). Con el fin de corregir estos sesgos injustos en las oposiciones, se implantó un sistema de examen anónimo que permitió a Don José sacar la oposición sin mayor dificultad.

En el año 1932 ejerce ya de Maestro de la Escuela de Niños de Parderrubias:

Sección Administrativa de Primera Enseñanza de la provincia de Orense-Diligencia: Se hace constar por la presente que el Maestro de la Escuela Nacional de Parderrubias en el Ayuntamiento de La Merca Don José Rodríguez Portela número 903 de la segunda lista de Opositores de 1928, ha cumplido con las pruebas reglamentarias a que estaba sometido y según consta en certificación expedida por la Comisión Visitadora con fecha 30 de septiembre de mil nove cientos treinta y dos el mentado Maestro ha demostrado su suficiencia pedagógica y cultural en las enseñanzas de las materias que abarca el plan de estudios de las escuelas primarias, por lo que procede sea alta en el Escalafón del Magisterio“.

Una década después, en el año 1942, es confirmado como Maestro de la  Escuela de Niños de Parderrubias (La Región, 16 de enero de 1942). Permanecerá en Parderrubias hasta el año 1955 (véase Nuestra Escuela de Parderrubias), al ser relevado por Don José Martínez Sousa, pasando a ser titular de la Escuela de Piñor (Concello de Barbadás). Estuvo, por tanto, al frente de la Escuela de Parderrubias durante 23 años.

Junta Local de Primera Enseñanza del Ayuntamiento de La Merca. Certifico: Que en el día de la fecha, cesa en el cargo de Maestro Propietario de la Escuela Nacional de Parderrubias, Don José Rodríguez Portela, en virtud del concurso de traslado, por haber sido nombrado para Piñor en el Ayuntamiento de Barbadanes. Y para que conste extiendo la presente en La Merca a treinta y uno de agosto de mil novecientos cincuenta y cinco“.

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Recién llegado a Parderrubias, el Maestro “Có” reside en O Outeiro, en donde entabla buena amistad con el señor Eleuterio, y con la Señora Amalia y su hija Flora, alojándose en la casa de la Tía Merenciana, la cual vivía con su hijo que ejercía de médico en el pueblo vecino de A Venda-Soutopenedo. Con el tiempo esta casa sería adquirida por la Señora Pepa y el Señor Gumersindo; todavía hoy se puede observar su largo corredor. Con posterioridad, muda su residencia al lugar de A Manadela, en el pueblo de A Iglesia. Aquí se aloja en una casa más pequeña, construcción típica de Parderrubias, propiedad de la Señora Josefa Seara, a quien paga una pequeña renta. Esta casa tiene la peculiaridad de compartir las escaleras con la colindante, algo habitual en muchas de las edificaciones antiguas de nuestro pueblo. En la actualidad, esta casa pertenece a la familia de Gonzalo Outumuro y Consuelo Rodríguez. Aquí en A Iglesia era habitual verlo compartir el tiempo, y la mesa en ocasiones, con el Señor Francisco (O Carapucho).

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Casa de O Outeiro en la que residió inicialmente Don José Rodríguez Portela
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Casa de A Manadela (en A Iglesia)  en la que vivió Don José Rodríguez Portela
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Ventana de la casa de A Manadela (en A Iglesia) desde la que se divisa O Outeiro

Su medio de transporte habitual en Parderrubias era su bicicleta, una de las primeras que se dejaron ver por el pueblo. En ella se acercaba a Ourense, a su pueblo natal y, en ocasiones, a la propia escuela de O Trabazo. Se dice que los habituales pinchazos, consecuencia de las pésimas condiciones de los caminos de esa época, los solventaba atando un trapo a la llanta y sujetándolo con firmeza a los radios de la rueda.

Entre sus actividades preferidas destacaba la de recolectar setas en las fincas cercanas, para lo cual madrugaba. Las consideraba un manjar. En la época de las cerezas era habitual encontrarlo comiéndolas con un trozo de pan a la sombra de los cerezos que Os Escultores tenían enfrente de la casa. Fue también el primer vecino de Parderrubias en disponer de una máquina para picar la carne, herramienta tan útil en la época de las matanzas y que prestaba desinteresadamente a los vecinos que la necesitaban. El Maestro “O Có” en los duros inviernos de nuestro pueblo usaba habitualmente una capa. Se dice que era la misma que había vestido el día de su graduación como maestro.

A la edad de 65 años, después de ejercer como maestro más de cuarenta, se jubila, pasando sus años de retiro en el barrio ourensano de Mariñamansa. Ya, a una edad avanzada, a los 72 años, el 13 de septiembre de 1967 se casa en la iglesia de San Miguel de Soutopenedo con Dorinda Pascual Grande natural de Montelongo. Durante la larga etapa de noviazgo, Dorinda tomaba todos los domingos el coche de línea en As Campinas para visitar a Don José en Ourense. Cabe reseñar la anécdota de que el día de la boda se olvidaron las alianzas, teniendo que pedirlas prestadas para salir del paso. Fallece el 21 de marzo de 1972 a los 77 años de edad, siendo sepultado en el cementerio parroquial de San Miguel de Soutopenedo.

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Sepultura de Don José Rodríguez Portela

El Maestro

Fueron muchos, y prácticamente imposible de cuantificar, los alumnos que pasaron por  la escuela de Parderrubias con Don José Rodríguez Portela, “O Có”. Por citar algunos de ellos: Alfredo Fernández, Benigno Fernández, Fino Fernández, José Fernández, José Luis Fernández, Jaime Freire, José Germán Freire, Juan Freire, Bautista Garrido, Aurelio González, Alfonso Grande, Celso Grande, Claudino Grande, Delmiro Grande, Isidro Grande, Jaime Grande, José Grande, Manuel Grande, Modesto Grande, Serafín Grande, Sergio Grande, Manuel Gulín, José Iglesias, Antonio Lorenzo, José Lorenzo, Manuel Lorenzo, Manuel Lorenzo (hijo de Soledad), Nicanor Lorenzo, Celso Martínez, Adolfo Outumuro, Benito Outumuro, Isolino Outumuro, José Outumuro, Joaquín Pazos, Raúl Pazos, Fernando Pérez, Ramón Quintas, Eliseo Rodríguez, Manuel Rodríguez, Fernando Sampedro, José Seara, Valentín Seara, Avelino Sierra, Benigno Sierra, César Sierra, José Sierra, Manuel Sierra, Paulino Sierra, Serafín Sierra, Benito Suárez, Manuel Suárez, Adolfo Sueiro, etc.

[NOTA: si algún lector fue alumno o conoce a alumnos de Don José Rodríguez Portela en Parderrubias, puede contactar con los autores del artículo con el fin de incluir sus nombres en esta lista].

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Escuela de Parderrubias

Sus ex-alumnos, desde la perspectiva que da el paso del tiempo, describen al Maestro “Có” como un hombre sencillo, muy buena persona (un bonachón), afable, muy inteligente, pero con escasa autoridad para imponer la disciplina en el aula. A ello se unía su despreocupación por el cuidado personal. Una de las consecuencias de esa falta de autoridad entre su alumnado, debida en gran parte a su carácter de bonachón, es que en ocasiones era objeto de abusos y mofas por parte de sus propios pupilos, incluso de estudiantes de Magisterio que venían hacer sus prácticas a la Escuela de Parderrubias. El caso de los caramelos laxantes ofrecidos por estos aprendices de maestro constituye un buen ejemplo de ello.

Su método de enseñanza era integral, ameno, pero a su vez desorganizado y falto de disciplina. A pesar de ello, fue el impulsor del desarrollo personal de varias generaciones y, entre otras virtudes, supo transmitir el respeto hacia los mayores. Fue capaz de incentivar el interés  por la lectura, los números y  los conocimientos sobre el universo. Su mayor obsesión era la caligrafía: que sus pupilos escribiesen bien. Todos sus alumnos procedían del campo, hijos de labradores, muchos de los cuales mostraban mayor interés por el “sacho” y el arado que por los libros. Pero a pesar de todo ello, consiguió alfabetizar a todos y supo despertar las capacidades de algunos, que con el paso del tiempo llegaron a docentes o curas. Por la noche enseñaba a leer y a escribir a personas mayores analfabetas, y capacitaba en dichas aptitudes a aspirantes a la Guardia Civil, que acudían a él desde pueblos cercanos.

Se le critica el hecho de que prestase más atención a aquellos escolares que mostraban mejores aptitudes y/o actitudes, manifestando menor interés por los menos motivados por formarse. Esta crítica debe entenderse en el contexto que le tocó vivir. Sin duda, eran tiempos muy difíciles, en los que en muchos de los casos, las necesidades básicas estaban por encima de la educación y la cultura. En ese contexto de la posguerra, la máxima de que “la letra con sangre entra” estaba asumida por docentes, alumnos y padres. En una ocasión, reprendiendo de forma enérgica y efusiva a uno de sus alumnos que no terminaba de integrar los conocimientos de ese día,  llegó a fracturarse un brazo al golpear la mesa por no acertar con el pupilo, pues éste se apartó mostrando unos excelentes reflejos. Previsiblemente, ese brazo maltrecho fuese “compuesto” por la Señora Luzdivina de O Alcouzo.

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Texto de El Primer Manuscrito

Las inspecciones a las que eran sometidos los maestros de la época, anualmente, recogen recomendaciones a Don José Rodríguez Portela con el fin de mejorar la calidad docente, Así, el informe firmado el 20 de enero de 1947 por la Inspectora indica expresamente:

Al profesor que dirige esta Escuela, Don José Rodríguez, se le recomienda la adquisición de libros de lectura que reúnan las condiciones pedagógicas a que se ha hecho mención, con el objeto de que posea instrumentos de enseñanza adecuados y con ayuda de los cuales pueda conseguir que los niños, a él confiados, lleguen a leer con inteligencia y corrección. No olvidará el Profesor que el comentario del texto leído, la explicación del significado de las palabras desconocidas a los escolares juntamente con lecturas modelo que ha de ofrecerles, serán los recursos a utilizar a aquel fin y en cuya utilización el factor constancia juega decisivo papel”.

En abril del siguiente año, en 1948, se elogiaban los avances del Maestro:

El Señor Portela se ha preocupado de poner en práctica las orientaciones dadas por la Inspección en la reunión pedagógica celebrada al efecto en los comienzos del presente curso escolar. En donde se aprecian los mayores éxitos del Sr. Portela es en su preocupación por ajustarse en su hacer escolar a las directrices señaladas en la enseñanza de la geografía nacional, materia en la que los escolares han demostrado poseer conocimientos correspondientes a su edad”.

Sin embargo, este mismo informe, una vez destacados los aspectos positivos, vuelve a recordar la necesidad de la adquisición de libros de texto:

Procede ahora que el Profesor amplíe el margen de sus actividades docentes dedicando sus afanes a procurar a sus alumnos una completa instrucción en cuya tarea ha de auxiliarle el uso discreto de libros de texto que deberá poseer la escuela por los medios sugeridos”.

E incide en la cuestión disciplinar:

La trascendencia de buenos hábitos disciplinarios aconseja se preste el mayor celo para su formación y desarrollo, por lo que el Sr. Portela no descuidará este aspecto de la educación infantil”.

La Inspección del 19 de octubre de 1949 hace recomendaciones muy concretas sobre hábitos que debían mejorar:

Después de comprobar el estado en que se haya la enseñanza en esta Escuela Nacional de Niños de Parderrubias y visto su marcha general se ha recomendado al Sr. Portela, que continúa siendo su maestro propietario, conceda una mayor importancia al trabajo personal de los escolares en relación con los temas que diariamente son objeto de sus explicaciones, ejercitando a los niños en la tarea de resumir lo estudiado con el Profesor, aplicar a casos concretos la doctrina expuesta, en hacer composiciones escritas, etc. Todos estos trabajos con la fecha correspondiente se conservarán en los cuadernos de clase. Parderrubias. 19-10-1949. La Inspectora”.

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Informe año 1949

En julio de 1950, el Informe de Inspección alude, entre otras cuestiones, a la disciplina escolar:

“…su labor se desenvuelve de una manera normal en cuanto a la marcha de las clases. Pero resulta menos eficaz la tarea si se mira al esfuerzo del profesor por llevarla a cabo debido, tal vez, a la benevolencia y tolerancia que suele tener con respecto a los trabajos de los escolares, cuya ejecución obedece en parte al capricho en los dibujos a falta de disciplina en la conducta escolar de los alumnos. Conviene vigilar estos trabajos y exigir pulcritud y esmero en su ejecución para que resulten educativos y al  propio tiempo den una idea más adecuada de la finalidad que con ellos se persiguen. También interesa hacer ejercicios frecuentes de cálculo mental con aplicación de las operaciones fundamentales de la aritmética a la resolución de sencillos problemas con  números enteros y decimales, y ejercicios de redacción sobre temas estudiados o lecturas comentadas en la escuela…”.

Años después, en 1954, el Inspector redacta el correspondiente informe anual en el que se deja entrever el estado en el que se encontraba la Escuela de Parderrubias en esos momentos:

“…el Sr. Maestro Don José Rodríguez Portela es sin duda bien intencionado, pero no tiene suficiente constancia ni da orden ni pleno sentido a las actividades escolares. Es urgente y fundamental que la escuela esté limpia y los libros y enseres ordenados, pulcros,… Es también urgente reponer libros y mapas. Hay insuficientes y en parte inadecuados. Hay que enseñar todas las materias del programa, sin excepción alguna. Conviene hacer práctica la enseñanza,… Que el maestro tenga en cuenta las normas dadas por la Inspección. Esta Escuela deberá salir del estado de evidente postración en el que se haya. El Sr. Rodríguez Portela se ha dejado ganar por la rutina y es preciso que deje entrar aires de renovación en sus actividades. Parderrubias, 12 de febrero de 1954. El Inspector”.

Juegos y anécdotas escolares

Entre los juegos escolares típicos de esa época, en los que participaba el propio maestro de forma activa con sus alumnos, destacaba “a cadea”. Se formaba una cadena humana que se desplazaba veloz para apresar a alguien. El que rompía la cadena tenía que echar a correr, pues el resto de participantes acabarían aporreándole y golpeándole por su torpeza, siendo el objetivo prioritario en muchas ocasiones el propio Maestro, mientras éste gritaba “así no, có, así nooo”. Otro juego en el que participaba el Maestro era la “porqueira”, que consistía en introducir, mediante un palo, una piña en un agujero hecho en la tierra. Todos estos juegos terminaban con los alumnos embarrados en los múltiples charcos y lodazales que había alrededor de la Escuela de O Trabazo. Antes de entrar de nuevo al aula, la limpieza se limitaba a enjuagarse en una poza cercana que había y sacudirse el barro con las propias manos. Cabe destacar también, como estampa que recuerda alguno de sus pupilos, las ocasionales peleas a pedradas entre los alumnos de un pueblo y otro, antes de entrar al aula, mientras el Maestro abría paso con una vara con el fin de poder cruzar el umbral de la puerta de la escuela.

Las anécdotas cotidianas en la escuela del maestro “Có” son innumerables. A modo de ejemplo, destacamos la predicción que llegó a hacer sobre la preñez de un burro macho, ocurrencia que fue objeto de mofas y risas; el llevar en comitiva la bandera de la escuela hasta el río; el ir los alumnos mayores a buscar agua a la Fonte do Cano y ya no regresar; el esconderse los estudiantes en el suelo mientras explicaba las lecciones de Gramática, Aritmética o la Sagrada Escritura; el adelantar la hora de salida debido a que Aurelio González, aprovechando cualquier descuido del Maestro, avanzaba una hora las agujas del reloj; etc. También era motivo de risas y jolgorio dentro de la escuela, el hecho de que el Maestro saliese a orinar fuera, junto a las ventanas, para de esta manera seguir vigilando a los escolares dentro del aula.

Conclusiones

En definitiva, Don José Rodríguez Portela, “O Có”, es un personaje del que la mayoría  de vecinos de Parderrubias hemos oído hablar y al que nuestros mayores aluden en muchas de sus conversaciones. “O Có” fue un buen maestro que pasó por nuestro pueblo, Parderrubias, al que en muchas ocasiones las circunstancias le superaron debido a su falta de autoridad y al duro período de la posguerra que le tocó vivir entre nosotros.

A pesar de todas las limitaciones y dificultades señaladas, alfabetizó a varias generaciones de Parderrubias, muchos de cuyos integrantes estaban más interesados en ayudar a sus familias en las tareas agrícolas que en los libros. Sin duda alguna, su labor en nuestro pueblo da derecho a Don José Rodríguez Portela, “O Có”, a gozar de un hueco en la historia de Parderrubias y a formar parte del grupo de Personas Relevantes.

Don José Rodríguez Portela, “O Có”, ha sido el Maestro de Parderrubias artífice de la transición de los niños de  la Guerra y la Posguerra a los éxitos de los escolares de las siguientes décadas.


Nota. Los autores mostramos nuestro agradecimiento a todas aquellas personas que nos han proporcionado la información que nos ha permitido hilvanar este artículo.

 

 

 

 

 

E41. Parderrubias rinde homenaje a Don Isolino Camba Casas, “O Señor Maestro”. Por Juan Carlos Sierra Freire

E41. Parderrubias rinde homenaje a Don Isolino Camba Casas, “O Señor Maestro”. Por Juan Carlos Sierra Freire

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Cartel anunciador

Durante la Semana Santa del año 2017, del 9 al 16 de abril, tuvo lugar en Parderrubias una serie de actos en memoria de Don Isolino Camba Casas (1913-2001), “O Señor Maestro” [Véase Don Isolino Camba Casas], quien ejerció la labor docente en nuestra escuela desde 1958 hasta 1980 [Véase Nuestra Escuela de Parderrubias].

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Comité Organizador

Esta semana de actividades en su memoria se inició el Domingo de Ramos con la inauguración de una exposición de fotografías y documentos relacionados con el legado de Don Isolino, así como de una recreación de la escuela de los años sesenta con numerosos objetos, enseres y materiales escolares de esa época. Una gran afluencia de vecinos se dio cita ese día en el Local Social para disfrutar de la exposición, y degustar dulces, licor café y refrescos.

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Recreación Escuela de los años sesenta
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Exposición fotográfica

El acto más significativo se llevó a cabo en la tarde del Jueves Santo. A la salida de misa, una importante comitiva presidida por el párroco Don José Luis Forneiro Arce se dirigió hasta la sepultura familiar de Don Isolino, en donde sus nietos depositaron un ramo de flores y se rezó un responso por él y sus familiares difuntos, así como por sus nueve alumnos de Parderrubias ya fallecidos. A continuación se dio paso al acto protocolario en el que, con la presencia de numerosos vecinos y familiares, se descubrieron dos placas conmemorativas en memoria de Don Isolino: en una de ellas –descubierta por José Manuel Grande Justo-, el pueblo de Parderrubias reconoce su legado; la segunda placa, destapada por Manuel Pérez Seara, da su nombre al Local Social de Parderrubias, que desde este día pasó a denominarse “Local Social Don Isolino Camba”. Previo al descubrimiento de las placas, tomaron la palabra Tino Outumuro Fernández, Juan Carlos Sierra Freire, Manuel Outumuro Seara y José Luis Camba Seara, cuyos discursos transcribimos más adelante. A continuación, los vecinos asisten delante de la iglesia parroquial a la representación teatral “Risoterapia” por parte del grupo de teatro Faro Miño. La jornada termina con una chocolatada en la que se degustan bicas, rosquillas y licores caseros.

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El Domingo de Pascua, a mediodía, se clausura la Exposición, proyectándose el documento audiovisual “Onde o Mundo se chama Parderrubias”, así como una selección de fotografías del archivo visual “Parderrubias no Tempo”. Se finaliza el acto con una fotografía de los alumnos de Don Isolino presentes a esa hora.

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DISCURSOS PREVIOS AL DESCUBRIMIENTO DE PLACAS

Tino Outumuro Fernández: el por qué, el cómo y el cuándo

“Empezarei dando as grazas ós comuneiros e ós veciños de Parderrubias por permitir pórlle ó Local Social deste pobo o nome de Don Isolino, eu creo que é un xesto que nos honra a todos e que demostra a nosa gratitude. Agora vouvos explicar o que me levou a iniciar este proxecto e para iso contestareivos a varias preguntas: ¿por qué Don Isolino?, ¿por qué o Local Social? e ¿por qué en Semana Santa?

¿Por qué Don Isolino? Eu sempre escoitei falar ben do “Señor Mestro”, xa foran, os que falaban, antigos alumnos ou alumnas dil ou calquera veciño ou veciña. Eu sempre percibín que todos lle tiñan un gran respeto e a su palabra era tida en conta ante calqueira evento que se presentase. Fai uns nove meses, no transcurso dunha conversa, escoiteille a un veciño decir: “Don Isolino fixo moito por este pobo e nunca se lle fixo un homenaxe”, dende ese momento asumín esas verbas coma un reto a levar a cabo.

¿Por qué o Local Social? Pensei en varias maneiras de facer que a persona de Don Isolino quedara para posteridade e, despois de baraxar varias alternativas, cheguei a conclusión que a do Local Social era a que mellor casaba con el.  A min houberame gustado que fora o edificio da antiga escola, pero hoxe é un tanatorio, e igual que a min non me houbera agradado que lle puxeran o meu nome a un tanatorio, tampouco o considerei oportuno para Don Isolino. Todos sabemos que Don Isolino tiña unha doble faceta, a de mestre comprometido e a de veciño volcado co seu pobo. Foi un home que estivo sempre a vangarda de todos os proxetos, actos e decisións que, durante a súa época, tiveron lugar en Parderrubias. Por eso coido que este local social, continuación do antigo Teleclub, lugar este último donde Don Isolino desenrolou a súa faceta como veciño, casa perfectamente ca figura do “Señor Mestro”.

¿Por qué en Semana Santa? Elexir a data foi, de lonxe, o máis complicado, e a solución deuma o propio Don Isolino. Polo mes de outubro do ano pasado acerqueime a súa sepultura e obsevei que a súa data de pasamento foi o 16 de abril de 2001. Mirei a que día caía o seguinte 16 de abril, e resulta que coincidía con Domingo de Pascua. Tamén se da a casualidade que o 20 de abril deste ano, e dicir, dentro de oito días, cúmplense 51 anos da inauguración do antigo Teleclub, que foi o 20 de abril de 1966. O dilema estaba resulto xa tiña unha data para o homenaxe.

Os ingredientes estaban sobre a mesa e só faltaba cociñalos, para eso contei cuns auténticos profesionais, que traballaron e colaboraron en todo tipo de tareas e ós que lles estou moi agradecido, pois sen eles este evento nunca houbera sido posible, e o que empezou sendo un proxecto dun converteuse nun proxecto de moitos.

Dentro dun intre vamos descubrir estas placas, cando se retiren as telas que as cubren, vos só ides ver o nome de Don Isolino, ¿sabedes por qué?, porque case todos vos conocestes a Don Isolino e sabedes quen foi, pero eu dígovos que non só está escrito o seu nome, o que figura aquí é ¡un anaco da nosa historia escrito en pedra! Eu vexo dentro de cen anos, onde hoxe estades vos, a un neno lendo esta placa, e logo le a placa pequena; ese neno, que non sabe quen foi Don Isolino, busca por Internet quen foi ese home, e vaise encontrar cun Blog chamado “A Parroquia de Parderrubias” no que un grupo de veciños deste pobo, cen anos antes, escribiron historias sobre Parderrubias, e entre elas figura a de Don Isolino. Ese neno vaise enterar da vida do noso ilustre veciño, das asignaturas que estudiaban os seus alumnos, do material que tiñan nas clases e ata da lista dos nenos, e pode que incluso, polos apelidos de algún deles, atope a un atepasado seu. Ese neno tamén vai leer as dedicatorias que moitos dos seus alumnos lle adicaron para este acto, e vaise enterar que había un tal Gonzalo que llegustaba subir ás árbores, que os nenos antes de entrar a escola batían os pes contra o muro para quitar o barro, que o leite que daban como complemento tiña grumos e, incluso, que unha vez que houbo un brote de sarampión e os alumnos non puderon ir a escola o mestre foinos visitar polas casas un a un. Por eso crédeme cando vos digo que nestas pedras vai quedar escrito un anaco da nosa historia, cecais a época mais fermosa das nosas vidas”.

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Lectura de los nombres de los alumnos

Juan Carlos Sierra Freire: Don Isolino como Maestro de Parderrubias

“No tuve la oportunidad de participar en el merecido homenaje que Don Isolino recibió en vida allá en el año 1995. Ya pasaron 22 años de aquel emotivo acto y 16 desde su fallecimiento, por lo que la perspectiva temporal ya nos permite juzgar y valorar de manera objetiva su obra en su justa medida. Por tanto, considero que era necesario un reconocimiento y un homenaje al legado que Don Isolino dejó en Parderrubias, y que su nombre quedase asociado para siempre al de nuestro querido pueblo. Por ello pienso que este acto que estamos celebrando esta tarde de Jueves Santo es totalmente justo y merecido. De Don Isolino se pueden decir muchas cosas y, probablemente, todas ellas buenas. Muchos de nosotros tenemos memorias, recuerdos y experiencias personales, algunas de las cuales aparecen recogidas en un emotivo documento que está presente en la Exposición.

Yo quiero centrarme en la figura de Don Isolino como maestro, como docente. Revisando estos días su labor en la Escuela de Parderrubias me encontré con tres datos que dejan bien a las claras su excelente gestión al frente de dicha escuela. En la década de los sesenta, la tasa de analfabetismo en España rondaba el 20%, descendiendo a un 13%, aproximadamente, a principios de los años setenta. En Parderrubias, en el año 1965 el porcentaje de analfabetismo se situaba en un 11%, bajando a un 4% en 1975. Es decir, estábamos diez puntos por debajo en tasa de analfabetismo con respecto al resto del país, y los índices se reducían con el paso del tiempo de manera más marcada que en el resto de territorios. Sin lugar a dudas, Don Isolino tuvo mucho que ver con ello. Los 117 alumnos que aparecen registrados en la Escuela de Parderrubias mientras Don Isolino ejerció de maestro entre 1958 y 1980 fueron alfabetizados, pero este no era el objetivo final del Señor Maestro. Su objetivo era que todos obtuviésemos el Título de Estudios Primarios y que siguiéramos estudiando. Don Isolino alcanzó estos objetivos con éxito. Mientras en España, el 60% de los alumnos que iniciaban los estudios primarios conseguían finalizarlos obteniendo el correspondiente título, en Parderrubias dicho porcentaje se aproximaba al 90%. ¡Treinta puntos por encima del promedio nacional! Pero si cabe, el dato más llamativo tiene que ver con el número de alumnos que cursaron estudios superiores. Los censos electorales de la Parroquia de Parderrubias de los años 1965 y 1975 indican que el 90% de los vecinos censados eran agricultores. En España, en los años sesenta el porcentaje de hijos de agricultores que llegaban a cursar estudios superiores no alcanzaba el 5% (hay estadísticas que lo sitúan en un 0,2%). El 57% de los alumnos de Don Isolino de los años sesenta llegaron a cursar estudios superiores. Si promediamos todos los años durante los cuales Don Isolino fue maestro en Parderrubias nos encontramos que un 32% de sus alumnos cursaron Enseñanza Superior. Este hecho tan significativo, y no menos sorprendente, se debe en parte a los esfuerzos de nuestros padres, pero el gran responsable de ello, sin lugar a dudas, es Don Isolino que nos inculcó como nadie la importancia y la necesidad de estudiar.

Bien, pero como no hay maestro sin alumnos, quiero tener un recuerdo también para esos 117 alumnos de Don Isolino que quedaron registrados, aunque hubo más, debido a que había niños que acudían a la escuela siendo parvulitos, no pudiendo ser registrados por no tener todavía los seis años de edad. Este hecho fue algo habitual en Parderrubias. Los niños queriamos ir a la escuela de Don Isolino antes de cumplir la edad oficial para poder hacerlo. Obviamente es imposible que todos esos alumnos estuviésemos esta tarde aquí. De hecho acabamos de recordar en el cementerio a nueve de ellos que desdichadamemente ya no se encuentran entre nosotros –me refiero a Aurelio González Fernández, José Fernández Santos, Fernando Pérez Fernández, Manuel Lorenzo González, Adolfo Grande Justo, José Fernández Feijoo, Celso Sueiro Domínguez, Manuel Atrio Conde y José Nanín Delgado-. Pero, aunque no estemos todos ellos, sí lo van a estar todos en el recuerdo, pues vamos a leer sus nombres.

José Manuel Grande Justo, como alumno de la década de los cincuenta lee los nombres de los 50 alumnos de esos años: Manuel Grande Fernández, Aurelio González Fernández, Bautista Garrido Fernández, José Fernández Santos, Alfredo Fernández Seara, José Grande Casas, Jesús Fernández Iglesias, Avelino Sierra Fernández, Fernando Pérez Fernández, Virgilio Outumuro Fernández, Antonio Lorenzo Seara, Isidro Grande Fernández, José Seara Iglesias, Isolino González Rodríguez, Sergio Grande Casas, José Seara Grande, Serafín Grande Seara, Manuel Sierra Fernández, José Lorenzo González, Claudino Grande Casas, Manuel Outumuro Casas, Manuel Lorenzo González, Adolfo Grande Justo, José Grande Fernández (hijo de Eliseo y Hortensia), José Grande Fernández (hijo de José y Aurora), Isolino Outumuro Fernández, Fernando Sampedro Justo, Benito Suárez Gulín, Nicanor Lorenzo González, Celso Grande Seara, Jaime Freire Seara, Manuel Suárez Gulín, Cesáreo Grande Casas, Adolfo Outumuro Seara, José Luis Fernández Seara, Adolfo Sueiro González, José Iglesias Lorenzo, José Outumuro Seara, José Manuel Grande Justo, Celso Fernández Outumuro, Eliseo Fernández Outumuro, Manuel Currás Rodríguez, Manuel Outumuro Iglesias, Modesto González Fernández, Jaime Grande Casas, Serafín Grande Sierra, Evaristo Atrio Conde, Manuel Garrido González, José Fernández Feijoo y Celso Sueiro Domínguez.

Ángeles Quintas Outumuro lee el nombre de los 30 alumnos que coincidieron con ella en la década de los sesenta: José Luis Camba Seara, José Pazos González, Eugenio Grande Sierra, Enrique Outumuro Seara, José Luis Garrido González, Manuel Rodríguez Garrido, Manuel Lorenzo Casas, David Outumuro Seara, Manuel Sampedro Grande, César González Fernández, Manuel Garrido Sampedro, Manuel Atrio Conde, Manuel Santos Daquinta, Manuel Outumuro Seara, Eladio Sampedro Grande, José Luis Grande Martínez, José Manuel Justo Grande, Manuel Rodríguez Rodríguez, José Benito Lorenzo Casas, Avelino Atrio Conde, Antonio Loureiro Grande, Manuel Pérez Seara, José Benito Díaz Conde, Juan Pablo Díaz Carnero, María Rosario Sampedro Grande, Genoveva Pazos Outumuro, María Isabel Freire Seara, María Luz Quintas Outumuro, Angelines Quintas Outumuro, María Carmen Nanín Delgado y María José Garrido Sampedro.

Por último, María José Outumuro Outumuro nombra a los 37 alumnos que coincidieron con ella en la década de los setenta: María Vicenta Outumuro Outumuro, Eliseo Manuel Vidal Grande, María José Outumuro Outumuro, Juan Carlos Sierra Freire, Rosa María Pazos Outumuro, María Cristina Outumuro Fernández, José Ramón Outumuro Outumuro, Benito Outumuro Outumuro, Alfonso Grande Pérez, José Antonio Outumuro Outumuro, José Nanín Delgado, José Javier Sierra Freire, José César Sierra González, María Sol Outumuro Grande, Ana María Outumuro Rodríguez, Carmen Rodríguez Rodríguez, María Josefa Crespo Díaz, María Luisa Seara Martínez, María José Fernández Feijoo, Aurora Outumuro Outumuro, Gonzalo Outumuro Rodríguez, Abelardo González Outumuro, José Ángel Outumuro Grande, María Sol Rodríguez Díaz, Rosa María Grande Madarnás, María Isabel Seara Martínez, Manuel Fernández Pérez, Antonio Seara Seara, Ramón Rodríguez Rodríguez, Julio Grande Seara, María José Fernández Pazos, María Nieves Lorenzo Estévez, Luis Carlos Martínez Outumuro, Jorge Luis Sierra González, Benjamín Cid Seara, María José Grande Rodríguez y José Grande Atrio.

En nombre de estos ciento diecisiete alumnos, ¡gracias Señor Maestro!”.

Manuel Outumuro Seara: Don Isolino e a súa implicación personal como veciño de Parderrubias

“Se a traxectoria profesional de Don Isolino foi brillante, ésta non estivo desacompasada coa súa implicación naquela sociedade ruralizada que lle tocou vivir. Sempre se definiu como home do rural, tendo unha grande dependencia de Parderrubias, xa que tiña que ir tódolos días dende Ourense no coche de liña unha vez xubilado e dende que lle faltou a súa muller Esther.

A súa tarefa en Parderrubias non se cinguiu só a súa labor educativa, senón que abranguiu tódalas frontes e abrazou todas aquelas causas que contribuíran a mellorar a calidade de vida daquel pobo que xa fixera de seu. Como cando alá polo ano 1978 foi o verdadeiro impulsor da concentración parcelaria, sendo a segunda parroquia da Merca despois da Manchica que contou con iste instrumento de modernización da súa agricultura.

Xogou un papel importantísimo como dinamizador cultural sendo un piar imprescindible xunto co párroco Don Manuel Fernández Ruas para a construcción do Tele-clube (antecedente deste local social que dende hoxe merecidamente vai levar o seu nome) do que foi Vicepresidente e Tesosureiro. Da sua importancia da conta a prensa da época como se pode ver na entrevista que lle fixeron no xornal de La Región o 18 de setembro de 1970, xa que pertenecía a Rede Nacional de Tele-clubs da Delegación de Cultura e Turismo sendo un dos poucos  que se fixo na provincia. Nesa entrevista, Don Isolino resalta a solidaridade e esforzo dos veciños e a inestimable colaboración do párroco para conseguir 40.000 pesetas de subvención por parte de dito Ministerio. Do mesmo xeito se implicaba en todas aquelas formas de expresión cultural que promovía xunto cos párrocos de turno en especial co xa citado Don Manuel Fernández Rúas, Don Ramón,  Don Hermesindo e con todos aqueles curas veciños da Parroquia que él tanto apreciaba. Así a nosa Parroquia era coñecida daquela pola realización de obras de teatro, comidas populares, concursos, excursións, Beléns polo Nadal etc. dando boa conta delo a abundante reportaxe fotográfica que existe o respeito e que xa se deu a coñecer neste local.

Don Isolino era unha persoa activa, pero discreta; non amante do protagonismo nin de aduladores, e precuraba as cousas ben feitas. Implicado socialmente, pero era dos que prefería empurrar no carro que ir na fura dianteira. Así, emocionábase cando recordaba que foran capaces de levar a auga dende a fonte a porta da igrexa, para que especialmente as mulleres e nenos, non tiveran que ir buscarla ao rio. Daquela comprometeuse a ir tódolos días a prender e apagalo motor ata que por fin ideou un sistema tipo “boia” para que se fixera dun xeito automático. Do mesmo xeito tamén foi o verdadeiro impulsor dun dos acontecementos maís importantes da Parroquia, como foi a chegada da luz eléctrica. Do que da conta o documento de data 29 de decembro de 1954, onde figura como a persoa que solicita a Sociedad General Gallega de Electricidad S. A. un orzamento para obter dito servizo. Actuaría como Secretario da Xunta Veciñal, presidida polo párroco Don José Rodríguez Barreiros durante todo proceso que rematou a finais de 1957, sendo inaugurada a liña eléctrica mailo transformador polo Gobernador Civil da Provincia. De todo elo gardou celosamente toda documentación, incluido o que custou as galletas mailos licores mercados en ultramarinos Paulino Sierra co gallo de tal acontecemento.

Profundamente relixioso, mais non beato, considerábase como cristián de base, cuns valores morais e humanos moi enraizados e interiorizados, e sempre na procura de axuda e servizo aos demais. Era o padriño de tódalas confirmacións levadas a cabo na Parroquia. Na súa casa sempre tiñan acubillo aqueles mais desfavorecidos e que formaban parte xa do noso tecido social. Aínda o estou vendo tamén cando era eu un neno, tódolos domingos a tarde subir polo Outeiro camiño da casa do Señor Basilio para asealo e atendelo ata que morreu.

Non rexeitaba ningún reto sempre que fora en prol da procura do ben común. Foi Concelleiro durante un breve espazo de tempo xa na época do final do franquismo. A pesares desa breve e obrigada experiencia nunca militou en ningún partido político. Sempre foi moi reservado e celoso coas súas ideas pero respectuoso coas dos demais foran as que foran.

Non era home de tabernas, nin de papatorias, nin de luxos nin ostentacións. Na súa mocidade tivo os seus “pinitos” como granxeiro emprendedor cunha pequena granxa de pitos que el mesmo atendia pero o seu verdadeiro hobi xa de xubilado era a súa horta onde investía o seu tempo e onde o veu buscar a morte unha tarde de abril de 2001.

O guión estaba escrito, marchou tal e como era. Dun xeito natural, sinxelo, na súa casa, sen amolar, paiseniñamente sen facer ruído. Orgulloso dos seus e coa tranquilidade e sosego do deber cumprido. O traballo quedaba rematado e ben rematado como a él sempre lle gustaba. A sementeira dera os seu froitos, que cada quen os administre como mellor lle conveña. Para todos aquiles que tivemos a grande sorte de telo como Mestre e de tratalo como persoa permítome despedirme tal e como adoitábamos facelo ao rematar a xornada escolar: “Usted lo pase bien, Señor Maestro”.

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Discurso de Manuel Outumuro Seara

José Luis Camba Seara: Don Isolino desde la perspectiva de su familia 

“Quero empezar dándovos as grazas, de corazón, en nome da familia de Isolino, pola vosa presenza neste acto de homenaxe. A todas e todos. Aos veciños e aos de fóra. Agradecer tamén aos promotores e organizadores desta homenaxe (Tino, Juan Carlos e Manolo), as Xuntas de Comuneiros e Veciños pola vosa colaboración e empeños para que este acto se celebrara. Tamén a todas e todos aqueles que dun xeito ou doutro, nos fixeron chegar as súas adhesións e parabéns a esta homenaxe, así como a todos aqueles, que debido as datas nas que nos atopamos, quixeran pero non poden estar hoxe aquí. Queremos tamén dar as grazas a todos aqueles que expresaron pública ou privadamente mensaxes tan fermosas e emotivas. Grazas. Pero por enriba de todo, queremos agradecer á xente do pobo de Parderrubias esta homenaxe a meu pai, que foi durante tanto tempo mestre, pero acollido tamén como un veciño mais deste pobo onde quixo vivir. Non quero esquecer tampouco e quero agradecer as facilidades que Don José Luis, o noso Párroco, deu para que este acto se poidese celebrar nunha data tan singular como é a do Xoves Santo. Grazas.

Esta homenaxe a un mestre quero facela tamén extensiva a todas e todos os Mestres que o foron de Parderrubias, e a todas e todos os que adican a súa vida a esta tan noble e fermosa profesión como é a de educar e ensinar.

Isolino adicou a súa vida, ademais de á súa familia, a súa xente e aos seus alumnos, cos que tiña o seu principal compromiso: educalos e formalos. Todo isto fíxoo con grande adicación, pero tamén cunha grande paixón. A meu pai gustáballe vivir aquí. Lembro que cando queríamos que viñese con nós de vacacións a algún lugar, xa falecida miña nai, dicía “ide vós, ¡eu onde vou estar mellor que aquí en Parderrubias!”. Él era así de sinxelo. Necesitaba poucas cousas para ser feliz.

Quero finalmente aproveitar este acto para pedir que todo este legado humano que el deixou nas mans de tantos que fomos os seus alumnos e alumnas, non se perda. Que saibamos aproveitar e potenciar o grande patrimonio que os nosos pais e nais nos deixaron e que llo saibamos transmitir e poñer en valor para os nosos fillos e netos. Que sigamos sementando, en todos os sentidos; como di a canción de Fuxan os Ventos, “sementar sementarei… mentres no pobo medre un meniño, un vello e un cantar”.

A placa que poñemos aí é unha homenaxe a Isolino, pero tamén o será a todas e todos os veciños deste pobo así coma  aos que “tamén lles gusta Parderrubias”.

Moitas grazas a todos, e a seguir disfrutando da festa”.

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Discurso de José Luis Camba Seara

MENSAJES DE ALUMNOS Y VECINOS DEDICADOS A DON ISOLINO CAMBA CASAS CON MOTIVO DE LA SEMANA DE ACTIVIDADES EN SU MEMORIA

José Luis Camba Seara

Separar a condición de alumno e de fillo de meu pai non é una tarefa fácil. Como mestre creo que ca perspectiva de tanto tempo destacaría a figura dun home esixente pero tamén comprensivo. Non valían as medias tintas. Había que facelo ben sí ou sí. No meu caso a esixencia era maior porque supoño que él quería ver en min unha imaxe súa. Iso aínda que entón me disgustaba, creo que teño que agradecerllo porque fíxome aprender a esforzarme e non conformarme con facer as cousas para pasar. Aínda lembro unha noite na cociña da miña casa como estiven lendo un caderno de aqueles que se pasaba ao seguinte, mais de dúas horas ate que o fixen perfecto. Pero tamén o lembro como un mestre que motivaba e buscaba o xeito de que aprendésemos as cousas colléndolle gusto. A esixencia naquelas aprendizaxes mais básicas e a cultura do esforzo que nos soubo transmitir foron o que despois mais me serviu na vida. Teño que recoñecer que tiven a ventaxa  de ter mestre na escola e mestre na casa. Pero cecais o que mais lle agradezo como alumno é o exemplo que a súa dedicación ao traballo e aos seus alumnos sempre tivo. Iso marcou a miña vida profesional sempre intentando imitalo. A faceta de pai é algo que non quedaría ben que eu expuxera aquí. So dicir o orgullo que teño de ler e escoitar tantas louvanzas sempre del. Coma todos os Mestres e coma todos os pais supoño que tivo acertos, e erros tamén. Pero eu so quero coma todos lembrar os acertos. Grazas.

María José Fernández Feijoo

Para min o mestre Don Isolino Camba foi unha persoa que soubo transmitirme leccións non só de contidos senón leccións de vida. Era unha persoa seria pero moi amable e agradábel, que emparzaba con todos nós, facendo que aprender fora máis ameno e, ao mesmo tempo preocupándose polos nosos problemas e necesidades e os das nosas familias para axudarnos, dentro das súas posibilidades e ensinarnos a aproveitar as mesmas para converternos en persoas máis fortes, máis solidarias e mellores.

Eliseo Fernández Outumuro

Una persona muy importante para Parderrubias y no solamente en su profesión de educador. Don Isolino para muchos es más que el Señor Maestro.

Manuel Fernández Pérez

Si sólo se lee este mensaje podría entenderse que no es objetivo puesto que Don Isolino era mi tío, pero junto con los demás mensajes refuerza la opinión que todos tenemos sobre el de persona recta y justa, ya que el personaje de tío Isolino desaparecía cuando se cerraba ese portón azul de la escuela y aparecía el de Señor Maestro. Creo que si yo no lo hubiera dicho nunca nadie sabría de este parentesco. Pero para mí fue inevitable cuando aquella mañana de septiembre de 1975 por primera vez hice el camino desde A Carretera hasta O Trabazo siguiendo sus huellas y ver las caras de asombro de todos los niños preguntándose quién era ese que le acompañaba. Por supuesto, yo muy orgulloso, di todo tipo de explicaciones. Después todo fue muy sencillo, en parte gracias a la gran acogida de todos con los que me sentí  cómo en casa. Recuerdos que me marcaron hay muchos, pero sin duda una de las cosas que más me llamó la atención fue la fila de niños sacudiéndose los zapatos en el muro antes de entrar al colegio. Y ya dentro la broma con la que me recibió el señor maestro diciéndome que no había pupitre para mí y que tenía que sentarme en un largo banco todo lleno de tiza que estaba debajo del encerado y que en realidad era para subirse para escribir. También recuerdo que ya en aquellos momentos en los que el tema del reciclaje no estaba en auge, Don Isolino ya era pionero y, en esa época en la que los españoles volvían a las urnas, se utilizaban las papeletas sobrantes de las votaciones para hacer cuentas que el señor maestro nos ponía cada vez con más números, siempre con bolígrafo rojo, qué después él corregía con un método sorprendente y mágico para mí. Se trataba de la prueba del nueve, pero esto tardé muchos años en descubrirlo. Después de terminar las clases y regresar a casa volvía a aparecer mi tío, y así durante cinco años fui día a día siguiendo sus huellas, y transcurridos estos traté de seguir siempre sus consejos y muy orgulloso de ser “o sobriño do señor maestro”.

Nito Fernández Pérez

Eu de Don Isolino recordo cando foi o primeiro Director no colexio da Merca. Nunca tiven o orgullo de que me dese clase pero da época da Merca recordo que era unha persoa moi responsable no seu traballo sempre estaba pendente das inquietudes de todos os rapaces, o que non era pouco. E sobre todo recórdome do moito que o botamos de menos cando se retirou sobre todo o que cambiou coa súa marcha a comida do comedor. O que me fai pensar que ese home ademais de un gran mestre era unha grande persoa e mantivo unha grande harmonía naqueles primeiros anos de agrupación escolar das escolas unitarias. Que Deus llo teña en conta que nós na terra xa o apreciamos.

José Luis Fernández Seara

Un gran maestro. Decisivo en la historia educativa y social contemporánea de Parderrubias.

César González Fernández

¡Cantos recordos de Don Isolino! Os primeiros, aprendendo a deletrear naqueles Rayas, logo as primeiras letras na pizarra co pizarrín ou nas libretas de escritura coa pluma e tinteiro e moitos borrós no meu caso. Logo virían as antigas “Wikipedias” de Álvarez. Por onde pasei, sempre me dicían que os de Parderrubias temos moi boa letra, algo ou moito tería que ver o mestre. Recordo que nos falaba do valor do esforzo, de ser boa xente e como falaba cos nosos pais, ós que tiña no bote, que tíñamos que seguir os estudios. Por iso estudamos casi todos. Era un mestre sabio, pedagogo, educador ecuánime, tranquilo e constante, sen importarlle a hora de saída. Cando viña de vacacións do Seminario descubría tamén o mestre crente, o animador da comunidade parroquial en tódalas celebracións cas lecturas e cantos, home que se formaba na fe e adiantado os tempos no seu compromiso cristián. Xa de mozo fun descubrindo que os valores que nos ensinara na escola e que celebraba na misa vivíaos tamén no seu compromiso veciñal, póndose ó fronte de calquer actividade que significara progreso e mellora para Parderrubias. Gracias Don Isolino por ser o meu mestre por excelencia e en tantos campos da vida. E son feliz por tercho dito en varias ocasións.

Merche Grande Gallego

Un homenaje a un hombre que marcó la infancia y la vida de varias generaciones del pueblo. Un orgullo haber conocido al Señor Maestro (como le llamaba mi abuela María), aunque no fui su alumna. Gracias a todos los organizadores, en especial a Juan Carlos Sierra por su empeño en situar Parderrubias en el mapa y rendir tributo a esta aldea con valores tan profundos.

Alfonso Grande Pérez

Eu de Don Isolino e da escola lémbrome de moitas cousas boas e entrañables. O caminho a escola e os días de leccions entre bulleiros de lama e frío no inverno e entre natureza e paxarinhos na primavera, os xogos e o trato cos companheiros, a admiración polos maiores das filas de adiante e sobre todo por aquel home recto e serio que se sentaba naquela mesa de madeira grande, aquela estufa vella, o chan de táboas con buratos, aquel encerado enorme que ocupaba toda unha parede, as filas para entrar, as saídas por turnos de rapaces e rapazas para ir o “lavabo”, os recreos coas escapadas ao monte e ao río, a chamada de Don Isolino para rematalos e as carreiras de volta a escola, … Pero o que si o mellor discrepo dos demais (será que eu son algo anarquista) e que a min non me gustaba nin me gusta lembrar aquel certo ambiente reinante na escola dun respecto imposto barallado co cuasi-medo, ou temor algunhas veces, de todas as moitas cousas que naquel tempo non se podían dicir nin preguntar, o ensino e ter que falar nun idioma que non era o noso nin o falabamos nunca, padrenuestros arreo de pe tras das mesas o entrar e o sair, … Cousas todas que suponho e creo saber agora que eran culpa dos anos e do tempo en que nos tocou criarnos e de seguro que non de Don Isolino que case que sei que se del dependera tamén as oubera cambiado. E me olvidaba tamén da cousa mais fundamental da que me lembro sempre. Aquel home que estaba sempre ali sin fallar un día e que foi sempre en todas as xeracións capaz de ensinarnos a tantos tantas cousas con tan poucos medios el so: O Maestro.

María José Grande Rodríguez

Apenas teño lembranzas, tal vez, o son da campaniña, ou o bater dos zapatóns no muro da escola antes de entrar, unhas inmensas ganas de facerme maior como os rapaces que se sentaban nos primeiros bancos, fronte a mesa do Señor Maestro, e falaban materias que non chegábamos a entender os máis cativos. Polo tanto, o Señor Maestro para min foi “capacidade de traballo e compromiso”. Algúns, tras o peche das escolas unitarias, fomos da man do Señor Maestro cara a época dos “grupos escolares”. Ó Señor Maestro tocoulle facer de coidador, docente e Director nesa nova etapa. Recordo con moito cariño a unha muller de tez pálida, Esther, a súa Dona, que nos duros meses de inverno nos daba agarimo na súa casa mentres esperabamos o autobús. Sempre agradecida.

Celso Grande Seara

Don Isolino foi con moito algo mais, bastante mais, que “O Maestro”, foi un líder, un integrador social, un exemplo de personalidade cos veciños, ca familia e ca Parroquia. Un home dos que se dan cada moito tempo.

Eugenio Grande Sierra

Tiña cinco anos e había que ter seis para ir a escola. Eu choraba cada maña por ir co meu irmán. A miña nai foi un día xunto a Don Isolino e pediulle que me deixara ir a escola porque me gustaba moito ler. Aquela maña, a primeira, con cinco aniños, e todo periposto, fun a escola do Señor Maestro e foi un dos días mais felices da miña vida. Sei que me quixo moito e eu admireino tanto, aprecieino sempre e gardo del tanto cariño, tanta sabedoría  que aínda hoxe no meu traballo e o meu referente. Para min e o referente do traballo serio, metódico, entregado día a día, e pai espiritual de todos nos. Todos os que formamos parte desa xeración temos o selo do esforzo, do traballo, da perseveranza por acabar os obxectivos. El me inculcou sempre iso e por iso agora, no meu traballo en Lalín, sigo aquelas normas que el me ensinou. Cando me din e me comentan o meu estilo de traballo, a forma de dirixir un centro, nas reunións de equipo onde me ensinaron e cando me sae da alma “na escola de Don Isolino, Escola de Parderrubias” e presumo de todos os meus compañeiros que comigo por alí pasaron. Con el aprendín a facer o leite en polvo, a escribir con pizarrín e mollar no tinteiro aquela pluma de plástico que escribía coma os deuses, a facer as primeiras contas e a non ter non unha falta nos ditados. Tan boa educación nos deu e tan boa formación adquirimos que hoxe non podemos mais que estar agradecidos a un home que marcou unha época no noso pobo e que deixou unha sombra tan alargada en nos que perdura por moito tempo.

José Manuel Justo Grande

Mestre e integrador social, que contaba co apoio de todos. Nosos pais tiñan “fe cega” nel. Os resultados están a vista. Unha sorte ser seu alumno e moi agradecido.

Manuel Lorenzo Casas

El maestro Don Isolino fue una parte fundamental de nuestra comunidad. Realmente no hay palabras que puedan describir el impacto que tuvo en nuestras vidas. Comenzando con la organización y desarrollo de infraestructuras de nuestro pueblo (calles, fuentes y canalizaciones). Fue un profesor fenomenal y nos abrió las puertas del mundo. Gracias a él hizo fue posible nuestro éxito.

José Ángel Outumuro Grande

O meu recoñecemento a Don Isolino polo seu traballo durante aqueles anos e por conseguir lidar cunha escola de 20 ou 30 rapaces de oito cursos diferentes aos que lle ensinaba todas as materias. Cando tés  fillos que educar e ás veces xa te sentes superado dáste conta de que iso tiña moito mérito. Tamén destacar a súa profesionalidade e a súa competencia como mestre. Non me lembro de que faltase ningún día a clase. Si me lembro de ver cando estaba na escola os rapaces da Manchica no Outeiro Grande por que o mestre ese día marchara tomar uns viños. No meu primeiro ano estaban na escola o Benito Caxote e o Elito. Había alumnos doutras parroquias na nosa escola porque seguramente os pais tamén o consideraban un bo mestre. Para alén do recoñecemento a un bo mestre e da nostalxia dos días felices da infancia e aproveitando a recreación dunha aula da época, non se debe deixar de facerlle unha revisión da escola tardo franquista que nos tocou vivir. Unha pedagoxía baseada na repetición (a perfección caligráfica, a copia de debuxos, recitar a xeografía, as táboas de multiplicar…) e na memorización (a doutrina) sen que quedase espazo para a imaxinación, a creatividade ou para o diverxente (eu mesmo que son zurdo tiven que aprender a escribir coa dereita). Por outro lado os contidos impartidos culturalmente e lingüisticamente falando eran totalmente alleos ao mundo que nos rodeaba. Todo isto cun propósito claro de formar na ideoloxía do nacional catolicismo súbditos submisos e non cidadáns libres. Esta era a tendencia pedagóxica da época á que o mestre tamén estaba suxeito xa que tamén sufría a inspección educativa. Tamén os nosos pais lle dicían ao mestre “vostede se ve que lle cómpre bátalle”. En fin, calquera tempo pasado non sempre é mellor.

Marisol Outumuro Grande

Orgullosa me sinto de ser unha das alumnas de Don Isolino, o cal o lembro perfectamente, as nosas vivencias e anécdotas. Esforzábase moito para que aprendéramos e ensinábanos moitas cousas. Era moi bo mestre. Teño un gran recordo. A caligrafía era perfecta. Contenta de lle ter este homenaxe. Sempre levaremos o que aprendemos e vivimos con el. Grazas Señor Maestro.

Gonzalo Outumuro Rodríguez

A imaxe que se me ven da escola e do Señor Maestro é de cando un día (tería eu 7 anos), déuseme por subir a cima dunha árbore e porme boca abaixo quedando colgado das pernas. A árbore atópase xunto os actuais columpios e cando vexo a algún neno subir por ela vénseme o recordo de cando subira eu. De tantos berros que se escoitaban, por se caía, o Señor Maestro saíu a mirar o que alí estaba pasando e o momento fíxose un silencio profundo e non tivo que dicir nin “mu”, solo coa súa mirada, dirixida a min, baixei a toda presa, e acto seguido entrei na escola con él. Non me castigou, nin falta fixo, a lección dise día xa estaba aprendida. Así era Don Isolino, estrito e serio na súa labor de ensinanza, pero o mesmo tempo amable e boa persoa cos seus.

Enrique Outumuro Seara

Acórdome perfectamente do meu primeiro día de cole. Lembro, como no descanso da escaleira, a miña irmá Aurora me daba os últimos toques co peite. Resultaría ser un día de sorte para min pois na escola atopeime cun señor mestre receptivo e amable. Co tempo funme decatando de que era un home responsable, que se facía respectar e cunha gran capacidade de organización na aula. O mellor que podo dicir nestes intres é que cada vez que falei del sempre foi para enxalzar a súa figura, pois foi un mestre auténtico que cumpriu con matrícula coa súa obrigación. Para min, sempre será o Señor Maestro. Como anécdotas, aparte de situacións cómicas con pizarras, pizarríns…, lembro dúas actividades escolares que me enchían de satisfacción. Cando me mandaba saír ó encerado para indicar coa regra as capitais e os ríos do mundo, e cando saía da escola polas tardes co ditado (Quixote) xa corrixido. Como actividade extra escolar, mencionarei unha. Era tan extra escolar que esperábamos a que el marchara. Cando a situación o permitía (lama e barro), os do Outeiro e Aldea, previas raias que marcaban os campos e distancias de seguridade, dedicabámonos a tirarnos bólas de barro que como máximo derivarían en feridos leves. Era unha actividade un tanto inxusta pois os de Barrio nin se enteraban. Parabén ós que preparastes a exposición.

Manuel Outumuro Seara

Os meus recordos da escola pasan pola pizarra, o tinteiro, a esfera, a bandeira, os grumos de leite… e ao fondo unha mesa enorme cun pasillo interminable onde estaba unha persoa todopoderosa que nos controlaba e nos conducía nas actividades propias daquelas catro paredes. Eu aquela persoa profesáballe unha grande admiración e respecto, circunstancia esta que xa viña instalada de serie debido o que me inculcaran na casa. Un dos meus mellores recordos cando na miña primeira comunión lle vin a cara de aprobación ao baixar do altar logo de respostarlle satisfactoriamente a Monseñor Temiño que a Santísima Trindade eran tres persoas pero un só Deus verdadeiro. Xa de adulto, para min Don Isolino non só foi o mestre que me proporcionou coñecementos, senón que marcou a miña Educación, convertíndose nun referente persoal a quen imitar.

Tino Outumuro Fernández

A miña primeira escola foi o Pavillón Escolar de Parderrubias e o meu primeiro mestre foi Don Isolino. Tería uns catro ou cinco anos  cando os meus pais me mandaron a escola e so estiven un curso. Entrei co rango de párvulo de primario ano, é dicir, o máis baixo que había, non tiña nin categoría de alumno matriculado, e aínda que gardo algúns recordos do meu paso por ela son tan tenues que semellan fotos oxidadas polo tempo. Anos despois, xa xubilado Don Isolino, recordo que polas tardes tiña o hábito de subir por onda miña casa camiño da escola. Nunca souben porque facía esa peregrinación case diaria; pode que fose para recordar os seus anos de mestre, ou para sacarlle o po a vellos libros, ou simplemente porque as súas pernas se negasen a renunciar ese exercicio que durante máis de vinte anos as tivo acostumadas. Recordo que o seu paso era tranquilo, nada apurado, e que en ocasións paraba a falar co meu pai. Como é lóxico xa non lembro os temas das súas conversas, pero si teño gravado o respecto que meu pai lle profesaba. Ese respecto que lle tiña meu pai, nada tiña que ver co que eu lle tiña a miña profesora do colexio de A Merca que emanaba do medo ou do temor, aquel era o que se lle profesa a unha persoa servizal, intelixente, honrada, sinxela que se ganou os seus veciños a base de traballo e bo facer.  Así era Don Isolino un gran mestre e un bo veciño.

Manuel Outumuro Iglesias

Eu “debutei” na Escola de Parderrubias o mesmo ano ca don Isolino. E co paso dos anos funme dando conta de que, ca súa forma de ensinar, facía moi fácil o aprendizaxe. Pola diferencia de idade, as nosas preferencias “vitais” non coincidían: a súa era que eu estudara e a miña eran os níos, os paxaros, as ras, os peixes… a natureza. Pero gracias á súa insistencia e apoio desinteresado, xunto co de Don Aurelio, seguín estudando despois da escola. A ámbolos dous nunca lles estarei suficientemente agradecido. Anécdotas hai para escribir un libro, e inda permanecen nítidas na memoria. Pero recordo, sobre todo, a imaxinación que lle botábamos a todo o que fabricábamos para divertirnos: pelotas para xogar o fútbol, carros de carolas, rodas para carrar auga,…; visto o que hai nestes tempos, a relación calidade-precio está fóra de toda dúbida.

Jose Outumuro Tejerina

Nunca olvidaré el curso que hice hace unos 56 años en la Escuela de Parderrubias. No recuerdo a los compañeros creo que estaban mis amigas Piedad y Amelia, pero sí me acuerdo de Don Isolino como si lo estuviera viendo. ¡Qué gran maestro y mejor persona!

María Ángeles Quintas Outumuro

Un día tocou a visita dunha muller entrada en anos. E non faltou a supervisión dos nosos xogos escolares. Polo que se puido atisbar non eran quizais do agrado da visitadora. “Los niños con los niños y las niñas con los niñas”, entre pilla e pilla, foi o que pillaron os meus ouvidos daquela, unha cativa de moi pouca idade. Particularmente, pareceume máis unha chamada de atención no noso mundo de embobamento de cara Don Isolino, ca dunha conversa amistosa, e o chegar á casa foi a primeira e importante nova que lle contei aos meus. O caso é que o noso Mestre de cara as reprimendas nomeadas, nunca acertou a nos corrixir nin durante nin despois da visita da autoritaria manda máis. Deixounos sempre, que libremente xogaramos todos xuntos, sen tutelaxe algunha, e coa espontaneidade propios de seu, a duns nenos e nenas. Recordo eu a última, tamén a escola erma a causa do contaxio masivo do sarampelo. Non faltou a visita do Mestre, casa por casa, e porta por porta, de tódolos seus alumnos. Sirvan esas dúas sinxelas lembranzas, sen pretender que sexan loas, senón demostracións das pegadas da humanidade, boa actitude e bonhomía de Don Isolino. Se detrás dun grande home, a carón, camiña de ganchete, unha muller do mesmo calibre; non podo desaproveitar a ocasión de rebuscar na miña memoria e non esquecer tamén á súa dona Esther no camiño da misa, para enfeitala, cun mañuco de flores frescas procuradas no seu xardín. Tulipáns vermellos de maneira singular, nestas datas de Semana Santa. O meu ramo vaia tamén para eles.

Avelino Sierra Fernández

Tiven tres Mestres que guiaron os pasos da miña nenez no Pavillón Escolar de Parderrubias. Inda que o Sistema Educativo entón en vigor, e polo tanto os contidos a impartir, foron  comúns para os tres, non sucedeu o mesmo coa metodoloxía, os procedementos e formas de ensino por eles empregados, o que, a pesar de tratarse de tres extraordinarios docentes, supuxo que o terceiro fora para min máis extraordinario que os anteriores. A innovación pedagóxica, e concretamente a disciplina didáctica,  ligadas a unha definida orientación relixiosa postas en práctica por Don Isolino Camba Casas, fixeron que o ensino en Parderrubias cambiara a eito trala súa chegada a Escola Unitaria de nenos a mediados do curso 1957/58. Daquela, xa non voltamos a ver máis a vara de carballo encima da mesa. Non a necesitaba porque abondáballe coa súa persuasión. A ensinanza, ata entón baseada fundamentalmente na instrucción, pasou a ter tamén a educación como obxectivo paralelo esencial. A humanidade no trato dos alumnos, o ensino individualizado a pesar dos ineludibles grupos establecidos, o reforzo, alento e motivación constantes aos que tiñan problemas de aprendizaxe, o nexo cos pais ou as orientacións profesionais trala obtención do certificado de estudos, comezaron a ser prácticas habituais na Escola por el rexentada. Pero o que máis me impactou do novo “Señor Maestro” foi a súa enorme psicoloxía na análise de calquera comportamento incorrecto dos alumnos, que o levaba a tomar sempre con gran serenidade a decisión máis xusta e acertada á hora de correxir conductas. Tal era o meu derradeiro “Señor Maestro”, home bo e xeneroso con todo o pobo, pero sobre todo  excepcional mestre no saber, no dicir, no vivir e no obrar.  Os que máis tarde, seguindo a súa profesión, tivemos que empaparnos nos volumes de Sánchez Buchón para levar á práctica a doutrina educativa, coñecemos ben a aplicación que desta fixo Don Isolino para inculcarnos, ademais dos coñecementos das distintas materias, os valores da entrega, do esforzo, do traballo ben feito ou da responsabilidade que, polo menos no que a min atinxe, levei  sempre comigo, tratando de transmitírllelos aos meus alumnos durante media vida adicado á docencia. A admiración, o recoñecemento e a gratitude que sempre lle profesei e amosei en vida a Don Isolino, quero facela constar agora unha vez máis. Gracias, Señor Maestro.

Juan Carlos Sierra Freire

No me cabe la menor duda de que la “culpa” de que sea un enamorado de la profesión que disfruto en Granada, la tiene en gran parte Don Isolino. Desde muy niño quedé hechizado de su trabajo y de sus maneras de hacerlo. Recuerdo que con 9 o 10 años hubo una época en que me dio por jugar con mi hermano Javi a imitar al Señor Maestro dando clases en una Escuela imaginaria. Disfrutaba con ese juego, que con el tiempo se convertiría en parte de mi vida. A Don Isolino le debo no solo los conocimientos adquiridos que tocaban por mi edad entre los años 1972 y 1977, que fueron buenos, muy buenos, sino sobre todo, y por encima de todo, los valores que me trasmitió. Y entre estos, dos fundamentales: el respeto y el esfuerzo. Recuerdos de sus clases tengo muchos, pero me quedo con dos. El primero, su paciencia para enseñarme a sumar y restar con palitos (creo recordar que eran sarmientos de vid escrupulosamente cortados). El segundo, sus narraciones acerca de la historia de España. Las batallas de Viriato contra los romanos y la gesta de Guzmán el Bueno en lo heroica defensa de Tarifa todavía resuenan en mis oídos. La última vez que tuve la oportunidad de hablar con Don Isolino fue en una calle de Ourense. Yo estaba comenzando la carrera de Psicología en el Colegio Universitario. Recuerdo que me animó a seguir estudiando y que me dijo que se sentiría orgulloso de que así fuese. No se lo dije en ese momento -tuvo que pasar el tiempo para que yo fuese plenamente consciente de ello-, pero en realidad orgulloso me sentía yo por haberle tenido como mi primer Maestro, el que más impronta deja. No tengo muchas más palabras que decir, salvo “gracias por todo, Señor Maestro”.


EN LA PRENSA

Diversos medios de comunicación provinciales se hicieron eco de la Semana de Actividades en Memoria de Don Isolino Camba: Ourense Dixital [Los vecinos de Parderrubias rinden un merecido homenaje póstumo a la figura de Isolino Camba], La Región [Parderrubias recuerda a su maestro Isolino Camba Casas], Faro de Vigo [Homenaje al maestro Isolino Camba Casas en Parderrubias] y La Voz de Galicia [La necesidad vital de enseñar].

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La Región, 8 de abril de 2017
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La Región, 12 de abril de 2017
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La Región, 14 de abril de 2017
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La Voz de Galicia, 14 de abril de 2017
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Vida, 16 de abril de 2017
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Vida, 23 de abril de 2017

Nota. Como miembro del Comité Organizador de estos actos quiero agradecer a los vecinos de Parderrubias su participación e implicación en todos ellos, y por reconocer el legado que dejó Don Isolino en nuestro pueblo. Gracias también a todas esas personas anónimas que, con su trabajo desinteresado, hicieron posible este homenaje.

E40. Nuestra Escuela de Parderrubias. Por José Luis Camba Seara y Juan Carlos Sierra Freire

E40. Nuestra Escuela de Parderrubias. Por José Luis Camba Seara y Juan Carlos Sierra Freire

Nota. Este artículo aparece publicado en su versión original en gallego y a continuación el lector encontrará una versión en castellano.

A nosa Escola de Parderrubias. Por José Luis Camba Seara e Juan Carlos Sierra Freire

O xoves 6 de xaneiro de 1927 tiña lugar en Parderrubias o acto de colocación da primeira pedra da Escola, a cal iría situada no lugar do Trabazo, nos arredores dos núcleos de poboación que conforman a Parroquia (Sierra Freire, 2015). Tan sinalado acto foi presidido polo alcalde da Merca, Don José Garrido González, acompañado de concelleiros, curas, mestres, así como de numerosos veciños. Cabe apuntar o feito de que o alcalde en cuestión é un dos afamados Irmáns Escultores de Parderrubias. Os nenos acudiron ese día de Reis ao Trabazo con bandeiras que deron un enorme colorido ao evento. Pronunciaron discursos o Párroco de Parderrubias, Don Ambrosio Cid Fariñas, que levaba uns meses á fronte da Parroquia, encargándose ademais da correspondente bendición, e o mestre, Don Manuel Méndez Gallego. O acto festivo rematou coa repartición de doces aos nenos e unha salva de bombas. Véxase https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/parderrubias-acontecimientos-historicos/

A construción do edificio rectangular, de perpiaño, con cuberta a dúas augas, e amplas ventás, sería levada a cabo polos irmáns Garrido (Os Escultores de Parderrubias). Dezanove meses despois da colocación da primeira pedra, concretamente o domingo 12 de agosto de 1928, ten lugar o solemne acto de inauguración oficial do novo pavillón escolar. Á primeira hora da tarde chegan a Parderrubias o gobernador civil da provincia, Don Vicente Rodríguez Carril, o inspector de primeiro ensino, señor Maceda, e o xefe provincial de Unión Patriótica, señor Salgado Biempica. Á entrada do pobo eran agardados polo alcalde da Merca, señor Garrido, a súa corporación, o mestre nacional e o párroco. A prensa da época destaca que o novo edificio constitúe un modelo no seu xénero, sendo sufragado polo orzamento municipal e a subscrición dos veciños da parroquia. O párroco realiza a bendición e a continuación toma a palabra o inspector, cuxo discurso foi moi aplaudido polos asistentes.

Con anterioridade a este edificio, a Escola de Parderrubias estivera situada na primeira planta dunha casa particular, propiedade de Serafín Sierra Mosquera, bisavó dun dos autores deste documento, sita no que hoxe se coñece por Aira da Escola, no pobo da Igrexa. Nesa época, no mundo rural, era habitual usar como escola unha casa particular, cedida por algún veciño para tal fin. A dita casa aínda se conserva na actualidade, aínda que o único vestixio que queda da antiga escola é unha flor de seis pétalos coloreada nun lintel dunha das xanelas. Subir as empinadas escaleiras de pedra que conducen a esa primeira planta e traspasar a porta de entrada traspórtanos a un tempo pasado dificilmente imaxinable para os escolares de hoxe en día.

Flor antiga escola
Fiestra da antiga Escola

A historia

A nova escola estivo en funcionamento durante máis de medio século, concretamente desde o ano 1928 ata 1980, data na que pecha definitivamente as súas portas como consecuencia da política de concentración escolar que traslada aos nenos de Parderrubias ao Grupo Escolar da Merca, onde se concentraron todos os escolares das escolas unitarias do concello, en concreto, os de Corbillón, Entrambosríos, Faramontaos, Fontao, Forxás, A Manchica, A Merca, A Mezquita, Olás de Vilariño, Parderrubias, Pereira, Proente, Solveira, Vilachá e Zarracós. A Lei Xeral de Educación propón a agrupación dos alumnos dos diferentes pobos en centros de maior capacidade con instalacións e servizos máis adaptados aos novos tempos. Esta concentración trouxo consigo á súa vez o traslado dos docentes que rexentaban as antigas escolas rurais.

Orixinalmente, o novo pavillón escolar fora deseñado para acoller en dúas aulas independentes á Escola de Nenos e á Escola de Nenas, rexentadas por un mestre e unha mestra, respectivamente. Así funcionará a Escola ata finais do curso escolar 1968/69, pois no seguinte, 1969/70, convértese en Escola Mixta de Parderrubias. Non dispoñemos de datos precisos acerca dos primeiros mestres que impartiron docencia na escola. Si sabemos que no ano da súa inauguración estaba como mestre Don Manuel Méndez Gallego. Polos rexistros de visitas da inspección eucativa e polos rexistros escolares que se conservan desde o ano 1939, podemos afirmar que entre 1939 e 1947 foi mestra na Escola de Nenas Dona Concepción Vázquez Feijoo, á que sucedeu Dona Delia Iglesias Rodríguez ata o ano 1954, cando toma posesión Dona Catalina López Cid. No ano 1962 fíxose cargo da praza Dona Encarnación Garrido Enríquez, que a rexenta ata o curso escolar 1968/69, último no que funcionan as escolas de nenos e nenas de maneira separada. No curso seguinte créase a Escola Mixta da que se fai cargo Don Isolino Camba Casas, que era o mestre ata esa data da Escola de Nenos, e cuxa figura foi descrita por Outomuro Seara (2015) neste mesmo Blogue; véxase https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/11/27/e14-don-isolino-camba-casas-1913-2001-por-manuel-outumuro-seara/

Son máis escasos os datos que dispoñemos acerca dos mestres da Escola de Nenos. Sábese que durante o curso escolar 1946/47 exercía dita labor Don José Rodríguez Portela (Oco), que continuou ata o curso 1953/54. Para o curso 1956/57 foi destinado Don José Martínez Sousa, xa con 65 anos de idade e 41 de servizos, que estivo dous anos rexentando a dita Escola. No curso 1958/59 incorpórase oficialmente á mesma Don Isolino Camba Casas, aínda que xa se fixo cargo da Escola durante parte do curso anterior. Desde ese ano 1958 e ata o seu peche en 1980, Don Isolino foi o único mestre da Escola de Parderrubias.

A formación que se impartía

Ao longo da súa historia, a Escola de Parderrubias foi testemuña da vixencia de tres grandes leis sobre Educación Primaria en España. Todas elas coincidían en que o inicio da etapa escolar obrigatoria era á idade de 6 anos, polo que todos os nenos do pobo comezamos a escolarización a esa idade. En 1857 promúlgase a Lei de Instrución Pública (Lei Moyano) que estrutura a Educación Primaria en dúas etapas: Elemental (6-9 anos) e Superior (9-12 anos). En 1945 entra en vigor a Lei de Ensino Primario, que establecía a obrigatoriedade da educación ata os 12 anos, a cal sería gratuíta e separada por sexos. Esta Lei constituía un claro reflexo da ideoloxía franquista, polo que a educación que recibían os alumnos era confesional, patriótica, social, intelectual e profesional. Exemplo diso é a circular que a Delegación Local de Mocidades da Merca envía á mestra de Parderrubias con motivo da celebración do Día da Nai do ano 1958, a cal transcribimos literalmente:

 “El próximo 8 de diciembre, fecha en que se celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción, se conmemora en toda España el día de la Madre. Día este que ha de servir para rendir homenaje de admiración y cariño a la Madre española, centinela permanente de las mejores virtudes de nuestro pueblo. En atención a ello, se organizarán en las Escuelas los siguientes actos:

1º.- Se celebrará en cada Escuela un acto religioso en el que se rendirá homenaje a la Virgen María en la advocación que patrocine la localidad.

2º.- Todos los niños y niñas, que sepan hacerlo, escribirán una sencilla carta de felicitación a la tía “Ma” (Doña María Jesús Primo de Rivera y Orbaneja) que durante tantos años sustituyó a la madre muerta, de la que José Antonio escribió en su testamento: “Cuya maternal abnegación y afectuosa entereza no podremos pagar con tesoros de agradecimiento”. La mencionada carta se remitirá con franqueo ordinario a la siguiente dirección: Paseo de Recoletos, nº 37, Madrid, antes del día 6.

3º.- En todas las Escuelas se abrirá una suscripción a la que deberán contribuir todos los niños con VEINTICINCO céntimos, y que tiene por finalidad proceder a la compra de un obsequio que el día 8 se entregará personalmente a Doña María Jesús Primo de Rivera. El importe de esta suscripción deberá tener entrada en la Jefatura Local del Movimiento de La Merca (Casa Consistorial) antes del día CINCO, al objeto de proceder a su envío urgente.

4º.- Se exhortará a los niños para que en este día obsequien a sus madres respectivas con un pequeño regalo.

5º.- Antes del día 13 próximo deberá enviar a esta Jefatura Local, cada Maestro(a), una memoria detallando los actos realizados y en la que se harán constar expresamente los siguientes extremos: a) número de cartas remitidas a Doña María Jesús Primo de Rivera. b) Número de niños que han contribuido a la suscripción en su homenaje. c) Número de niños asistentes a actos religiosos. d) Otros actos celebrados.

Por Dios, España y su Revolución Nacional Sindicalista.

La Merca, 3 de Diciembre de 1958.

El Delegado Local. Fdo. M.S.R.

Vº. Bº. El Jefe Local del Movimiento. Fdo. S.J.G.V.

En 1970, con Villar Palasí como Ministro de Educación, promúlgase a Lei Xeral de Educación que propón a Educación Xeral Básica (EXB) dos 6 aos 14 anos, con carácter obrigatorio e gratuíto. Estaba organizada en dúas etapas: Primeira Etapa (de Primeiro a Quinto, dos 6 aos 11 anos) e Segunda Etapa (de Sexto a Oitavo, de 12 a 14 anos). Un feito bastante común en Parderrubias era que, entre os 10-12 anos, moitos nenos pasasen a completar os seus estudos ao Seminario Menor e as nenas ás Xosefinas. Outros, unha vez finalizado o período escolar obrigatorio, comezaban a traballar como aprendices de oficios característicos da comarca como carpinteiros ou albaneis, ou se incorporaban ás tarefas da labranza.

A Lei Moyano incluía como materias de estudo Lectura, Escritura, Principios de Gramática, Principios de Aritmética, Doutrina Cristiá, e Nocións de Agricultura, Industria e Comercio. A Lei de 1945 agrupábaas en tres apartados: Instrumentais (Lectura, Expresión Gráfica: Escritura, Redacción e Debuxo, e Cálculo), Formativas (Relixión, Formación do Espírito Nacional -incluía Xeografía e Historia-, Lingua Nacional, Matemáticas e Educación Física) e Complementarias (Ciencias Naturais, Artísticas: Música, Canto e Debuxo, e Utilitarias: Traballos Manuais, Talleres e Labores). Por último, a Lei de 1970 incluía as materias de Lingua Castelá, Matemáticas, Coñecementos do Mundo Social e Cultural, Coñecemento do Mundo Físico, Formación e Expresión Artística, Educación Física, Deportiva e para a Saúde, e Formación Cívico-Social (Egido Gálvez, 1994).

O idioma que se usaba na Escola era o castelán aínda que o galego falabámolo entre nós e tamén ás veces co mestre. No currículo escolar non se ensinaba galego e nos libros escolares apenas había referencias culturais nin históricas á cultura galega. Era algo que estaba prohibido ata a chegada da democracia.

Os alumnos

Durante o período comprendido entre 1940 e 1959 producíronse en Parderrubias 157 nacementos, é dicir, unha media de 7,85 por ano (Sierra Freire, 2016a). De 1960 a 1979 a media baixa aos 5,15 nacementos anuais (Sierra Freire, 2016b). Estes datos poñen de manifesto que a poboación infantil en Parderrubias era moi numerosa. Era habitual que cada familia tivese unha media de 2-3 nenos en idade escolar. Os rexistros escolares, tanto da Escola de Nenos como da Escola de Nenas, dan fe deste feito. Neles apréciase que era habitual superar os 30 alumnos por ano escolar en ambas. A Figura 1 permite observar a evolución do número de alumnos matriculados entre os cursos escolares 1953/54 e 1979/80; no caso dos nenos, o rexistro comeza no curso 1956/57. Apréciase como a matricula presenta un descenso paulatino ata inicios da década dos anos 70, data na que a Escola se converteu en mixta e momento no que chegan á Escola os nenos do fenómeno baby boom experimentado en Parderrubias no ano 1967 (Sierra Freire, 2016b).

Matrículas
Figura 1. Evolución das matrículas na Escola de Nenos e na Escola de Nenas

A continuación, a partir dos rexistros escolares, listamos aos alumnos de Don Isolino Camba Casas. Aparecen agrupados por décadas, segundo a orde de rexistro, desde o curso escolar 1957/58 ata o de 1979/80. Na década dos anos cincuenta iniciaron os seus estudos na Escola 50 nenos: Manuel Grande Fernández, Aurelio González Fernández, Bautista Garrido Fernández, José Fernández Santos, Alfredo Fernández Seara, José Grande Casas, Jesús Fernández Iglesias, Avelino Sierra Fernández, Fernando Pérez Fernández, Virgilio Outumuro Fernández, Antonio Lorenzo Seara, Isidro Grande Fernández, José Seara Iglesias, Isolino González Rodríguez, Sergio Grande Casas, José Seara Grande, Serafín Grande Seara, Manuel Sierra Fernández, José Lorenzo González, Claudino Grande Casas, Manuel Outumuro Casas, Manuel Lorenzo González, Adolfo Grande Justo, José Grande Fernández (fillo de Eliseo e Hortensia), José Grande Fernández (fillo de José e Aurora), Isolino Outumuro Fernández, Fernando Sampedro Justo, Benito Suárez Gulín, Nicanor Lorenzo González, Celso Grande Seara, Jaime Freire Seara, Manuel Suárez Gulín, Cesáreo Grande Casas, Adolfo Outumuro Seara, José Luis Fernández Seara, Adolfo Sueiro González, José Iglesias Lorenzo, José Outumuro Seara, José Manuel Grande Justo, Celso Fernández Outumuro, Eliseo Fernández Outumuro, Manuel Currás Rodríguez, Manuel Outumuro Iglesias, Modesto González Fernández, Jaime Grande Casas, Serafín Grande Sierra, Evaristo Atrio Conde, Manuel Garrido González, José Fernández Feijoo e Celso Sueiro Domínguez.

Nos anos sesenta matricúlanse 24 nenos, incorporándose seis nenas a finais da década, cando a escola se transforma en mixta: José Luis Camba Seara, José Pazos González, Eugenio Grande Sierra, Enrique Outumuro Seara, José Luis Garrido González, Manuel Rodríguez Garrido, Manuel Lorenzo Casas, David Outumuro Seara, Manuel Sampedro Grande, César González Fernández, Manuel Garrido Sampedro, Manuel Atrio Conde, Manuel Santos Daquinta, Manuel Outumuro Seara, Eladio Sampedro Grande, José Luis Grande Martínez, José Manuel Justo Grande, Manuel Rodríguez Rodríguez, José Benito Lorenzo Casas, Avelino Atrio Conde, Antonio Loureiro Grande, Manuel Pérez Seara, José Benito Díaz Conde, Juan Pablo Díaz Carneiro, María Rosario Sampedro Grande, María Isabel Freire Seara, María Luz Quintas Outumuro, Angelines Quintas Outumuro, María Carmen Nanín Delgado e María José Garrido Sampedro.

Finalmente, nos anos 70 inician os seus estudos na Escola Mixta de Parderrubias 17 nenas e 20 nenos: María Vicenta Outumuro Outumuro, Eliseo Manuel Vidal Grande, María José Outumuro Outumuro, Juan Carlos Sierra Freire, Rosa María Pazos Outumuro, María Cristina Outumuro Fernández, José Ramón Outumuro Outumuro, Benito Outumuro Outumuro, Alfonso Grande Pérez, José Antonio Outumuro Outumuro, José Nanín Delgado, José Javier Sierra Freire, José César Sierra González, María Sol Outumuro Grande, Ana María Outumuro Rodríguez, Carmen Rodríguez Rodríguez, María Josefa Crespo Díaz, María Luisa Seara Martínez, María José Fernández Feijoo, Aurora Outumuro Outumuro, Gonzalo Outumuro Rodríguez, Abelardo González Outumuro, José Ángel Outumuro Grande, María Sol Rodríguez Díaz, Rosa María Grande Madarnás, María Isabel Seara Martínez, Manuel Fernández Pérez, Antonio Seara Seara, Ramón Rodríguez Rodríguez, Julio Grande Seara, María José Fernández Pazos, María Nieves Lorenzo Estévez, Luis Carlos Martínez Outumuro, Jorge Luis Sierra González, Benjamín Cid Seara, María José Grande Rodríguez e José Grande Atrio.

Os recursos e materiais escolares

Grazas ao inventario do ano 1949 na Escola de Nenas, podemos facernos unha idea máis ou menos clara do equipamento escolar nesa época. O devfotografíasntario incluía unha mesa da profesora, un crucifixo, un cadro da Inmaculada, un cadro da súa Excelencia o Xeneralísimo, dez bancos bipersonais, dous bancos, unha escribanía, un cartafol, un termómetro, unha campaíña, un dicionario, un encerado, unha cadeira, un lavabo, unha regra, un mapa de España, unha esfera terrestre, doce exemplares de Europa (segundo manuscrito de Dalmau), oito exemplares de El Primer Manuscrito, seis exemplares de Lecciones de Cosas, seis exemplares de Lectura Mental y Activa, seis exemplares de La Niña Instruida, catro exemplares de Corazón, dúas enciclopedias de grao elemental, catro exemplares de Rayas (1º, 2º e 3º), seis exemplares do  libro de lectura Cordialidades, seis libros do libro de lectura El Libro de las Niñas, quince tinteiros, dúas Obras del Padre Manjón e unha bandeira nacional. Nese ano 1949 a mestra tiña un soldo de 7.200 pesetas e a Escola recibira 150 pesetas para materiais.

Case vinte anos despois, o equipamento da Escola de Nenas seguía sendo moi similar. Así, no curso escolar 1966/67 estaba composto por un crucifixo, un cadro da Inmaculada, un do Xeneralísimo e outro de José Antonio, unha mesa da profesora, unha escribanía, unha campaíña, unha cadeira da profesora, unha mesa plana, un braseiro, dúas bandeiras, tres bancos multipersonais, doce mesas bipersonais e tinteiros, unha esfera, un armario para libros, doce exemplares de Anaquiños, Mi Costurero e do Libro de las Niñas, doce exemplares de El Primer Manuscrito, de El Segundo Manuscrito e de Cordialidades, doce exemplares de María la muy Amada, dez exemplares de Ingenuidades, catro mapas deteriorados, un mapa físico e outro político de España, catro mapas (Asia, África, Europa e América do Norte), un dicionario, un libro de Evanxeos, un selo con tampón, dous libros do mestre, dous exemplares de Sugerencias y Ejercicios (1º e 2º grao), Obras del Padre Manjón, útiles do leite e un xogo de compás, escuadra, semicírculo e regra.

Polo que respecta á Escola de Nenos, no ano 1956 dispoñía dunha mesa escritorio, unha cadeira, dezaseis mesas bipersonais, catro bancos ordinarios, un crucifixo, un cadro da Purísima, un cadro do Xeneralísimo, unha bandeira, un reloxo de parede, seis Obras del Padre Manjón, seis exemplares de Mosaico, dezaseis Manuscritos, nove exemplares de El Primer Manuscrito, tres exemplares de Geografía, doce libros de lectura, doce exemplares de Historia Sagrada, dez exemplares de Urbanidad, cinco enciclopedias, cinco exemplares de Aritmética, tres exemplares de Lecciones de Cosas, un selo, seis lousas e un cántaro de auga.

O inventario de 1970 da Escola de Nenos inclúe un crucifixo, dúas bandeiras nacionais, dez mesas bipersonais, unha mesa, unha cadeira, un armario, un reloxo de parede, unha esfera, dez mapas en tea, trinta e catro exemplares de Santos Españoles, de Ingenuidades e de Patria, oito exemplares de Estampas del Quijote, dezaseis exemplares de Lecturas de Oro e de Rueda de Espejos, oito exemplares de Anaquiños, doce exemplares de Copito y Yo e de Estampas Evangélicas, cinco exemplares de Obras del Padre Manjón, dúas láminas de plástico, un termómetro, un compás, un xogo de regra, escuadra, semicírculo e compás, un atlas bacharelato, dous dicionarios, un proxector con voltímetro, unha biblioteca de 130 volumes con vitrina, unha estufa butano Super Ser e dúas bombonas.

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O complemento alimentario

Os lectores máis novos preguntaranse que facían ou que función tiñan uns útiles para o leite nunha escola da época. Hai unha explicación. A posguerra española durou practicamente dúas décadas. Ata ben entrada a década dos anos cincuenta non se puideron recuperar os niveis alimenticios de antes da guerra, sendo os nenos un dos colectivos máis damnificados. A recuperación debeuse en parte á axuda alimenticia de Estados Unidos ao pobo español que se levou á práctica, entre outras vías, a través das escolas nacionais. Este complemento alimentario que recibían os escolares na escola consistía en leite en po, manteiga e queixo, produtos que moitos nenos comezaron a tomar por primeira vez grazas a este programa denominado Axuda Social Americana. Cada escola recibía estes produtos e os mestres responsabilizábanse de que os nenos tomasen a súa ración diaria no recreo. Este programa estivo a aplicarse entre 1955 e 1967. O leite facíase nun recipiente de porcelana ou cinc no que se removían as porcións de po e auga indicadas. Habitualmente, esta tarefa realizábana os alumnos maiores. O queixo tiña unha cor alaranxada e viña en latas douradas de 5 kg. A manteiga recomendábase por tratarse dun alimento altamente enerxético, de maneira que “a súa combustión produce a calor e a forza que precisa o neno, en constante movemento” e por ser portadora de “vitaminas disolutas (vitaminas hiposolubles) indispensables para o bo crecemento”. As racións consistían en 0,25 gramos de leite en po, 0,30 gramos de queixo e 0,10 gramos de manteiga.

A Inspección de Ensino Primario de Ourense publicou no ano 1955 as normas para implantar o complemento alimenticio nas escolas da provincia, creándose o Servizo Escolar de Alimentación (SEA) para xestionar esta actividade. Nesta primeira fase o complemento consistía nun cuarto de litro de leite diario por alumno. Estas normas eran :

Primera: El complemento alimenticio se facilitará a todos los alumnos matriculados en la Escuela. Solamente se exceptuarán aquellos que así lo indiquen sus padres o tutores, ante prescripción facultativa en contrario. Segunda: Se servirá a mitad de la sesión escolar, preferentemente en la de la mañana, aprovechando el tiempo de recreo. Tercera: El complemento no suplirá ninguna clase de comida de los alumnos. Cuarta: Se facilitará completamente gratuito. Quinta: El SEA facilitará la cantidad precisa de leche en polvo, previas la formalidades que se indiquen. La primera cantidad corresponderá al número de alumnos matriculados para cuarenta días lectivos a base de 25 gramos de leche en polvo por día y alumno.

Desde o SEA facíanse as recomendacións pertinentes para a conservación dos sacos de leite en po nas escolas. Solicitábase gardar os envases en sitios secos, lonxe doutros alimentos ou sustancias que tivesen cheiros fortes e abrilos só unha vez ao día. Para a súa preparación pídese diluír un volume de leite en sete volumes iguais de auga, é dicir, un quilogramo de leite en po por nove litros de auga. Disolverase en auga quente, sen necesidade de fervela pois o leite en po está esterilizado. Unha vez preparada debe ser inmediatamente consumido ou, na súa falta, gardado nunha neveira. En canto á distribución do leite:

Primero: Debe facilitarse a los niños, sobre todo en invierno, a una temperatura templada, nunca caliente, ya que como se sabe, los líquidos calientes actúan frecuentemente como vómitos. En época de verano, puede facilitarse fría. Segundo: Debe asegurarse en todo momento la higiene, tanto en la preparación como en la distribución. Para eso se recomiendan vasos de cristal liso y, a ser posible, que cada niño tenga el suyo. Tercero: Dada la preparación de la leche en polvo que se facilita, no es preciso agregarle azúcar, pues aunque ello es más agradable, tiene el inconveniente para el niño, que el azúcar, en grandes dosis, contribuye a la caries. Cuarto: Puede administrarse sola o a continuación de otros alimentos en caso de bocadillo a media mañana. Quinto: El complemento alimenticio deberá tomarse por los niños sin que supla ninguna de las comidas ordinarias, y siempre que haya transcurrido de dos a tres horas de la comida anterior o de la siguiente. Sexto: Debe acostumbrarse a los niños a tomar la leche a pequeños sorbos, pues así la digerirá mejor”.

En canto ao enxoval que se precisaba para tal tarefa suxeríase un forniño eléctrico, un recipiente, se é posible de porcelana, unha culler ou batidora de madeira para a elaboración e unha xerra para distribuír o leite aos vasos individuais.

En outubro de 1955 o SEA emite unha circular dirixida aos mestres nacionais no que se abordan as normas relativas á distribución de manteiga.

Primera. Se facilitará a cada niño una ración diaria de 10 gramos de mantequilla. Una cantidad mayor está contraindicada. Se extenderá sobre pan, galletas o similares, y ha de ser consumida en la misma Escuela, preferentemente al mismo tiempo que la toma de la leche.

Segunda. La mantequilla facilitada, procedente de la Ayuda Social Americana, es de sabor ligeramente salado, color amarillo y sin olor perceptible. Está preparada en envases metálicos con un peso neto de 2.700 gramos (bruto 3.040).

Tercero. Los envases con mantequilla deben guardarse en sitio fresco. Una vez abiertos, para lo que deberá usarse el abrelatas con las debidas exigencias higiénicas, se cubrirá totalmente en agua la mantequilla, debiendo renovarse aquélla cada día.

Cuarta. Se observará la máxima limpieza, tanto en la distribución como en la preparación.

Quinta. Solo es contraindicada en aquellos escolares enfermos, con diarrea, los que no suelen ni deben asistir a la Escuela”.

No caso da Escola de Parderrubias, tal como certifica unha circular do ano 1958, as subministracións eran retiradas dos almacéns do Señor Conde na Merca. En novembro de 1955, na Escola de Nenas repártense 576 racións de leite e 264 de manteiga a unha media de 24 escolares; en outubro de 1958, distribúense 780 racións de leite e 120 de queixo. En outubro de 1962, Don Isolino Camba Casas reparte na Escola de Nenos 450 racións. En febreiro de 1963 Dona Encarnación Garrido Enríquez distribúe 300 na Escola de Nenas a 12 escolares. O xornal semanal El Magisterio Español sinalaba o 8 de outubro de 1958 que “según comprobaciones científicas realizadas, los niños beneficiados superan en peso y en talla a los mejor alimentados y de desarrollo normal, habiéndose equiparado a todos los niños, tanto de clases acomodadas como de condición humilde, en sus posibilidades de desarrollo físico”.

O labor social

Á parte do complemento alimentario que os escolares recibían a través da escola, esta tamén tivo un papel importante noutras obras de axuda social, que ben ían dirixidas aos propios alumnos ou se xestionaban a terceiros a través da Escola. O centro escolar recibía axudas en concepto de roupeiro escolar. En setembro de 1965 obtéñense once axudas por un importe de 400 pesetas e tres de 200, que son investidas en uniformes para os nenos. A selección dos nenos que se beneficiaban do roupeiro realizábaa un xurado integrado polo mestre, un representante dos pais de familia con nenos na Escola e un representante do concello. As axudas estaban formadas por lotes de calzado, pantalóns, vestidos, pezas de abrigo, pezas de uso interior ou pezas de uniforme.

A escola tamén xogaba un papel relevante nas campañas de Nadal e Reis da época dirixidas á recadación de donativos. Así o testemuña a circular que o alcalde da Merca dirixe á señora mestra da Escola de Parderrubias o 12 de decembro de 1958.

A fin de dar cumplimiento a la Circular del Excmo. Sr. Gobernador Civil de esta provincia, sobre suscripción para la Campaña de Navidad y Reyes 1958-59, y a lo acordado por la Junta Municipal Pro-Campaña de Navidad y Reyes, esta Alcaldía, una vez más, ruega a Vd. tenga bien ponerse al habla con el Sr. Cura Párroco de esa localidad, Presidente de la Junta Parroquial, a fin de recaudar los donativos que a tal efecto entreguen los vecinos de esa localidad.

Espero tome este asunto con sumo interés y preste su valioso auxilio al Sr. Cura Párroco y al Alcalde de Barrio de esa localidad para conseguir que los vecinos de esa Parroquia entreguen todos sus donativos en la cuantía que buenamente les sea posible, para engrosar los fondos de la suscripción Pro-Campaña de Navidad y Reyes y Aguinaldo del Combatiente, donativos que han de ser destinados a fines altamente humanitarios y cristianos.

Dios guarde a Vd. muchos años. La Merca, 12 de Diciembre de 1958. El Alcalde”.

En 1964 a escola canaliza a solicitude de axuda económica realizada aos escolares de Parderrubias para custear o Paso dos Nenos (popularmente coñecido como a Borriquiña) que cada Domingo de Ramos sae en procesión polas rúas de Ourense.

Se va a comprar un Paso para la procesión de domingo de Ramos al que por radicar en la catedral se atribuirá alcance diocesano. Desea el prelado que lo adquieran los niños para que en torno a él se reúnan todos, incluidos los de los pueblos que en tal fecha se trasladan a la capital y juntos, con palmas y corazón gozoso, acompañan a Jesucristo por las calle de Orense, en recuerdo y repetición del homenaje tributado al Salvador en Jerusalén. Lo recaudado en el Ayuntamiento no llegará a la mitad de su importe. Por esto hacemos una llamada a los niños de la diócesis, por conducto de sus Maestros, para que aporten donativos en metálico, remitiéndolos directamente a la Inspección. Muchas escuelas de fuera del municipio orensano han dado ya el ejemplo espontáneamente. Los envíos se publicarán en La Región y deben ser remitidos en breve plazo, pues el paso saldrá pronto de las manos del artista compostelano que aceptó su construcción para ser utilizado en la Semana Santa de este mismo año de 1964, concretamente el día 22 de marzo. Los donativos de los niños podrán ser pequeños si son conscientes, sinceros. Con muchos pocos se podrá alcanzar la meta. Inspección de Enseñanza de Orense”.

A Escola de Parderrubias tamén contribuía economicamente ás Obras Misionais Pontificias, institución da Igrexa cuxo obxectivo era apoiar a actividade misioneira en rexións non cristiás. Así, o Secretariado Diocesano de Misións recibe da Escola de Nenos de Parderrubias 600 pesetas o 5 de xuño de 1967 e 770 o 27 de febreiro de 1969, e da Escola Mixta, o 20 de marzo de 1970, outras 600 pesetas. Para facernos unha idea da contía destas axudas tomemos como referencia o custo que tiñan no ano 1968, en Parderrubias, algúns produtos básicos na tenda de Paulino Sierra: 6,80 pesetas unha “bola” de pan, 15,50 un quilo de azucre, 11,50 unha pastilla de xabón La Toja e 122 unha bombona de butano.

As lembranzas

Os recordos da Escola de Parderrubias son os recordos da nosa nenez, aqueles que quedaron gravados na nosa memoria e que nos acompañarán durante toda a nosa vida. Vaian as seguintes liñas como mostra dalgúns dos que conservan os autores deste traballo.

“Apenas teño lembranzas  do meu primeiro día na escola. Iso si, non o lembro como algo traumático, quizais porque tiña a vantaxe de que o mestre era meu pai. Recordo que había nenos maiores cando empecei. Lembro aqueles pupitres de madeira nos que os meus pés non alcanzaban o chan, así como o pizarrín que caía e coábase entre as fendas das táboas de madeira. Aquel enorme encerado negro que case revestía toda a parede, e aquela pelotiña de gorila que viña cos zapatos e que era o noso gran balón nos emocionantes partidos de fútbol. As partidas de buxaina e o xogo do aro que tan ben se lle daba aos outros nenos e que eu non cheguei a dominar ata pasado moito tempo. Tamén lembro que eu quería ir á escola como os demais nenos antes de que empezasen as clases para xogar con eles e o meu pai non me deixaba. Recordo, como non, o leite en po que había que remover nunha enorme perola de latón vermello e despois lavar os vasos que cada un utilizaba. Á maioría dos nenos non lles gustaba, quizais porque o leite da súa casa era infinitamente mellor que aquel mexunxe. Non lembro pasar frío na escola, en parte por aquela estufa de ferro que caldeaba algo aquel local, aínda que iso sí, moito máis confortable que o do outra  beira que utilizaban as nenas. Vénme á memoria a fila para entrar na escola, as oracións que rezabamos e o tintinar daquel reloxo de parede que marcaba as horas do noso tempo. Un dos recordos non gratos que teño é cando o mestre,  meu pai,  castigaba de xeonllos a algúns nenos por pelexarse ou tamén por coller os ovos ou as crías nos niños dos paxaros. Igualmente lembro aqueles laboriosos e ás veces tediosos exercicios de escritura coa pluma de tinta que poñían a proba a nosa destreza e como eliminabamos os borróns, que se facían cando non calculabamos ben a tinta, cun papel secante para minimizar o fatídico manchón. Lembro a Enciclopedia Álvarez e os contos de Anaquiños que tanto me gustaban. Tamén lembro o día seguinte á festa do pobo, que se celebraba no noso patio de recreo, buscando moedas coa ilusión de atopar as dunha peseta que o día anterior podía ter perdido algún incauto. Acórdome como nalgúns días do duro inverno ía co meu pai á escola por un carreiro estreito ata O Cruceiro do Trabazo para non pisar así a enorme enlamada que se facía nos camiños do Outeiro. Outros días faciámolo pasando pola Cova, que tanto misterio irradiaba. Pero, sen dúbida, o meu mellor recordo é que aquela foi unha etapa moi feliz, quizais a máis feliz da miña vida” (José Luis Camba Seara).


“Cuando aquel día de principios del mes de septiembre de 1972, con seis años, crucé por primera vez el umbral de su puerta únicamente quedaba habilitada el aula de la izquierda, pues la de la derecha, la antigua Escuela de Niñas, se había convertido en un almacén-trastero que siempre despertó nuestra inocente curiosidad. Hacía ya dos cursos que venía funcionando la Escuela Mixta. Niños y niñas compartíamos pupitres. Mi padre, que de aquellas tenía 39 años, había solicitado mi ingreso en la Escuela Mixta de Parderrubias adjuntando un Informe Médico firmado por el Doctor Azpilcueta (el médico de A Merca de toda nuestra infancia) en el que se acreditaba, una vez debidamente reconocido, que un servidor no padecía enfermedad contagiosa alguna y que me encontraba vacunado y revacunado contra la polio, tosferina, tétanos y difteria. Curiosamente quedé matriculado con el número 13, el número sagrado de Los Mayas, el Oxlajuj, es decir, el origen del Universo. La Ficha de Clase de ese primer curso académico 1972/73 registra los siguientes datos físicos del alumno Juan Carlos Sierra Freire: 1,08 m. de talla, 20 kg. de peso, agudeza visual normal, ninguna deficiencia orgánica ni motórica. En cuanto a las aptitudes, el alumno Juan Carlos presenta inteligencia despierta, atención buena, memoria buena, imaginación viva, aptitudes psicomotrices normales, hábitos buenos, actitudes, comportamiento y sociabilidad buenas, intereses normales. Por lo que respecta a los rasgos personales más destacados cabe señalar los de ser formal, ordenado y responsable. Ese primer día de escuela me fueron a recoger a casa José Luis y su hermana María José, hijos del Señor Maestro, Don Isolino. Ellos me regalaron y me hicieron entrega de mi primer maletín, y con él me fui feliz y, a su vez, repleto de responsabilidad, hasta O Trabazo, lugar en donde estaba ubicada la Escuela. Posteriormente, muchas mañanas esperaba al Señor Maestro y le acompañaba hasta la Escuela. Con el paso del tiempo dejamos de ser parvulitos y ya partíamos solos mi hermano Javi y yo por el sendero que había detrás de la casa hasta O Outeiro y, desde allí hasta, O Trabazo. La jornada escolar comenzaba a las 10 de la mañana y se interrumpía a las 13 para el almuerzo, reanudándose a las tres de la tarde para ponerle fin a las cinco, después del obligatorio “Usted lo pase bien” al Señor Maestro. El aula era rectangular con grandes ventanales en el lateral izquierdo, los cuales en las oscuras mañanas de invierno no eran suficientes para proporcionar la necesaria luz natural, por lo que había que encender aquellas bombillas que colgaban del techo y que daban una luz amarillenta que proporcionaba una sensación de seguridad y bienestar que todavía recuerdo. Al fondo se encontraba la mesa del maestro y detrás un enorme encerado negro al que hacían guardia un crucifijo, un cuadro de la Inmaculada Concepción y dos retratos, el de Francisco Franco y el de José Antonio Primo de Rivera, que la verdad nunca me paré a preguntar por qué estaban allí colgados de la pared mirándonos fijamente. También había un mapa político de aquella España de los años 60 y principios de los 70 que servía de fondo al retratista que anualmente nos visitaba para dejar constancia de nuestro paso y nuestra evolución por la Escuela. Los pupitres eran dobles con una ligera inclinación, con una hendidura para los lapiceros y agujeros para colocar los tinteros, que yo no recuerdo utilizar, pues los tiempos habían cambiado y uno aprendió ya a escribir en pizarra individual y con pizarrín. En la Escuela Mixta de Parderrubias permanecí durante cinco cursos académicos, de 1972 a 1977, es decir, hasta Quinto de Educación General Básica (EGB): cursos 1972/73, 1973/74, 1974/75, 1975/76 y 1976/77. En el curso 1974/75 compartí bancos con colegiales de más edad que yo, como era el caso de Manuel Pérez, José Benito Lorenzo, Benito “O Caxote”, María José, Angelines y María Vicenta, y otros de mi edad, o más jóvenes, como el caso de Ité, Cristina, Rosamari, Elito, Marisol, Ana María, José César, Pepita, Ramón, Carmen, Tito, Lito, Alfonso, José Antonio, Lolín, José Ramón, María Luisa y mi hermano Javi. Siempre me pregunté como el Señor Maestro era capaz de dosificar la docencia que cada uno necesitábamos teniendo delante tal disparidad de edades. Durante esos años cursé nueve asignaturas por año: cinco de las áreas de Expresión y cuatro de las áreas de Experiencia. En concreto, Lengua Española, Área Matemática, Área Plástica, Formación Musical, Educación Física, Social y Cultural, Ciencias Naturales y Formación Religiosa. La calificación global de los distintos cursos fue de Sobresaliente en Primero, Segundo y Quinto, y notable en Segundo y Tercero. El 22 de junio de 1977 ponía fin a mi etapa escolar en la Escuela Mixta de Parderrubias. En ese último curso compartí bancadas con José César, Marisol, José Ramón, Tito, Carmen, María Luisa, Ité, Cristina, Rosa Mari, María Vicenta, Ana, Manolito, José Antonio, Benjamín, Julio, Rosiña, Maribel, Lito, Lolín, Mari Nieves, Gonzalo, Ramón, Pepita y mi hermano Javi. Ese día de junio regresé a casa con un maletín cargado a rebosar de recuerdos, mucho más grande que el que llevé orgulloso el primer día, obsequio de María José y José Luis. De la Escuela de Parderrubias recuerdo ejercitar la caligrafía con pizarra y pizarrín, y como no, con los cuadernos Rubio. Recuerdo aprender a sumar y a restar con palitos meticulosamente elaborados por el Señor Maestro a partir de sarmientos o con habas. Recuerdo escribir al dictado. Recuerdo enamorarme de la historia de España brillantemente contada por el Señor Maestro. Me quedaron grabadas, por ejemplo, las hazañas de Viriato o la gesta de Guzmán el Bueno en Tarifa; eran historias contadas de manera tan vívida que me hacían viajar en el tiempo. Recuerdo llevarme a casa libros de cuentos en vacaciones para ilusionarme con el mundo de Los Tres Cerditos, Pulgarcito, o Blanca Nieves y los Siete Enanitos. Recuerdo organizar el Día del Domund para ir ese domingo por las casas del pueblo solicitando unas monedas para introducir en la ranura de la cabeza de aquel negrito al que todos llamábamos chinito. Recuerdo la ilusión de la Navidad adornando en la escuela el pino que íbamos a cortar al monte. Recuerdo las proyecciones de filminas con el famoso Enosa 300. Recuerdo que en el recreo jugábamos a la cadena, a la rayuela (que no sé porque le llamábamos truco), a las canicas,… Recuerdo,… recuerdo tantas cosas”. (Tomado do libro Natus sum in Parietes Rubias, que proximamente publicará o segundo autor deste artigo).


VERSIÓN EN CASTELLANO

Nuestra Escuela de Parderrubias. Por José Luis Camba Seara y Juan Carlos Sierra Freire

El jueves 6 de enero de 1927 tenía lugar en Parderrubias el acto de colocación de la primera piedra de la Escuela, la cual iría ubicada en el lugar de O Trabazo, a las afueras de los núcleos poblacionales que conforman la Parroquia (Sierra Freire, 2015). Tan señalado acto fue presidido por el Señor Alcalde de A Merca, Don José Garrido González, acompañado de concejales, curas, maestros, así como de numerosos vecinos. Cabe reseñar el hecho de que el Alcalde en cuestión es uno de los afamados Hermanos Escultores de Parderrubias. Los niños acudieron ese día de Reyes a O Trabazo con banderas que dieron un gran colorido al evento. Pronunciaron discursos el Señor Párroco de Parderrubias, Don Ambrosio Cid Fariñas, que llevaba unos meses al frente de la Parroquia, encargándose además de la correspondiente bendición, y el Señor Maestro, Don Manuel Méndez Gallego. El acto festivo terminó con el reparto de dulces a los niños y una salva de bombas. Véase https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/parderrubias-acontecimientos-historicos/

La construcción del edificio rectangular, en perpiaño de granito, con cubierta a dos aguas, y amplios ventanales, sería llevada a cabo por los Hermanos Garrido (Os Escultores de Parderrubias). Diecinueve meses después de la colocación de la primera piedra, concretamente el domingo 12 de agosto de 1928, tiene lugar el solemne acto de inauguración oficial del nuevo pabellón escolar. A primera hora de la tarde llegan a Parderrubias el Gobernador Civil de la Provincia, Don Vicente Rodríguez Carril, el Inspector de Primera Enseñanza, Señor Maceda, y el Jefe Provincial de Unión Patriótica, Señor Salgado Biempica. A la entrada del pueblo eran aguardados por el Alcalde de A Merca, Señor Garrido, su Corporación, el Maestro Nacional y el Párroco. La prensa de la época destaca que el nuevo edificio constituye un modelo en su género, habiendo sido sufragado por el presupuesto municipal y la suscripción de los vecinos de la Parroquia. El Párroco realiza la bendición y a continuación toma la palabra el Inspector, cuyo discurso fue muy aplaudido por los asistentes.

Con anterioridad a este edificio, la Escuela de Parderrubias había estado ubicada en la primera planta de una casa particular, propiedad de Serafín Sierra Mosquera, bisabuelo de uno de los autores de este documento, sita en lo que hoy se conoce por Aira da Escola, en el pueblo de A Iglesia. En esa época, en el mundo rural, era habitual usar como escuela una casa particular, cedida por algún vecino para tal fin. Dicha casa todavía se conserva en la actualidad, aunque el único vestigio que queda de la antigua escuela es una flor de seis pétalos coloreada en un dintel de una de las ventanas. Subir las empinadas escaleras de piedra que conducen a esa primera planta y traspasar la puerta de entrada nos transporta a un tiempo pasado difícilmente imaginable para los escolares de hoy en día.

Flor antiga escola
Ventana de la antigua Escuela

La historia

La nueva escuela estuvo en funcionamiento durante más de medio siglo, concretamente desde el año 1928 hasta 1980, fecha en la que cierra definitivamente sus puertas como consecuencia de la política de concentración escolar que traslada a los niños de Parderrubias al Grupo Escolar de A Merca, en donde se concentraron todos los escolares de las escuelas unitarias del Ayuntamiento, en concreto, los de Corbillón, Entreambosríos, Faramontaos, Fontao, Forxás, A Manchica, A Merca, A Mezquita, Olás de Vilariño, Parderrubias, Pereira, Proente, Solveira, Vilachá y Zarracós. La Ley General de Educación propone la agrupación de los alumnos de los diferentes pueblos en centros de mayor capacidad con instalaciones y servicios más adaptados a los nuevos tiempos. Esta concentración trajo consigo a su vez el traslado de los docentes que regentaban las antiguas escuelas rurales.

Originalmente, el nuevo pabellón escolar fue diseñado para acoger en dos aulas independientes a la Escuela de Niños y a la Escuela de Niñas, regentadas por un maestro y una maestra, respectivamente. Así funcionará la Escuela hasta finales del curso escolar 1968/69, pues en el siguiente, 1969/70, se convierte en Escuela Mixta de Parderrubias. No disponemos de datos precisos acerca de los primeros maestros que impartieron docencia en la escuela. Sí sabemos que en el año de su inauguración estaba como maestro Don Manuel Méndez Gallego. Por los registros de visitas de la Inspección Educativa y por los Registros Escolares que se conservan desde el año 1939, podemos afirmar que entre 1939 y 1947 fue maestra en la Escuela de Niñas Doña Concepción Vázquez Feijoo, a la que sucedió Doña Delia Iglesias Rodríguez hasta el año 1954, cuando toma posesión Doña Catalina López Cid. En el año 1962 se hizo cargo de la plaza Doña Encarnación Garrido Enríquez, que la regenta hasta el curso escolar 1968/69, último en el que funcionan las escuelas de niños y niñas de manera separada. En el curso siguiente se crea la Escuela Mixta de la que se hace cargo Don Isolino Camba Casas, que era el maestro hasta esa fecha de la Escuela de Niños, y cuya figura ha sido descrita por Outomuro Seara (2015) en este mismo Blog; véase https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/11/27/e14-don-isolino-camba-casas-1913-2001-por-manuel-outumuro-seara/

Son más escasos los datos que disponemos acerca de los maestros de la Escuela de Niños. Se sabe que durante el curso escolar 1946/47 ejercía dicha labor Don José Rodríguez Portela (O co) que continuó hasta el curso 1953/54. Para el curso 1956/57 fue destinado Don José Martínez Sousa, ya con 65 años de edad y 41 de servicios, que estuvo dos años regentando dicha Escuela. En el curso 1958/59 se incorpora oficialmente a la misma Don Isolino Camba Casas, aunque ya se había hecho cargo de la Escuela durante parte del curso anterior. Desde ese año 1958 y hasta su cierre en 1980, Don Isolino fue el único maestro de la Escuela de Parderrubias.

La formación que se impartía

A lo largo de su historia, la Escuela de Parderrubias fue testigo de la vigencia de tres grandes leyes sobre Educación Primaria en España. Todas ellas coincidían en que el inicio de la etapa escolar obligatoria era a la edad de 6 años, por lo que todos los niños del pueblo comenzamos la escolarización a esa edad. En 1857 se promulga la Ley de Instrucción Pública (Ley Moyano) que estructura la Educación Primaria en dos etapas: Elemental (6-9 años) y Superior (9-12 años). En 1945 entra en vigor la Ley de Enseñanza Primaria, que establecía la obligatoriedad de la educación hasta los 12 años, la cual sería gratuita y separada por sexos. Esta Ley constituía un claro reflejo de la ideología franquista, por lo que la educación que recibían los alumnos era confesional, patriótica, social, intelectual y profesional. Ejemplo de ello es la circular que la Delegación Local de Juventudes de La Merca envía a la Maestra de Parderrubias con motivo de la celebración del Día de la Madre del año 1958, la cual transcribimos literalmente:

El próximo 8 de diciembre, fecha en que se celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción, se conmemora en toda España el día de la Madre. Día este que ha de servir para rendir homenaje de admiración y cariño a la Madre española, centinela permanente de las mejores virtudes de nuestro pueblo. En atención a ello, se organizarán en las Escuelas los siguientes actos:

1º.- Se celebrará en cada Escuela un acto religioso en el que se rendirá homenaje a la Virgen María en la advocación que patrocine la localidad.

2º.- Todos los niños y niñas, que sepan hacerlo, escribirán una sencilla carta de felicitación a la tía “Ma” (Doña María Jesús Primo de Rivera y Orbaneja) que durante tantos años sustituyó a la madre muerta, de la que José Antonio escribió en su testamento: “Cuya maternal abnegación y afectuosa entereza no podremos pagar con tesoros de agradecimiento”. La mencionada carta se remitirá con franqueo ordinario a la siguiente dirección: Paseo de Recoletos, nº 37, Madrid, antes del día 6.

3º.- En todas las Escuelas se abrirá una suscripción a la que deberán contribuir todos los niños con VEINTICINCO céntimos, y que tiene por finalidad proceder a la compra de un obsequio que el día 8 se entregará personalmente a Doña María Jesús Primo de Rivera. El importe de esta suscripción deberá tener entrada en la Jefatura Local del Movimiento de La Merca (Casa Consistorial) antes del día CINCO, al objeto de proceder a su envío urgente.

4º.- Se exhortará a los niños para que en este día obsequien a sus madres respectivas con un pequeño regalo.

5º.- Antes del día 13 próximo deberá enviar a esta Jefatura Local, cada Maestro(a), una memoria detallando los actos realizados y en la que se harán constar expresamente los siguientes extremos: a) número de cartas remitidas a Doña María Jesús Primo de Rivera. b) Número de niños que han contribuido a la suscripción en su homenaje. c) Número de niños asistentes a actos religiosos. d) Otros actos celebrados.

Por Dios, España y su Revolución Nacional Sindicalista.

La Merca, 3 de Diciembre de 1958.

El Delegado Local. Fdo. M.S.R.

Vº. Bº. El Jefe Local del Movimiento. Fdo. S.J.G.V.”

En 1970, con Villar Palasí como Ministro de Educación, se promulga la Ley General de Educación que propone la Educación General Básica (EGB) de los 6 a los 14 años, con carácter obligatorio y gratuito. Estaba organizada en dos etapas: Primera Etapa (de Primero a Quinto, de los 6 a los 11 años) y Segunda Etapa (de Sexto a Octavo, de 12 a 14 años). Un hecho bastante común en Parderrubias era que, entre los 10-12 años, muchos niños pasasen a completar sus estudios al Seminario Menor y las niñas a las Josefinas. Otros, una vez finalizado el periodo escolar obligatorio, comenzaban a trabajar como aprendices de oficios característicos de la comarca como carpinteros o albañiles, o se incorporaban a las tareas de la labranza.

La Ley Moyano incluía como materias de estudio Lectura, Escritura, Principios de Gramática, Principios de Aritmética, Doctrina Cristiana, y Nociones de Agricultura, Industria y Comercio. La Ley de 1945 las agrupaba en tres apartados: Instrumentales (Lectura, Expresión Gráfica: Escritura, Redacción y Dibujo, y Cálculo), Formativas (Religión, Formación del Espíritu Nacional –incluía Geografía e Historia-, Lengua Nacional, Matemáticas y Educación Física) y Complementarias (Ciencias Naturales, Artísticas: Música, Canto y Dibujo, y Utilitarias: Trabajos Manuales, Talleres y Labores). Por último, la Ley de 1970 incluía las materias de Lengua Castellana, Matemáticas, Conocimientos del Mundo Social y Cultural, Conocimiento del Mundo Físico, Formación y Expresión Artística, Educación Física, Deportiva y para la Salud, y Formación Cívico-Social (Egido Gálvez, 1994).

El idioma que se usaba de manera oficial en la Escuela era el castellano. El gallego se empleaba para comunicarse entre sí los alumnos y, en ocasiones, con el Maestro. El currículum escolar no incluía la lengua gallega, nuestra lengua materna, y en los libros escolares apenas existían referencias culturales o históricas a la cultura gallega. La Dictadura lo había prohibido y se tuvo que esperar hasta la llegada de la democracia a nuestro país a que esto cambiase.

Los alumnos

Durante el período comprendido entre 1940 y 1959 se produjeron en Parderrubias 157 nacimientos, es decir, un promedio de 7,85 por año (Sierra Freire, 2016a). De 1960 a 1979 el promedio baja a los 5,15 nacimientos anuales (Sierra Freire, 2016b). Estos datos ponen de manifiesto que la población infantil en Parderrubias era muy numerosa. Era habitual que cada familia tuviese un promedio de 2-3 niños en edad escolar. Los registros escolares, tanto de la Escuela de Niños como de la Escuela de Niñas, dan fe de este hecho. En ellos se aprecia que era habitual superar los 30 alumnos por año escolar en ambas aulas. La Figura 1 permite observar la evolución del número de alumnos matriculados entre los cursos escolares 1953/54 y 1979/80; en el caso de los niños, el registro comienza en el curso 1956/57. Se aprecia como la matrícula presenta un descenso paulatino hasta inicios de la década de los años 70, fecha en la que la Escuela se convirtió en Mixta y momento en el que llegan a la Escuela los niños del fenómeno baby boom experimentado en Parderrubias en el año 1967 (Sierra Freire, 2016b).

Matrículas
Figura 1. Evolución de las matrículas en la Escuela de Niños y en la Escuela de Niñas

A continuación, a partir de los registros escolares, listamos a los alumnos de Don Isolino Camba Casas. Aparecen agrupados por décadas, según el orden de registro, desde el curso escolar 1957/58 hasta 1979/80. En la década de los años cincuenta iniciaron sus estudios en la Escuela 50 niños: Manuel Grande Fernández, Aurelio González Fernández, Bautista Garrido Fernández, José Fernández Santos, Alfredo Fernández Seara, José Grande Casas, Jesús Fernández Iglesias, Avelino Sierra Fernández, Fernando Pérez Fernández, Virgilio Outumuro Fernández, Antonio Lorenzo Seara, Isidro Grande Fernández, José Seara Iglesias, Isolino González Rodríguez, Sergio Grande Casas, José Seara Grande, Serafín Grande Seara, Manuel Sierra Fernández, José Lorenzo González, Claudino Grande Casas, Manuel Outumuro Casas, Manuel Lorenzo González, Adolfo Grande Justo, José Grande Fernández (hijo de Eliseo y Hortensia), José Grande Fernández (hijo de José y Aurora), Isolino Outumuro Fernández, Fernando Sampedro Justo, Benito Suárez Gulín, Nicanor Lorenzo González, Celso Grande Seara, Jaime Freire Seara, Manuel Suárez Gulín, Cesáreo Grande Casas, Adolfo Outumuro Seara, José Luis Fernández Seara, Adolfo Sueiro González, José Iglesias Lorenzo, José Outumuro Seara, José Manuel Grande Justo, Celso Fernández Outumuro, Eliseo Fernández Outumuro, Manuel Currás Rodríguez, Manuel Outumuro Iglesias, Modesto González Fernández, Jaime Grande Casas, Serafín Grande Sierra, Evaristo Atrio Conde, Manuel Garrido González, José Fernández Feijoo y Celso Sueiro Domínguez.

En los años sesenta se matriculan 24 niños, incorporándose seis niñas a finales de la década, cuando la Escuela se convierte en Mixta: José Luis Camba Seara, José Pazos González, Eugenio Grande Sierra, Enrique Outumuro Seara, José Luis Garrido González, Manuel Rodríguez Garrido, Manuel Lorenzo Casas, David Outumuro Seara, Manuel Sampedro Grande, César González Fernández, Manuel Garrido Sampedro, Manuel Atrio Conde, Manuel Santos Daquinta, Manuel Outumuro Seara, Eladio Sampedro Grande, José Luis Grande Martínez, José Manuel Justo Grande, Manuel Rodríguez Rodríguez, José Benito Lorenzo Casas, Avelino Atrio Conde, Antonio Loureiro Grande, Manuel Pérez Seara, José Benito Díaz Conde, Juan Pablo Díaz Carnero, María Rosario Sampedro Grande, María Isabel Freire Seara, María Luz Quintas Outumuro, Angelines Quintas Outumuro, María Carmen Nanín Delgado y María José Garrido Sampedro.

Finalmente, en los años 70 inician sus estudios en la Escuela Mixta de Parderrubias 17 niñas y 20 niños: María Vicenta Outumuro Outumuro, Eliseo Manuel Vidal Grande, María José Outumuro Outumuro, Juan Carlos Sierra Freire, Rosa María Pazos Outumuro, María Cristina Outumuro Fernández, José Ramón Outumuro Outumuro, Benito Outumuro Outumuro, Alfonso Grande Pérez, José Antonio Outumuro Outumuro, José Nanín Delgado, José Javier Sierra Freire, José César Sierra González, María Sol Outumuro Grande, Ana María Outumuro Rodríguez, Carmen Rodríguez Rodríguez, María Josefa Crespo Díaz, María Luisa Seara Martínez, María José Fernández Feijoo, Aurora Outumuro Outumuro, Gonzalo Outumuro Rodríguez, Abelardo González Outumuro, José Ángel Outumuro Grande, María Sol Rodríguez Díaz, Rosa María Grande Madarnás, María Isabel Seara Martínez, Manuel Fernández Pérez, Antonio Seara Seara, Ramón Rodríguez Rodríguez, Julio Grande Seara, María José Fernández Pazos, María Nieves Lorenzo Estévez, Luis Carlos Martínez Outumuro, Jorge Luis Sierra González, Benjamín Cid Seara, María José Grande Rodríguez y José Grande Atrio.

Los enseres y materiales escolares

Gracias al inventario del año 1949 llevado a cabo en la Escuela de Niñas, podemos hacernos una idea más o menos clara del equipamiento escolar en esa época. Dicho inventario incluía una mesa de la profesora, un crucifijo, un cuadro de la Inmaculada, un cuadro de su Excelencia el Generalísimo, diez bancos bipersonales, dos bancos, una escribanía, una carpeta, un termómetro, una campanilla, un diccionario, un encerado, una silla, un lavabo, una regla, un mapa de España, una esfera terrestre, doce ejemplares de Europa (segundo manuscrito de Dalmau), ocho ejemplares de El Primer Manuscrito, seis ejemplares de Lecciones de Cosas, seis ejemplares de Lectura Mental y Activa, seis ejemplares de La Niña Instruida, cuatro ejemplares de Corazón, dos enciclopedias de grado elemental, cuatro ejemplares de Rayas (1º, 2º y 3º), seis ejemplares del  libro de lectura Cordialidades, seis libros del libro de lectura El Libro de las Niñas, quince tinteros, dos Obras del Padre Manjón y una bandera nacional. En ese año 1949 la maestra tenía un sueldo de 7.200 pesetas y la Escuela había recibido 150 pesetas para materiales.

Casi veinte años después, el equipamiento de la Escuela de Niñas seguía siendo muy similar. Así, en el curso escolar 1966/67 estaba compuesto por un crucifijo, un cuadro de la Inmaculada, uno del Generalísimo y otro de José Antonio, una mesa de la profesora, una escribanía, una campanilla, una silla de la profesora, una mesa plana, un brasero, dos banderas, tres bancos multipersonales, doce mesas bipersonales y tinteros, una esfera, un armario para libros, doce ejemplares de Anaquiños, Mi Costurero y del Libro de las Niñas, doce ejemplares de El Primer Manuscrito, de El Segundo Manuscrito y de Cordialidades, doce ejemplares de María la muy Amada, diez ejemplares de Ingenuidades, cuatro mapas deteriorados, un mapa físico y otro político de España, cuatro mapas (Asia, África, Europa y América del Norte), un diccionario, un libro de Evangelios, un sello con tampón, dos libros del maestro, dos ejemplares de Sugerencias y Ejercicios (1º y 2º grado), Obras del Padre Manjón, útiles de la leche y un juego de compás, escuadra, semicírculo y regla.

Por lo que respecta a la Escuela de Niños, en el año 1956 disponía de una mesa escritorio, una silla, dieciséis mesas bipersonales, cuatro bancos ordinarios, un crucifijo, un cuadro de la Purísima, un cuadro del Generalísimo, una bandera, un reloj de pared, seis Obras del Padre Manjón, seis ejemplares de Mosaico, dieciséis Manuscritos, nueve ejemplares de El Primer Manuscrito, tres ejemplares de Geografía, doce libros de lectura, doce ejemplares de Historia Sagrada, diez ejemplares de Urbanidad, cinco enciclopedias, cinco ejemplares de Aritmética, tres ejemplares de Lecciones de Cosas, un sello, seis pizarras y un cántaro de agua.

El inventario de 1970 de la Escuela de Niños incluye un crucifijo, dos banderas nacionales, diez mesas bipersonales, una mesa, una silla, un armario, un reloj de pared, una esfera, diez mapas en tela, treinta y cuatro ejemplares de Santos Españoles, de Ingenuidades y de Patria, ocho ejemplares de Estampas del Quijote, dieciséis ejemplares de Lecturas de Oro y de Rueda de Espejos, ocho ejemplares de Anaquiños, doce ejemplares de Copito y Yo y de Estampas Evangélicas, cinco ejemplares de Obras del Padre Manjón, dos láminas de plástico, un termómetro, una brújula, un juego de regla, escuadra, semicírculo y compás, un atlas bachillerato, dos diccionarios, un proyector con voltímetro, una biblioteca de 130 volúmenes con vitrina, una estufa butano Super Ser y dos bombonas.

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El complemento alimentario

Los lectores más jóvenes se preguntarán que hacían o qué función tenían unos útiles para la leche en una escuela de la época. Hay una explicación. La posguerra española duró prácticamente dos décadas. Hasta bien entrada la década de los años cincuenta no se pudieron recuperar los niveles alimenticios de antes de la guerra, siendo los niños uno de los colectivos más damnificados. La recuperación se debió en parte a la ayuda alimenticia de Estados Unidos al pueblo español que se llevó a la práctica, entre otras vías, a través de las Escuelas Nacionales. Este complemento alimentario que recibían los niños en la Escuela consistía en leche en polvo, mantequilla y queso, productos que muchos escolares comenzaron a tomar por primera vez gracias a este programa denominado Ayuda Social Americana. Cada Escuela recibía estos productos y los maestros se responsabilizaban de que los niños tomasen su ración diaria en el recreo. Este programa se estuvo aplicando entre 1955 y 1967. La leche se hacía en un recipiente de porcelana o cinc en el que se removían las porciones de polvo y agua indicadas. Habitualmente, esta tarea la realizaban los alumnos mayores. El queso tenía un color anaranjado y venía en latas doradas de 5 kg. La mantequilla se recomendaba por tratarse de un alimento altamente energético, de manera que “su combustión produce el calor y la fuerza que precisa el niño, en constante movimiento” y por ser portadora de “vitaminas disueltas (vitaminas hiposolubles) indispensables para el buen crecimiento”. Las raciones consistían en 0,25 gramos de leche en polvo, 0,30 gramos de queso y 0,10 gramos de mantequilla.

La Inspección de Enseñanza Primaria de Orense publicó en el año 1955 las normas para implantar el complemento alimenticio en las escuelas de la provincia, creándose el Servicio Escolar de Alimentación (SEA) para gestionar esta actividad. En esta primera fase el complemento consistía en un cuarto de litro de leche diario por alumno. Estas normas eran:

Primera: El complemento alimenticio se facilitará a todos los alumnos matriculados en la Escuela. Solamente se exceptuarán aquellos que así lo indiquen sus padres o tutores, ante prescripción facultativa en contrario. Segunda: Se servirá a mitad de la sesión escolar, preferentemente en la de la mañana, aprovechando el tiempo de recreo. Tercera: El complemento no suplirá ninguna clase de comida de los alumnos. Cuarta: Se facilitará completamente gratuito. Quinta: El SEA facilitará la cantidad precisa de leche en polvo, previas la formalidades que se indiquen. La primera cantidad corresponderá al número de alumnos matriculados para cuarenta días lectivos a base de 25 gramos de leche en polvo por día y alumno.

Desde el SEA se hacían las recomendaciones pertinentes para la conservación de los sacos de leche en polvo en las escuelas. Se solicitaba guardar los envases en sitios secos, lejos de otros alimentos o sustancias que tuviesen olores fuertes y abrirlos solo una vez al día. Para su preparación se pedía diluir un volumen de leche en siete volúmenes iguales de agua, es decir, un kilogramo de leche en polvo por nueve litros de agua. Se disolverá en agua caliente, sin necesidad de hervirla pues la leche en polvo está esterilizada. Una vez preparada debe ser inmediatamente consumida o, en su defecto, guardada en una nevera. En cuanto a la distribución de la leche:

Primero: Debe facilitarse a los niños, sobre todo en invierno, a una temperatura templada, nunca caliente, ya que como se sabe, los líquidos calientes actúan frecuentemente como vómitos. En época de verano, puede facilitarse fría. Segundo: Debe asegurarse en todo momento la higiene, tanto en la preparación como en la distribución. Para eso se recomiendan vasos de cristal liso y, a ser posible, que cada niño tenga el suyo. Tercero: Dada la preparación de la leche en polvo que se facilita, no es preciso agregarle azúcar, pues aunque ello es más agradable, tiene el inconveniente para el niño, que el azúcar, en grandes dosis, contribuye a la caries. Cuarto: Puede administrarse sola o a continuación de otros alimentos en caso de bocadillo a media mañana. Quinto: El complemento alimenticio deberá tomarse por los niños sin que supla ninguna de las comidas ordinarias, y siempre que haya transcurrido de dos a tres horas de la comida anterior o de la siguiente. Sexto: Debe acostumbrarse a los niños a tomar la leche a pequeños sorbos, pues así la digerirá mejor”.

En cuanto al menaje que se precisaba para tal tarea se sugería un hornillo eléctrico, un recipiente, a ser posible de porcelana, una cuchara o batidora de madera para la elaboración y una jarra para distribuir la leche a los vasos individuales.

En octubre de 1955 el SEA emite una circular dirigida a los Maestros Nacionales en el que se abordan las normas relativas a la distribución de mantequilla.

Primera. Se facilitará a cada niño una ración diaria de 10 gramos de mantequilla. Una cantidad mayor está contraindicada. Se extenderá sobre pan, galletas o similares, y ha de ser consumida en la misma Escuela, preferentemente al mismo tiempo que la toma de la leche.

Segunda. La mantequilla facilitada, procedente de la Ayuda Social Americana, es de sabor ligeramente salado, color amarillo y sin olor perceptible. Está preparada en envases metálicos con un peso neto de 2.700 gramos (bruto 3.040).

Tercero. Los envases con mantequilla deben guardarse en sitio fresco. Una vez abiertos, para lo que deberá usarse el abrelatas con las debidas exigencias higiénicas, se cubrirá totalmente en agua la mantequilla, debiendo renovarse aquélla cada día.

Cuarta. Se observará la máxima limpieza, tanto en la distribución como en la preparación.

Quinta. Solo es contraindicada en aquellos escolares enfermos, con diarrea, los que no suelen ni deben asistir a la Escuela”.

En el caso de la Escuela de Parderrubias, tal como certifica una circular del año 1958, los suministros eran retirados de los almacenes del Señor Conde en A Merca. En noviembre de 1955, en la Escuela de Niñas se reparten 576 raciones de leche y 264 de mantequilla a un promedio de 24 escolares; en octubre de 1958, se distribuyen 780 raciones de leche y 120 de queso. En octubre de 1962, Don Isolino Camba Casas reparte en la Escuela de Niños 450 raciones. En febrero de 1963 Doña Encarnación Garrido Enríquez distribuye 300 en la Escuela de Niñas a 12 escolares. El periódico semanal El Magisterio Español señalaba el 8 de octubre de 1958 que “según comprobaciones científicas realizadas, los niños beneficiados superan en peso y en talla a los mejor alimentados y de desarrollo normal, habiéndose equiparado a todos los niños, tanto de clases acomodadas como de condición humilde, en sus posibilidades de desarrollo físico”.

La labor social

Aparte del complemento alimentario que los escolares recibían a través de la Escuela, ésta también tuvo un papel importante en otras obras de ayuda social, que bien iban dirigidas a los propios alumnos o se gestionaban a terceros a través de la Escuela. El centro escolar recibía ayudas en concepto de Ropero Escolar. En septiembre de 1965 se obtienen once ayudas por un importe de 400 pesetas y tres de 200, que son invertidas en uniformes para los niños. La selección de los niños que se beneficiaban del ropero la realizaba un Jurado integrado por el Maestro, un representante de los padres de familia con niños en la Escuela y un representante del Ayuntamiento. Las ayudas estaban formadas por lotes de calzado, pantalones, vestidos, prendas de abrigo, prendas de uso interior o prendas de uniforme.

La Escuela también jugaba un papel relevante en las campañas de Navidad y Reyes de la época dirigidas a la recaudación de donativos. Así lo atestigua la circular que el Alcalde de A Merca dirige a la Señora Maestra de la Escuela de Parderrubias el 12 de diciembre de 1958.

A fin de dar cumplimiento a la Circular del Excmo. Sr. Gobernador Civil de esta provincia, sobre suscripción para la Campaña de Navidad y Reyes 1958-59, y a lo acordado por la Junta Municipal Pro-Campaña de Navidad y Reyes, esta Alcaldía, una vez más, ruega a Vd. tenga bien ponerse al habla con el Sr. Cura Párroco de esa localidad, Presidente de la Junta Parroquial, a fin de recaudar los donativos que a tal efecto entreguen los vecinos de esa localidad.

Espero tome este asunto con sumo interés y preste su valioso auxilio al Sr. Cura Párroco y al Alcalde de Barrio de esa localidad para conseguir que los vecinos de esa Parroquia entreguen todos sus donativos en la cuantía que buenamente les sea posible, para engrosar los fondos de la suscripción Pro-Campaña de Navidad y Reyes y Aguinaldo del Combatiente, donativos que han de ser destinados a fines altamente humanitarios y cristianos.

Dios guarde a Vd. muchos años. La Merca, 12 de Diciembre de 1958. El Alcalde”.

En 1964 la Escuela canaliza la solicitud de ayuda económica realizada a los escolares de Parderrubias para costear el Paso de los Niños (popularmente conocido como la Borriquita) que cada Domingo de Ramos procesiona por las calles de Ourense.

Se va a comprar un Paso para la procesión de domingo de Ramos al que por radicar en la catedral se atribuirá alcance diocesano. Desea el prelado que lo adquieran los niños para que en torno a él se reúnan todos, incluidos los de los pueblos que en tal fecha se trasladan a la capital y juntos, con palmas y corazón gozoso, acompañan a Jesucristo por las calle de Orense, en recuerdo y repetición del homenaje tributado al Salvador en Jerusalén. Lo recaudado en el Ayuntamiento no llegará a la mitad de su importe. Por esto hacemos una llamada a los niños de la diócesis, por conducto de sus Maestros, para que aporten donativos en metálico, remitiéndolos directamente a la Inspección. Muchas escuelas de fuera del municipio orensano han dado ya el ejemplo espontáneamente. Los envíos se publicarán en La Región y deben ser remitidos en breve plazo, pues el paso saldrá pronto de las manos del artista compostelano que aceptó su construcción para ser utilizado en la Semana Santa de este mismo año de 1964, concretamente el día 22 de marzo. Los donativos de los niños podrán ser pequeños si son conscientes, sinceros. Con muchos pocos se podrá alcanzar la meta. Inspección de Enseñanza de Orense”.

La Escuela de Parderrubias también contribuía económicamente a las Obras Misionales Pontificias, institución de la Iglesia cuyo objetivo era apoyar la actividad misionera en regiones no cristianas. Así, el Secretariado Diocesano de Misiones recibe de la Escuela de Niños de Parderrubias 600 pesetas el 5 de junio de 1967 y 770 el 27 de febrero de 1969, y de la Escuela Mixta, el 20 de marzo de 1970, otras 600 pesetas. Para hacernos una idea de la cuantía de estas ayudas tomemos como referencia el coste que tenían en el año 1968, en Parderrubias, algunos productos básicos en la tienda de Paulino Sierra: 6,80 pesetas una “moña” de pan, 15,50 un kilo de azúcar, 11,50 una pastilla de jabón La Toja y 122 una bombona de butano.

Los recuerdos

Los recuerdos de la Escuela de Parderrubias son los recuerdos de nuestra niñez, aquellos que quedaron grabados en nuestra memoria y que nos acompañarán durante toda nuestra vida.  Valgan las siguientes líneas como muestra de algunos de los que conservan los autores de este trabajo.

“Apenas tengo recuerdos de mi primer día en la escuela. Eso sí, no lo recuerdo como algo traumático, quizás porque tenía la ventaja de que el maestro era mi padre. Recuerdo que había niños mayores cuando empecé. Recuerdo aquellos pupitres de madera en los que mis pies no alcanzaban el suelo, así como el pizarrín que se caía y se colaba entre las rendijas de las tablas de madera. Aquel enorme encerado negro que casi revestía toda la pared, y aquella pelotita de gorila que venía con los zapatos y que era nuestro gran balón en los emocionantes partidos de fútbol. Las partidas de peonza y el juego del aro que tan bien se le daba a los otros niños y que yo no llegué a dominar hasta pasado mucho tiempo. También recuerdo que yo quería ir a la escuela como los demás niños antes de que empezaran las clases a jugar con ellos y mi padre no me dejaba. Recuerdo, como no, la leche en polvo que había que remover en una enorme perola de latón rojo y después lavar los vasos que cada uno utilizaba. A la mayoría de los niños no les gustaba, quizás porque la leche de su casa era infinitamente mejor que aquel mejunje. No recuerdo haber pasado frío en la escuela, en parte por aquella estufa de hierro que caldeaba algo aquel frío local, aunque eso sí mucho más confortable que el de al lado que utilizaban las niñas. Me viene a la mente la fila para entrar en la escuela, las oraciones que rezábamos y el tintinear de aquel reloj de pared que marcaba las horas de nuestro tiempo. Uno de los recuerdos no grato que tengo es cuando el Maestro, mi padre, castigaba de rodillas a algunos niños por pelearse o también por coger los huevos o las crías en los nidos de los pájaros. Igualmente recuerdo aquellos laboriosos y a veces tediosos ejercicios de escritura con la pluma de tinta que ponían a prueba nuestra destreza y cómo eliminábamos los borrones, que se hacían cuando no calculábamos bien la tinta, con un papel secante para minimizar el fatídico manchón. Recuerdo la Enciclopedia Álvarez y los libritos de Anaquiños que tanto me gustaban. También recuerdo el día siguiente a la fiesta del pueblo, que se celebraba en nuestro patio de recreo, buscando monedas con la ilusión de encontrar las de una peseta que el día anterior podía haber perdido algún incauto. Me acuerdo cómo en algunos días del duro invierno iba con mi padre a la Escuela por un sendero estrecho hasta O Cruceiro de O Trabazo para no pisar así el enorme barrizal que se hacía en los caminos de O Outeiro. Otros días lo hacíamos pasando por La Cueva, que tanto misterio irradiaba. Pero, sin duda, mi mejor recuerdo es que aquella fue una etapa muy feliz, quizás la más feliz de mi vida” (José Luis Camba Seara).


Cuando aquel día de principios del mes de septiembre de 1972, con seis años, crucé por primera vez el umbral de su puerta únicamente quedaba habilitada el aula de la izquierda, pues la de la derecha, la antigua Escuela de Niñas, se había convertido en un almacén-trastero que siempre despertó nuestra inocente curiosidad. Hacía ya dos cursos que venía funcionando la Escuela Mixta. Niños y niñas compartíamos pupitres. Mi padre, que de aquellas tenía 39 años, había solicitado mi ingreso en la Escuela Mixta de Parderrubias adjuntando un Informe Médico firmado por el Doctor Azpilcueta (el médico de A Merca de toda nuestra infancia) en el que se acreditaba, una vez debidamente reconocido, que un servidor no padecía enfermedad contagiosa alguna y que me encontraba vacunado y revacunado contra la polio, tosferina, tétanos y difteria. Curiosamente quedé matriculado con el número 13, el número sagrado de Los Mayas, el Oxlajuj, es decir, el origen del Universo. La Ficha de Clase de ese primer curso académico 1972/73 registra los siguientes datos físicos del alumno Juan Carlos Sierra Freire: 1,08 m. de talla, 20 kg. de peso, agudeza visual normal, ninguna deficiencia orgánica ni motórica. En cuanto a las aptitudes, el alumno Juan Carlos presenta inteligencia despierta, atención buena, memoria buena, imaginación viva, aptitudes psicomotrices normales, hábitos buenos, actitudes, comportamiento y sociabilidad buenas, intereses normales. Por lo que respecta a los rasgos personales más destacados cabe señalar los de ser formal, ordenado y responsable. Ese primer día de escuela me fueron a recoger a casa José Luis y su hermana María José, hijos del Señor Maestro, Don Isolino. Ellos me regalaron y me hicieron entrega de mi primer maletín, y con él me fui feliz y, a su vez, repleto de responsabilidad, hasta O Trabazo, lugar en donde estaba ubicada la Escuela. Posteriormente, muchas mañanas esperaba al Señor Maestro y le acompañaba hasta la Escuela. Con el paso del tiempo dejamos de ser parvulitos y ya partíamos solos mi hermano Javi y yo por el sendero que había detrás de la casa hasta O Outeiro y, desde allí hasta, O Trabazo. La jornada escolar comenzaba a las 10 de la mañana y se interrumpía a las 13 para el almuerzo, reanudándose a las tres de la tarde para ponerle fin a las cinco, después del obligatorio “Usted lo pase bien” al Señor Maestro. El aula era rectangular con grandes ventanales en el lateral izquierdo, los cuales en las oscuras mañanas de invierno no eran suficientes para proporcionar la necesaria luz natural, por lo que había que encender aquellas bombillas que colgaban del techo y que daban una luz amarillenta que proporcionaba una sensación de seguridad y bienestar que todavía recuerdo. Al fondo se encontraba la mesa del maestro y detrás un enorme encerado negro al que hacían guardia un crucifijo, un cuadro de la Inmaculada Concepción y dos retratos, el de Francisco Franco y el de José Antonio Primo de Rivera, que la verdad nunca me paré a preguntar por qué estaban allí colgados de la pared mirándonos fijamente. También había un mapa político de aquella España de los años 60 y principios de los 70 que servía de fondo al retratista que anualmente nos visitaba para dejar constancia de nuestro paso y nuestra evolución por la Escuela. Los pupitres eran dobles con una ligera inclinación, con una hendidura para los lapiceros y agujeros para colocar los tinteros, que yo no recuerdo utilizar, pues los tiempos habían cambiado y uno aprendió ya a escribir en pizarra individual y con pizarrín. En la Escuela Mixta de Parderrubias permanecí durante cinco cursos académicos, de 1972 a 1977, es decir, hasta Quinto de Educación General Básica (EGB): cursos 1972/73, 1973/74, 1974/75, 1975/76 y 1976/77. En el curso 1974/75 compartí bancos con colegiales de más edad que yo, como era el caso de Manuel Pérez, José Benito Lorenzo, Benito “O Caxote”, María José, Angelines y María Vicenta, y otros de mi edad, o más jóvenes, como el caso de Ité, Cristina, Rosamari, Elito, Marisol, Ana María, José César, Pepita, Ramón, Carmen, Tito, Lito, Alfonso, José Antonio, Lolín, José Ramón, María Luisa y mi hermano Javi. Siempre me pregunté como el Señor Maestro era capaz de dosificar la docencia que cada uno necesitábamos teniendo delante tal disparidad de edades. Durante esos años cursé nueve asignaturas por año: cinco de las áreas de Expresión y cuatro de las áreas de Experiencia. En concreto, Lengua Española, Área Matemática, Área Plástica, Formación Musical, Educación Física, Social y Cultural, Ciencias Naturales y Formación Religiosa. La calificación global de los distintos cursos fue de Sobresaliente en Primero, Segundo y Quinto, y notable en Segundo y Tercero. El 22 de junio de 1977 ponía fin a mi etapa escolar en la Escuela Mixta de Parderrubias. En ese último curso compartí bancadas con José César, Marisol, José Ramón, Tito, Carmen, María Luisa, Ité, Cristina, Rosa Mari, María Vicenta, Ana, Manolito, José Antonio, Benjamín, Julio, Rosiña, Maribel, Lito, Lolín, Mari Nieves, Gonzalo, Ramón, Pepita y mi hermano Javi. Ese día de junio regresé a casa con un maletín cargado a rebosar de recuerdos, mucho más grande que el que llevé orgulloso el primer día, obsequio de María José y José Luis. De la Escuela de Parderrubias recuerdo ejercitar la caligrafía con pizarra y pizarrín, y como no, con los cuadernos Rubio. Recuerdo aprender a sumar y a restar con palitos meticulosamente elaborados por el Señor Maestro a partir de sarmientos o con habas. Recuerdo escribir al dictado. Recuerdo enamorarme de la historia de España brillantemente contada por el Señor Maestro. Me quedaron grabadas, por ejemplo, las hazañas de Viriato o la gesta de Guzmán el Bueno en Tarifa; eran historias contadas de manera tan vívida que me hacían viajar en el tiempo. Recuerdo llevarme a casa libros de cuentos en vacaciones para ilusionarme con el mundo de Los Tres Cerditos, Pulgarcito, o Blanca Nieves y los Siete Enanitos. Recuerdo organizar el Día del Domund para ir ese domingo por las casas del pueblo solicitando unas monedas para introducir en la ranura de la cabeza de aquel negrito al que todos llamábamos chinito. Recuerdo la ilusión de la Navidad adornando en la escuela el pino que íbamos a cortar al monte. Recuerdo las proyecciones de filminas con el famoso Enosa 300. Recuerdo que en el recreo jugábamos a la cadena, a la rayuela (que no sé porque le llamábamos truco), a las canicas,… Recuerdo,… recuerdo tantas cosas”. (Tomado del libro Natus sum in Parietes Rubias, que próximamente publicará el segundo autor de este artículo).


Referencias

Egido Gálvez, I. (1994). La evolución de la enseñanza primaria en España. Tendencias Pedagógicas, 1, 75-86.

Outumuro Seara, M. (2015). Don Isolino Camba Casas (1913-2001). Recuperado de https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/11/27/e14-don-isolino-camba-casas-1913-2001-por-manuel-outumuro-seara/, el 8 de marzo de 2017.

Sierra Freire, J.C. (2015). Noticias de Sociedad de Parderrubias siglo a siglo. Recuperado de https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/10/13/e9-noticias-de-sociedad-de-parderrubias-siglo-a-siglo/, el 7 de marzo de 2017.

Sierra Freire, J.C. (2016a). Aquel Parderrubias de la Posguerra. Recuperado de https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/02/13/aquel-parderrubias-de-la-posguerra/, el 11 de marzo de 2017.

Sierra Freire, J.C. (2016b). Los prodigiosos años 60 y 70: sueños del futuro. Recuperado de https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/04/29/e32-los-prodigiosos-anos-60-y-70-suenos-del-futuro-por-juan-carlos-sierra-freire/, el 11 de marzo de 2017.

Nota. Las fotografias de la mayoría de los libros que aparecen en este artículo se han tomado de la Web todocoleccion (http://www.todocoleccion.net/index_test_1.cfm)

E39. Fauna de Parderrubias. Por Juan Carlos Sierra Freire

E39. Fauna de Parderrubias. Por Juan Carlos Sierra Freire

Parderrubias se caracteriza por poseer grandes extensiones agrícolas y frondosas áreas de monte que posibilitan una enorme riqueza faunística. Outumuro (2015), en este mismo Blog (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/09/20/toponimos-en-la-parroquia-de-parderrubias-por-tino-outumuro/) señala diversas zonas de cultivo, “toxeiras” y monte comunal, llegando a listar hasta un total de 38 lugares diferentes. En este documento, tomando como referencia datos de la Consellería del Medio Rural de la Xunta de Galicia, enumeramos y damos a conocer las distintas especies que integran la fauna de Parderrubias. En primer lugar, se presentan los mamíferos, a continuación las aves y, por último, los reptiles y anfibios que pueblan nuestro territorio.

Mamíferos

Entre los mamíferos encontramos el lobo (canis lupus), el raposo (vulpes vulpes), la algaria (genetta genetta), la garduña (martes foina), el furón (mustela putorius), el gato bravo (felis sylvestris), el xabarín (sus scrofa), el teixugo (meles meles), el corzo (capreolus capreolus), la lebre (lepus capensis) y el coello (oryctolagus cuniculus), el ourizo cacheiro (erinaceus eropaeus), la donicela (mustela nivalis), el esquío (sciurus vulgaris), el rato (apodemus sylvaticus), la corta dos prados (microtus lusitanicus), la trilladeira dos prados (microtus agrestis), el furapresas (galemys pyrenaicus), la rata de auga (arvícola sapidus), el leirón careto (elyomis quercinus), la toupa cega (talpa occidentalis), el morcego común (pipistrellus pipitrellus) y el morcego pequeno de ferradura (rhinolophus hipposideros).

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Aves

Entre las aves que pueblan los cielos y montes de Parderrubias se llegan a enumerar más de cincuenta: aguia albela (circaetus gallitus), rapina cincenta (circus pygargus), gatafornela (circus cyaneus), falcón pelegrín (falco peregrinus), falcón pequeño (falco subbuteo), azor (accipiter gentilis), miñato común (buteo buteo), gavilán (accipiter nisus), cuco común (cuculus canorus), lagarteiro peneireiro (falco tinnunculus), curuxa común (tyto alba), moucho común (athene noctua), faisán común (phasianus colchicus), perdiz rubia (alectoris rufa), pombo torcaz (columba palumbus), rula común (streptopelia turtur), cegoña (ciconia ciconia), paspallás (coturnix coturnix), tordo galego (turdus philomelos), peto verdeal (pictus viridis), peto real (dendrocopos major), bubela común (upupa epops), merlo común (turdus merula), pega rabilonga (pica pica), corvo vivaraz (corvus corone), avenoiteira cincenta (caprimulgus auropeus), alavanco real (anas platyrhynchos), azulenta común (prunella modularis), gabeador común (certhia brachydactyla), anduriña de cu branco (delinchon común), anduriña dos penedos (prynoprogne rupestris), anduriña común (hirundo rustica), pica patinegra (anthus spinoletta), pica papuda (anthus pratensis), picafollas común (phylloscopus collybita), ferreiro abelleiro (parus major), ferreiriño común (parus ater), ferreiriño cristado (parus cristatus), ferreiro bacachís (parus caeruleus), estreliña riscada (regalus ignicapillus), carrizo (troglodites troglodites), paporrubio común (erithacus rubecula), reiseñor común (luscinia megarhynchos), rabirrubio tizón (phoenicuros ochruros), chasco común (saxicola torquatus), papuxa montesa (sylvia undata), papuxa paporrubia (sylvia cantillans), merlo rubio (monticola saxatilis), chasco rabipinto (saxicola rubetra), lavandeira branca (motacilla alba), lavandeira real (motacilla cinerca), pardal común (passer domesticus), xilgaro (carduelis carduelis), estorniño negro (sturnus unicolor) y liñaceiro común (linaria cannabina).

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Reptiles

La lista de reptiles es menos numerosa que la de las aves y los mamíferos. Entre ellos podemos encontrarnos al escáncer común (anguis fragilis), la cobra de colar (natrix natrix), el cobregón (malpolon monspesulanus), la cobra de auga (natrix maura), la víbora de seoane (vipera seonei), el lagarto das silvas (larceta schreibei), el lagarto ocelado (lacerta lepida), la lagartixa galega (podarcis bocagei) y la lagarta dos penedos (podarcis hispánica).

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Anfibios

Los anfibios que podemos observar en Parderrubias son el sapo cunqueiro (bufo bufo), el sapo raxado (discoglassus galganoi), la ra patilonga (rana ibérica), la ra verde (rana perezei), el limpafontes común (triturus boscai) y la píntega (salamandra salamandra).

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Referencias

Outumuro, T. (2015). Topónimos en la Parroquia de Parderrubias. Recuperado de https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/09/20/toponimos-en-la-parroquia-de-parderrubias-por-tino-outumuro/


A continuación se listas las páginas Web de las que se han tomado las fotografías incluidas en este documento.

Algaria: http://www.comunidadism.es/wp-content/uploads/2014/10/gineta.jpg

Coello: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/7/74/Oryctolagus_cuniculus_1a.JPG

Corta dos prados: http://www.fotonatura.org/galerias/fotos/usr24376/12439368Pg.jpg

Corzo: https://c1.staticflickr.com/6/5266/5638782266_88b1300ba8_b.jpg

Donicela: http://www.pbase.com/lindberg/image/97368603

Esquío: https://www.google.es/search?q=genetta+genetta&espv=2&biw=1920&bih=901&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwj25PTy-M7RAhVIyRQKHdnTD_IQ_AUIBigB#tbm=isch&q=sciurus+vulgaris&imgrc=_G1m5RJjiy8CxM%3A

Furapresas: http://www.rios-galegos.com/auganeiro2.jpg

Furón: http://www.biolib.cz/IMG/GAL/119939.jpg

Garduña: http://www.natur-portrait.de/images/upload/orig/SOL5IS.jpg

Gato bravo: http://www.eccentricbliss.com/wp-content/uploads/2013/10/IMG00155.jpg

Lobo: http://www.fotonatura.org/galerias/fotos/usr37018/14072250nl.jpg

Lebre: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/0/04/Lepus_capensis.jpg

Leiron careto: https://aparroquiadeparderrubias.files.wordpress.com/2017/02/5204e-elyomis2bquercinus-bmp.jpg

Lobo: http://www.publico.es/uploads/2016/03/11/56e31a99e8135.jpg

Morcego común: http://www.biolib.cz/IMG/GAL/65917.jpg

Morcego pequeno de ferradura: http://www.granadanatural.com/imagenes/fauna_fichas/mur-her-pe-w.jpg

Ourizo cacheiro: http://warehouse1.indicia.org.uk/upload/p15onh6fvhj2r1tgakeg6r21u0c2.jpg

Raposo: https://pgcpsmess.files.wordpress.com/2014/04/tumblr_miktxzi8mn1rtzgg3o1_1280.jpg

Rata de auga: http://www.rios-galegos.com/riosnat41.jpg

Rato: http://www.freenatureimages.eu/Animals/Mammalia,%20Zoogdieren,%20Mammals/Apodemus%20sylvaticus,%20Wood%20Mouse/Apodemus%20sylvaticus%2019,%20Bosmuis,%20Saxifraga-Rudmer%20Zwerver.jpg

Teixugo: https://c1.staticflickr.com/9/8649/28310040453_45162b6f78_b.jpg

Toupa cega: https://animal.cheloniophilie.com/wp-content/uploads/sites/6/2012/10/Talpa-europea.jpg

Trilladeira dos prados: http://www.freenatureimages.eu/animals/Mammalia,%20Zoogdieren,%20Mammals/Microtus%20agrestis/Microtus%20agrestis%204,%20Aardmuis,%20Saxifraga-Rudmer%20Zwerver.jpg

Xabarín:  http://www.hlasek.com/foto/sus_scrofa_ha5544.jpg

Aguia albela: https://i.ytimg.com/vi/jVbWNst6zuE/maxresdefault.jpg

Alavanco real: http://www2.montes.upm.es/Dptos/dsrn/aplicaciones/giai/includes/photo.php?path=pictures/20120417_3a8ed70c36e75d97680088781b0ff62e.jpg&size=800

Anduriña común: http://www.fenodato.net/images/especies/Hirundo_rustica/Hirundo_rustica_P.jpg

Anduriña do cu branco: https://aparroquiadeparderrubias.files.wordpress.com/2017/02/b897e-delich.jpg

Avenoiteira cincenta: https://aparroquiadeparderrubias.files.wordpress.com/2017/02/0b38e-chotacabras.jpg

Azor: http://static.panoramio.com/photos/large/22178718.jpg

Azulenta común: https://aparroquiadeparderrubias.files.wordpress.com/2017/02/c3de2-acentor.jpg

Bubela común: http://www.luontoportti.com/suomi/images/11614.jpg

Carrizo: https://aparroquiadeparderrubias.files.wordpress.com/2017/02/33ff3-dsc02383-1.jpg

Cegoña: http://www.fotonatura.org/galerias/fotos/usr29731/12426737fC.jpg

Chasco común: https://aparroquiadeparderrubias.files.wordpress.com/2017/02/ee9bc-img_0874r.jpg

Chasco rabipinto: https://c1.staticflickr.com/1/504/18080240244_4b8496c69c_b.jpg

Corvo vivaraz: http://www.hbw.com/sites/default/files/styles/ibc_1k/public/ibc/p/b00216-a48c1032s800.jpg?itok=J4tDEg9G

Cuco común: https://c1.staticflickr.com/6/5221/5797210384_6a44ccb12b_b.jpg

Curuxa común: https://c1.staticflickr.com/9/8752/16730243987_9decb409e6_b.jpg

Estorniño negro: https://aparroquiadeparderrubias.files.wordpress.com/2017/02/6f0e7-estornino-1.jpg

Faisán común: http://m6.i.pbase.com/o2/21/987221/1/143895406.mu7oFPvL.Fazant2006042702a.jpg

Estreliña riscada: http://www.ourwonders.eu/biologia/olympiada/obrazky/regulus_ignicapillus2.jpg

Falcón pelegrín: https://aparroquiadeparderrubias.files.wordpress.com/2017/02/3b8a3-posturita-blog.jpg

Falcón pequeño: https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/originals/15/cd/42/15 cd42563f0c4220b533ee0fa202d134.jpg

Ferreiro bacachís: https://i.ytimg.com/vi/dIzm_QAPoeA/maxresdefault.jpg

Ferreiriño común: http://www.asturnatura.com/photo/_files/photogallery/a2bc70336252a447e6364bfad88bc060.jpg

Ferreiriño cristado: https://www.miradanatural.es/imagenes/galeria/2/106/grandes/1201556723.jpg

Ferreiro abelleiro: http://www.fotonatura.org/galerias/fotos/usr8825/13170467Qf.jpg

Gabeador común: https://t3.kn3.net/taringa/3/5/6/0/3/5/Juandra2012/BA4.jpg

Gavilán: http://www.luontoportti.com/suomi/images/7042.jpg

Gatafornela: http://hidephotography.com/pic/Bence.Mate.HidePhotography.com.Circus.cyaneus.Hen.Harrier.Kekes.retiheja1.jpg

Labandeira branca: http://www.wildbirdgallery.com/images/birds/motacilla_alba/alba1.jpg

Lagarteiro peneireiro: http://www.luontoportti.com/suomi/images/7019.jpg

Liñaceiro común: http://m6.i.pbase.com/o2/93/924993/1/144049376.730R00s0.LinnetEN1G50251800.jpg

Merlo común: http://www.wildbirdgallery.com/images/birds/turdus_merula/merula_20130323_3670.jpg

Merlo rubio: http://www.oiseaux.net/photos/aurelien.audevard/images/monticole.de.roche.auau.5g.jpg

Miñato común: http://www.hbw.com/sites/default/files/styles/ibc_2k/public/ibc/p/_DSC9460.JPG?itok=hFs4jXYQ

Moucho común: https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/originals/70/6c/cd/706ccd14384b581d3c59303844fdb7d3.jpg

Pardal común: http://www.luontoportti.com/suomi/images/7031.jpg

Paporrubio común: http://warehouse1.indicia.org.uk/upload/o_19e1gs8ggh3ocv96v52li1ctt8.jpg

Papuxa montesa: https://avesdaria.files.wordpress.com/2016/11/papuxa_montesa_02.jpg

Papuxa paporrubia: http://m4.i.pbase.com/g1/46/749246/2/97268924.NaL80H59.jpg

Paspallás:  https://s-media-cache-ak0.pinimg.com/originals/38/10/e6/3810e6697f5ec6594169d73eebc1f934.jpg

Pega rabilonga: http://www.hbw.com/sites/default/files/styles/ibc_1k/public/ibc/p/e72f4890.jpg?itok=gXa5QEBq

Perdiz rubia: https://i.ytimg.com/vi/SCfxnQDXSRk/maxresdefault.jpg

Peto real: https://i.ytimg.com/vi/M19R2aeLqx8/maxresdefault.jpg

Peto verdeal: https://c1.staticflickr.com/1/306/19785622102_06121df538_b.jpg

Pica papuda: http://m6.i.pbase.com/o2/89/739289/1/97739496.Ut2CRKXF.Graspieper3.jpg

Pica patinegra: http://farm2.static.flickr.com/1405/5149994712_a16e3a3b6e_o.jpg

Picafollas común: http://www.hbw.com/sites/default/files/styles/ibc_1k/public/ibc/p/Chiffchaff.jpg?itok=4StxCWOd

Pombo torcaz: http://www.wildaboutbritain.co.uk/pictures/data/81/Woodpigeon—Columba-palumbus-003.jpg

Rabirrubio tizón: https://aparroquiadeparderrubias.files.wordpress.com/2017/02/f2b87-ordesa-7.jpg

Rapina cincenta: http://www.fotonatura.org/galerias/fotos/usr16181/12597028dd.jpg

Reiseñor común: https://aparroquiadeparderrubias.files.wordpress.com/2017/02/28c42-dsc01528-1.jpg

Rula común: http://focusingonwildlife.com/news/wp-content/uploads/2012/05/Turtle-Dove.jpg

Tordo galego: http://www.luontoportti.com/suomi/images/6847.jpg

Xílgaro: https://aparroquiadeparderrubias.files.wordpress.com/2017/02/344a4-jilguero-1.jpg

Cobra de auga: https://c1.staticflickr.com/6/5057/5459292767_0acd89b065_b.jpg

Cobra de colar: http://s53.photobucket.com/user/mountainrattler/media/001.jpg.html

Cobregón: https://c2.staticflickr.com/8/7341/12497594024_2e45ca9510_b.jpg

Escancer común: https://c1.staticflickr.com/9/8218/8338636242_8dc5f1df1b_b.jpg

Lagarta dos penedos: http://guadarramistas.com/wp-content/uploads/2011/02/p-hispanica.jpg

Lagarto das silvas: http://www.fotonatura.org/galerias/fotos/usr28020/12288494ks.jpg

Lagarto ocelado: https://i.ytimg.com/vi/kg9NAPSIWfE/maxresdefault.jpg

Lagartixa galega: https://aparroquiadeparderrubias.files.wordpress.com/2017/02/3f442-img_0908.jpg

Limpafontes común: http://www.rios-galegos.com/tritu6.jpg

Píntega: http://www.mercafauna.com/fotos/animales/138_salamandra_salamandra02.jpg

Ra patilonga: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/9/98/Rana_iberica_10_by-dpc.jpg

Ra verde: https://koalazf.files.wordpress.com/2010/09/frog-rana-perezi.jpg

Sapo cunqueiro; https://aparroquiadeparderrubias.files.wordpress.com/2017/02/110e4-bufobufo.jpg

Sapo raxado: http://calphotos.berkeley.edu/imgs/512×768/0000_0000/1205/0462.jpeg

Víbora de seoane: https://www.asturnatura.com/photo/_files/photogallery/05d48cdff3fba816ae8ee1936ad5dd43.jpg

E38. DON MANUEL BELVIS SEOANE (1808-1894). Por Juan Carlos Sierra Freire

E38. DON MANUEL BELVIS SEOANE (1808-1894). Por Juan Carlos Sierra Freire

La lista de clérigos que han regentado la Parroquia de Santa Eulalia (Olaia) de Parderrubias a lo largo de su dilatada historia es muy extensa. Desde el siglo XVI, época en la que nos topamos con los primeros registros parroquiales, se llega a contabilizar más de un centenar (véase https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/cronologia-clerical-de-la-iglesia-de-sta-olaia/). No cabe duda de que todos ellos influyeron, de una u otra manera, en el estilo de vida de los vecinos de Parderrubias, dejando su impronta en la Parroquia. En este artículo vamos a centrarnos en la figura del cura Don Manuel Belvis Seoane por tres razones. En primer lugar, por ser uno de los párrocos que más tiempo estuvo al frente de la Parroquia de Parderrubias, en concreto, 22 años. En segundo lugar, porque gracias a su prolijidad y minuciosidad en registrar su quehacer parroquial, hoy disponemos de información muy valiosa de la feligresía relativa a la segunda mitad del siglo XIX. Y, en tercer lugar, porque este cura, administrando una pequeña y aislada parroquia gallega del siglo XIX, como era el caso de Parderrubias, se hizo oír en la prensa católica y ultraconservadora de ámbito nacional. Con estas líneas honramos la figura de Don Manuel Belvis.

Durante la segunda mitad del siglo XIX, una pequeña Parroquia de la Diócesis de Ourense, Parderrubias, se hacía un hueco en la prensa católica de ámbito nacional  (e. g., La Regeneración o El Siglo Futuro), de la mano de un nombre propio: Manuel Belvis, su Párroco. Son varias las referencias a su nombre encontradas en la prensa escrita de la época, algunas de ellas de su puño y letra. Teniendo en cuenta el período histórico -segunda mitad del siglo XIX-, en el que no era fácil acceder desde una pequeña aldea a los medios de comunicación nacionales, podemos afirmar que Don Manuel fue un cura mediático de su época.

La persona

Don Manuel Belvis Seoane nace el 8 de abril de 1808 en el pueblo de A Venda, en la vecina Parroquia de San Miguel de Soutopenedo. Es hijo de Don Hermenegildo Belvis y Doña Ana María Seoane. Durante seis años, desde 1827 a 1833, es decir, desde los 19 a los 25 años de edad, sirve en la Guardia Real de Fernando VII, llegando a obtener el Grado de Sargento. La Guardia Real, todavía vigente en la actualidad, es una Unidad Interejércitos al servicio del Rey, que había sido fundada en 1504 bajo el reinado de Fernando el Católico. El servicio de Don Manuel en este Cuerpo coincide con la Década Ominosa de Fernando VII (1823-1833), caracterizada por una durísima represión de los sectores liberales, cierre de periódicos y de universidades. Esta corriente puede ayudar a entender la ideología que transmiten sus escritos. Una vez licenciado retoma sus estudios interrumpidos temporalmente, ordenándose cura en el año 1836, a la edad de 28 años.

Por los registros parroquiales nos consta que Don Manuel tuvo al menos tres hermanos. Su hermana Camila, ya encontrándose viuda de Pedro Garrido, fallece el 6 de noviembre de 1871 en la Casa Rectoral de Parderrubias, y es sepultada en el cementerio de dicha Parroquia. Igualmente, su hermano Anacleto, ya viudo también, falleció de manera repentina en la Rectoral de Parderrubias, por lo que fue enterrado en el cementerio de dicha Parroquia el 4 de noviembre de 1885. En dicho cementerio también está sepultado su sobrino Don Pedro Belvis, Presbítero que había celebrado su primera misa el 1 de enero de 1877, falleciendo a la edad de 25 años el 6 de marzo de ese mismo año. A su funeral llegaron a asistir 46 sacerdotes y seminaristas. Además, Don Manuel tuvo otro sobrino cura, Victoriano Grande Belvis, que como señalaremos más adelante también tendrá una relación puntual con la Parroquia de Parderrubias.

Su carrera pastoral incluye varias etapas, siendo la más longeva la correspondiente a su gestión al frente de la Feligresía de Parderrubias, pasando a ser de facto el segundo cura que más años seguidos dedicó a nuestra Parroquia -veintidós exactamente- después de Don Miguel Cayetano Grande (1795-1828). Desde 1841 a 1842 ejerce de Ecónomo de la Parroquia de San Martín de Loiro, en donde se encarga de ampliar el cementerio, pues como consecuencia de la prohibición de los enterramientos dentro de los cuerpos de las iglesias, el terreno externo existente para sepulturas era minúsculo (Díaz Fernández, 2007). De 1842 a 1846 fue Coadjutor del Párroco de Parderrubias, Don Francisco Folguerol, cura que fallece el 4 de marzo de 1848 y es sepultado en el atrio de la iglesia, justo delante de la puerta principal. Desde el año 1846 a 1859 Don Manuel Belvis pasa a ser el regidor de la Parroquia de San Juan de Baños de Bande. El 6 de junio de 1859, con 51 años, toma posesión de la Parroquia de Parderrubias, aunque en realidad no ejerce de párroco de la misma hasta el año 1872, pues durante ese período estuvieron al frente de la Parroquia los Ecónomos Don Veremundo Domínguez (1853-1868) y Don Ramón Pérez Sampayo (1868-1872). Don Manuel Belvis ejerce como párroco de Parderrubias hasta el 9 de febrero de 1894, día en que fallece a las seis y media de la tarde a los 86 años de edad. A pesar de su avanzada edad, no abandona sus responsabilidades pastorales hasta el final de sus días, y así lo quiso dejar registrado a finales de octubre de 1890 en los Libros Parroquiales:

“…a los 82 años y medio de edad, sigo por la misericordia de Dios, rigiendo la parroquia por el mismo método, aunque con menos fuerzas. Y como supongo que luego moriré … ”.

Al fallecer Don Manuel Belvis, el Arcipreste de A Merca nombra a su sobrino Victoriano como encargado de la Parroquia (a la luz de la cronología clerical de la Parroquia, entendemos que de manera puntual para ese momento), encargándose de las exequias de su tío. Los funerales, y el posterior entierro en el cementerio de Parderrubias, tienen lugar tres días después del deceso. Al día siguiente del entierro, el 13 de febrero, su sobrino presidió en la Parroquia un nuevo funeral con la presencia de 27 sacerdotes. El día 14 de febrero se celebraron tres autos, cada uno con su misa solemne y la asistencia de seis sacerdotes. La noticia de su fallecimiento llegó a aparecer publicada el 9 de marzo de 1894 en el diario nacional, de ideología carlista, El Correo Español.

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El párroco

La labor de don Manuel Belvis en la Parroquia de Parderrubias queda acreditada por una serie de actos y obras que ponen de manifiesto su capacidad de gestión y su habilidad para hacerse oír en aquellos ámbitos en los que fuese menester. Tal vez una de sus obras más significativas afrontadas en la Parroquia sea la construcción del cementerio con sepulturas marqueadas y el acondicionamiento de la entrada del atrio de la iglesia con una reja. Como ya se ha comentado, hasta bien entrado el siglo XIX la mayoría de enterramientos tenía lugar dentro de la propia iglesia (este hecho se hizo evidente en la última gran reforma de la iglesia de Parderrubias, realizada en los primeros años del presente siglo, en la que salieron a la luz numerosos restos óseos ubicados en el suelo del recinto sacro), pero la falta de espacio y los problemas de salubridad dieron paso al acondicionamiento de los atrios de las iglesias como cementerios. Los costes de dichas obras ascendieron a la cantidad de 2.400 reales. Además, durante su mandato renovó las puertas principales de la iglesia y la escalera interior hacia la tribuna, y llevó a cabo una reforma del techo de la sacristía con el fin de mejorar la seguridad del recinto, pues a través de ésta, la noche del 15 de noviembre de 1871 habían entrado unos ladrones apoderándose de la Cruz Parroquial de plata, dos cálices con sus patenas y cucharillas, del relicario y del copón.

cruz

Gracias a su interés por dejar documentada la actividad parroquial, hoy podemos conocer con cierto detalle muchos de los actos y celebraciones religiosas que se llevaban a cabo en la Parroquia en la segunda mitad del siglo XIX durante el tiempo de Cuaresma, la Semana Santa, el Mes de Mayo, el Corpus Christi, la Festividad del Sagrado Corazón de Jesús e Inmaculado Corazón de María, la Festividad del Rosario, la Novena de las Ánimas, la Novena de la Purísima Concepción, etc. El lector interesado en estas cuestiones puede consultar en este Blog La prolija actividad religiosa en Parderrubias durante la segunda mitad del siglo XIX [https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/04/18/e30-la-prolija-actividad-religiosa-en-parderrubias-durante-la-segunda-mitad-del-siglo-xix-por-juan-carlos-sierra-freire/].

Hoy, gracias a sus registros parroquiales podemos saber que en esa época los derechos de entierro en Parderrubias tenían un coste de:

“…18 reales, dos ferrados de maíz y un carnero de cuerpo presente, y de ofrenda añal son quince reales, por lo que durante el año al ofertorio de la Misa van parientes de cada difunto a besar la estola que alarga el cura diciendo a cada uno  “Anima eius, et ánimæ ómnium fidélium defunctórum per misericórdiam Dei requiéscant in pace”.

Durante el tiempo que estuvo al frente de la Parroquia los derechos de sepultura suponían una cuantía de dos reales para un adulto y uno para un párvulo. En 1891 se ingresan en las arcas de la Parroquia 25 reales por este concepto. Conocemos también por sus escritos que, en ese año 1891, el gasto más importante (350 reales) fue por el consumo de 135 libras de cera para el culto, las distintas Hermandades (Rosario, Corazón de Jesús y María, y San José), la Semana Santa y el Corpus. También quedó constancia de que el sacristán cobró 46 reales por lavar la ropa y hacer las hostias. A finales de ese año 1891, el saldo con el que contaba la Parroquia era de 771,225 reales [A pesar de que la peseta era moneda oficial ya desde el año 1869, en los documentos firmados por Don Manuel Belvis se hace referencia a reales y escudos, indistintamente, monedas que precedieron a la peseta en nuestro país].

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Iglesia de Santa Eulalia (Olaia) de Parderrubias

Con fecha de 1 de febrero 1879 realiza un detallado inventario de los bienes de la iglesia en el que se incluyen diversas alhajas, entre ellas un farol de cristales que se empleaba en las administraciones nocturnas. El listado que hace de las imágenes sacras que ocupan en esa fecha los tres retablos nos permite saber que, salvo un “San Miguel bien deteriorado”, las restantes eran las mismas que todavía hoy podemos contemplar, incluidas las cuatro tallas que en el año 2016 volvieron a los laterales de la iglesia: Ecce Homo, Virgen de los Dolores, San Cayetano y San Benito de Palermo.

Entre las gestiones parroquiales que Don Manuel afrontó, podemos destacar la instauración en 1880 de la Cofradía de los Purísimos Corazones de Jesús y de María, una vez solicitada la correspondiente Bula a Roma. Uno de los símbolos visibles de esta Cofradía fue un estandarte que recogía ambos corazones. A través del Obispo de Ourense, Don Cesáreo Rodrigo, Don Manuel Belvis gestionó las indulgencias que podían llegar a ganarse gracias a dicho estandarte: 40 días a todo aquel que procesionase con dicho pendón. Otro cometido llevado a cabo, y que nos permite conocer el número de calvarios que había en la Parroquia a finales del siglo XIX, fue la bendición de estos, un acto que pudiera parecer baladí, pero que requería de todo un proceso en el que intervenían las altas instancias eclesiásticas. A saber, tal como Don Manuel Belvis lo dejó redactado:

Habiendo notado que los calvarios colocados dentro y fuera de la iglesia, así como en la capilla de Sulveira, eran recientes, y por no constar su bendición en forma, sospechase no hallarse con las condiciones que se requieren para ganar las indulgencias, he solicitado y conseguido facultad de bendecir calvarios del Reverendo José Calle Delegado de las Misiones y residente en el colegio de Santiago, cuya concesión presenté al Ilmo. Señor Obispo de la Diócesis, quien con fecha 9 de enero del presente año se ha servido conceder su licencia para bendecir los seis calvarios que comprende la autorización. Y en su ritual he bendecido los dos calvarios del interior y el exterior de la iglesia, como igualmente el que se halla dentro de la Capilla de Sulveira. Y para que conste lo firmo a tres de agosto de mil ochocientos setenta y ocho. Manuel Belvis”.

Durante su prolongada etapa al frente de la Parroquia de Parderrubias Don Manuel Belvis celebró cientos de bautizos, bodas y funerales. Entre los bautizos que ofició podemos destacar el de Don Adolfo Outumuro Outumuro, celebrado el 9 de marzo de 1891, quien con el tiempo llegaría a ser figura relevante de la Parroquia y a quien en su momento este Blog dedicará su atención. Asimismo, quiero dejar constancia de que el cura Belvis bautizó a una tatarabuela (Rafaela Casas) y cinco bisabuelos (Serafín Sierra y Luisa Iglesias, Benigno Fernández, y Manuel Seara e Isabel Justo), casó a seis tatarabuelos (Benito Iglesias y María Seara, Tomás Seara y María del Socorro Casas, y José Justo y Rafaela Casas) y dos bisabuelos (Serafín  Sierra y Luisa Iglesias), y dio sepultura a seis de los dieciséis tatarabuelos (Matías Sierra y Rosa Mosquera, Felipe Fernández y Elena Seara, y Tomás Seara y María del Socorro Casas) de quien suscribe este texto.

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Partida de boda de José Justo Grande con Rafaela Casas Sierra celebrada el 12 de mayo de 1866

Una trágica realidad durante esa época en la Parroquia de Parderrubias era la elevadísima tasa de mortalidad infantil. Sus registros parroquiales no dejan lugar a dudas. La firma de don Manuel Belvis aparece en la partida de enterramiento de 88 párvulos. A modo de ejemplo, en menos de un mes, 11 de diciembre de 1889, 26 de diciembre de 1889 y 5 de enero de 1890, da sepultura a los párvulos Manuel, Adolfo y Benito, de Barrio, A Iglesia y Nigueiroá, respectivamente.

Don Manuel y la prensa

Aparte de la prolífica actividad sacra que Don Manuel Belvis protagonizó en la Parroquia de Parderrubias, este cura pasa a la historia por sus apariciones en la prensa católica de ámbito nacional de la época: La Regeneración y El Siglo Futuro. La Regeneración fue un diario fundado en 1855 en defensa del catolicismo como bandera política, mientras que El Siglo Futuro comenzó a publicarse en 1875 con el objetivo de ser portavoz oficial del carlismo.

periodicos

El diario La Regeneración fue testigo a finales de 1863 y principios de 1864 de un tenso y agrio debate acerca de la promiscuación entre Don Manuel Belvis y Don Santiago Francisco Viqueira, este último Canónigo de Compostela y Profesor de la Universidad Pontificia de Santiago, quien había publicado en 1859 un ensayo por título “Disertación teológico-canónica sobre la licitud de la promiscuación en España”. El Profesor Viqueira era autor aficionado a las polémicas, y en dicho documento cuestiona la aplicación de los privilegios de la bula en España sobre abstinencia y ayuno (Barreiro Fernández, 2003). Ante tal “afronta”, nuestro querido Párroco no duda en enfrentarse epistolarmente al polémico Profesor. Así, el 23 de noviembre de 1863, Don Manuel Belvis publica en La Regeneración un comunicado en el que, atacando a Don Santiago Francisco Viqueira, defiende la prohibición de la promiscuación, es decir, el hecho de no poder mezclar carne y pescado en una misma comida, considerando dicha prohibición como una costumbre universal en España en los días de abstinencia (viernes) que marca la Iglesia. El documento es ilustrado con una escena en la que aparece Don Santiago Francisco Viqueira comiendo carne y pescado, en un viernes sin ayuno, en presencia de un feligrés de Parderrubias, quien se escandaliza ante tal atropello porque había leído en el Catecismo que la promiscuación era algo prohibido, pues así se lo había enseñado su Párroco, Don Manuel Belvis.

La réplica del Profesor Viqueira se hizo derogar al 8 de enero del año siguiente, siendo ésta extensa y contundente, desmontando los argumentos empleados por Don Manuel, hecho que lógicamente era de esperar tratándose de un personaje fraguado en polémicas y que no se achantaba ante las críticas. A grandes rasgos, el Profesor Viqueira se muestra partidario de no convertir en obligación lo que no era más que una tradición que ni siquiera se consideraba universal. Comenzaba con un:

“… pero el Señor Abad de Parderrubias (así se llaman en Galicia los Párrocos) quiso distinguirse entre los que componen la falange no promiscuadora, porque además de defender como ellos una mala causa, que ya se falló nada menos que en cinco ocasiones, deja correr la pluma sin ningún miramiento”.

Y terminaba con un:

Concluyo este escrito algo largo, advirtiendo al Sr. Belvis que se engañó miserablemente si ha creído que amontonando injurias y manchando mi reputación conseguía sostener mejor su causa y retraerme de la defensa de la verdad, porque tales medios solo sirven para cubrir de oprobio y de vergüenza a los que los emplean, y son en el caso presente tanto más criminales, cuanto quien los usa quiere pasar plaza de celoso por el bien de las almas y la conservación de la piedad… Es en efecto, bastante común en estos falsos celosos el encubrir bajo la máscara del celo los arranques de su amor propio, y esto sabe hacerlo a las mil maravillas el Párroco de Parderrubias”.

La actividad epistolar en prensa de Don Manuel Belvis nos conduce al 23 de diciembre de 1889, cuando El Siglo Futuro publica en su primera página la siguiente carta, firmada por Don Manuel Belvis, dirigida al Director del mismo Ramón Nocedal:

“Santa Eulalia de Parderrubias (Orense), 19 de septiembre de 1889.- Don Manuel Belvis, Párroco, aunque en la avanzada edad de ochenta y dos años, suplica a Vd. Se digne añadir a las numerosas listas de adhesión al  mensaje a Su Santidad contra el monumento al apóstata Jordan, su persona y la de sus cuatrocientos treinta feligreses, por quienes responde, pues le consta que todos son fervorosos católicos, afiliados a los Corazones de Jesús y María, cuya Hermandad se halla establecida en la parroquia hace nueve años, y puede asegurar que todos aborrecen la secta del liberalismo como herejía condenada por el Sumo Pontífice. Le anticipa las gracias su afectísimo servidor y capellán Q. B. S. M., Manuel Belvis”.

El rechazo al que alude esta carta iba dirigido a un monumento que se había levantado en la ciudad de Roma a Giordano (Jordan) Bruno, astrónomo, filósofo y matemático italiano del siglo XVI. Sus ideas acerca del universo y sus planteamientos teológicos desafiaron la doctrina oficial de la Iglesia, lo que le llevó a ser condenado por hereje en 1575. Sus libros fueron quemados en la Plaza de San Pedro y su cuerpo fue consumido por la llamas de la Inquisición en el año 1600 (Rowland, 2010). El levantamiento de ese monumento a finales del siglo XIX dio lugar a una intensa corriente de oposición, dirigida por el Papa León XIII y que enseguida caló entre las posiciones más ortodoxas de la Iglesia española, tal como queda demostrado en las ediciones de El Siglo Futuro de esos años.

Meses antes, el 11 de junio de 1889, este mismo periódico, en una carta firmada por José Álvarez, en la que describe con todo lujo de detalles el acto religioso que había tenido lugar en As Maravillas con el objeto de celebrar el XIII Centenario de la Unidad Católica (véase https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/10/19/e10-parderrubias-y-el-xiii-centenario-de-la-unidad-catolica-promovido-por-los-carlistas/], hace una encomiástica descripción de la figura de Don Manuel Belvis:

“…Cuando estaba ultimándose la colocación de personas y cosas, un gran murmullo nos hizo mirar hacia la izquierda, y era procedido de la llegada del nunca bien ponderado señor Abad de Parderrubias, capitaneando una gruesa procesión precedida de varios coros de hijas de María, montado en su yegua, y permaneciendo en este estado hasta dejar unida su gente a la que ya estaba colocada. No fue solo a mí a quien se le ocurrió, con tal visita, la frase “Santiago y Cierra España”.

En definitiva, Don Manuel Belvis, uno de los curas más longevos de la Parroquia de Parderrubias, hombre metódico y sistemático -gracias a cuya ansia por registrar la actividad parroquial de Parderrubias, hoy podemos hacernos una idea acerca de la vida de nuestros antepasados- y personaje que consiguió que su voz fuese escuchada en los medios de comunicación afines a su ideología.


Referencias

Barreiro Fernández, X. R. (2003). Historia de la Universidad de Santiago de Compostela (vol. II). Santiago de Compostela: Servicio de Publicacións e Intercambio Científico.

Díaz Fernández, E. (2007). San Martiño de Loiro: un poco de historia. En Sociedad Filatélica, Numismática y Vitolfílica “Miño” (Ed.), XVII Exposición Filatélica “San Martiño” (pp. 28-32). Ourense: Sociedad Filatélica, Numismática y Vitolfílica “Miño”. Recuperado de https://sociedadmino.files.wordpress.com/2007/11/boletin.pdf, el 26 de junio de 2016.

Rowland, I. (2010). Giordano Bruno, filósofo y hereje. Barcelona: Ariel.

E37. La llegada del agua potable a los pueblos de A Igrexa y O Valdemouro en los años sesenta.   Por José Luis Camba Seara

E37. La llegada del agua potable a los pueblos de A Igrexa y O Valdemouro en los años sesenta. Por José Luis Camba Seara

En este artículo, José Luis Camba Seara, basándose en documentación de la época, describe una de las obras más importantes llevada cabo en Parderrubias en la década de los años sesenta: el suministro de agua potable a los pueblos de A Iglesia y O Valdemouro.

Juan Carlos Sierra Freire

Nota. Este artículo aparece publicado en su versión original en gallego y a continuación el lector encontrará una versión en castellano.


A chegada de auga potable aos pobos de A Igrexa e O Valdemouro nos anos 60. Por José Luis Camba Seara

Tal como documentan Outomuro (2015), Fernández Seara (2016) e Sierra Fernández (2016), en Parderrubias existían nos anos 60 diversas fontes naturais de auga potable. Outumuro fala de varias: Fonte da Saúde, Fonte da Abella, Fonte do Cano, Fonte da Cerva, entre outras (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/09/20/toponimos-en-la-parroquia-de-parderrubias-por-tino-outumuro/). Sierra Fernández engade ás anteriores a Fonte de Currás, As Fontelas, Fonteiriñas e Val das Fontes, todos eles tamén mananciais naturais pertencentes a Parderrubias, aínda que un pouco máis afastados dos núcleos urbanos (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/07/19/e35-parderrubias-higiene-y-sanidad-en-el-siglo-xviii-por-avelino-sierra-fernandez/). Pola súa banda, Fernández Seara fala das fontes de Nigueiroá (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/10/23/un-canto-a-la-belleza-divina-por-jose-luis-fernandez-seara/).

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Sierra Fernández (2016) sinala que a máis coñecida de todas elas é a Fonte do Outeiro, situada no lugar denominado A Fonte. Esta fonte, que actualmente está en desuso pedindo a berros unha limpeza e mellora, abasteceu durante moitos anos aos barrios de O Outeiro, A Carretera e A Igrexa. Alí reuníanse as veciñas e veciños destes lugares esperando a beber e refrescarse no verán ou a coller auga para levar ás súas casas. Nesas reunións e esperas comentábanse as novidades do pobo ou se narraban vellos contos aos nenos que acompañaban ás súas nais. Ademais de centro de encontro e vida social, esta fonte tamén era o lugar no que se levaban a cabo tarefas domésticas, tales como o mazado do polbo, paso previo inprescindible á sua cocción, ou tamén como lugar no que se deixaban as botellas e botas de viño para que este se refrescase.

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A Fonte do Outeiro
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A Fonte do Outeiro

Sierra Fernández (2016) indica que a Parroquia de Parderrubias contou coa primeira billa e tanque público de auga no barrio da Igrexa na década dos anos 60. Na actualidade, afortunadamente, a realidade é moi distinta e todos os veciños teñen subministración pública de auga potable nas súas casas, tanto para o seu consumo como para os labores propios agrícolas ou industriais. Pero isto non foi así ata hai escasamente dúas décadas.

Nos anos 60 os habitantes de Parderrubias, especialmente os dos barrios da Igrexa e O Valdemouro, carecían de auga potable preto das súas vivendas. Noutros barrios como O Outeiro, Barrio ou Nigueiroá, os veciños abastecíanse de pozos propios ou fontes próximas ás súas casas e de fácil acceso. Aínda recordo, cando era neno, ás mulleres da Igrexa subir pausadamente a empinada costa -que hoxe aínda conduce á igrexa- coas súas olas ou baldes de auga sobre a cabeza coa única axuda dun pano enrolado encargado de amortecer o peso. Recórdoas tamén transportando nas súas cabezas pesadas tinas de roupa recentemente lavada, ao longo da costa da Chousiña, regresando da Fonte do Cano pola hoxe recuperada Ruta dos Lavadoiros.

Esta situación dará un envorco radical na primeira metade dos anos sesenta, data na que se proxectan e levan a cabo as obras de abastecemento de auga potable aos pobos da Igrexa e O Valdemouro desde a Fonte do Outeiro. Ditas obras foron iniciadas no ano 1962. A Comisión Provincial de Servizos Técnicos de Ourense, dependente do Goberno Civil, a petición do Párroco Fernández Rúas e dos veciños, concede unha subvención para a devandita obra. O proxecto de obra é redactado polo arquitecto Manuel Conde Fidalgo o 8 de setembro de 1962. Os detalles técnicos da obra, así como a desagregación do orzamento económico que ascenderá a 50.000 pesetas, figuran nas fotografías que acompañan a este texto. O Estado achegaría o 90% do custo (45.000 pesestas) e o Concello da Merca o resto.

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Publicación en BOPO

Aténdonos ao proxecto, preténdese reformar, aproveitando o manancial existente, a Fonte do Outeiro e ampliar a súa capacidade de encoro, deixando unha billa para servizo dos veciños próximos. Ao mesmo tempo acométese enviar, por medio dunha motobomba, a auga ata un depósito que se construirá no pobo da Igrexa. E desde alí, cunha nova condución soterrada, levar a auga ata O Valdemouro, onde se construirá unha pequena fonte cunha billa.

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Memoria de Proxeto de Obras
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Orzamento obra

Despois das preceptivas autorizacións comezan as obras a finais de 1962 e xa en xaneiro do ano seguinte, con parte delas realizadas, abónanse 16.000 pesetas en concepto dos gastos ocasionados ata esa data. A segunda fase das obras levarase a cabo durante a primavera do ano 1963, quedando rematada a prolongación ata o pobo de O Valdemouro no verán.

4

Para a realización destas obras, ademais da colaboración dos veciños, contouse co traballo de varios albaneis e carpinteiros do pobo, caso de Higinio Grande, Xulio Seara, Hermenegildo Outumuro e outros, como o Señor Erasmo de Bouzas, quen realizou as obras de cantería. Tamén prestaron servizos algunhas empresas como a de fontanería de León Martínez Esteban ou a de electricidade Manuel Menor. Moitos dos materiais usados na obra foron adquiridos a empresarios da zona como a Ferraxería O Xardín de Ourense (Doniz e Dorrego S.L.), veciños de Solveira, almacéns de Modesto Garrido González (antes José Garrido e Irmáns “Os Escultores”) da Manchica ou a Paulino Sierra Fernández de Parderrubias.

Como contratista delegado para a coordinación das obras figuraba Isolino Camba Casas, mestre de Parderrubias. Outra das persoas impulsoras desta actuación foi o entón Párroco de Parderrubias Don José Manuel Fernández Rúas, verdadeira alma mater de moitas das obras de modernización da parroquia nos anos 60, tal como sinala Outumuro Seara (2015) ao referirse a el como a persoa que “conseguiu axudas para levar a auga desde a Fonte do Outeiro e facer un tanque na Aldea para non ter que ir buscala ao río da Chousiña” (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/10/10/e8-don-jose-manuel-fernandez-ruas-impulsor-de-la-modernidad-de-parderrubias-por-manuel-outumuro-seara/).

No ano 1984, vinte anos despois, volven acometerse obras de restauración e mellora da Fonte do Outeiro e do abastecemento ao pobo da Igrexa. Para estas novas obras constituíuse unha nova Comisión formada por Plácido Grande, Hermenegildo Outumuro e Isolino Camba. Estas novas obras consistiron nunha reestruturación e amaño da fonte, construíndose unha nova escaleira de acceso pola súa marxe dereita, tal como se pode ver na fotografía adxunta.

escaleira
Escaleira de A Fonte do Outeiro

Tamén se substituíu a antiga motobomba, e parte das tubaxes, e reformouse o depósito de auga da Igrexa. O importe destas obras ascendeu a 329.395 pesetas. A obra foi rematada no mes de decembro dese ano e nela traballaron, ademais dos veciños do pobo da Igrexa, albaneis do propio pobo como o caso de Manuel Outumuro e José Benito Outumuro. O enreixado e porta de ferro da fonte, que aínda se conservan actualmente, foron construídas por Isolino Fernández.

8
Gastos obras de 1984

A finais dos anos noventa, acometéronse en Parderrubias as obras de abastecemento público da rede de augas polo que estas instalacións deixaron en gran parte de prestar o seu servizo, aínda que se mantivo e reformou no ano 2012 o depósito da Igrexa, quedando alí unha billa de auga para uso público de todos os veciños do pobo. As casas de Parderrubias, as do pobo da Igrexa e Valdemouro incluídas, a partir de finais da década dos noventa dispoñen de auga corrente en todos os seus barrios.

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Fonte actual de A Igrexa

Estes acontecementos forman parte da memoria colectiva do noso pobo e merecen ser lembrados para que os nosos fillos e netos conserven e valoren o Patrimonio material que os nosos antecesores máis próximos foron construíndo con tanto esforzo nos últimos anos.


VERSION EN CASTELLANO

La llegada del agua potable a los pueblos de A Igrexa y O Valdemouro en los años 60. Por José Luis Camba Seara

Tal como documentan Outomuro (2015), Sierra Fernández (2016) y Fernández Seara (2016), en Parderrubias existían en los años 60 diversas fuentes naturales de agua potable. Outumuro habla de la Fonte da Saúde, Fonte da Abella, Fonte do Cano, Fonte da Cerva, entre otras (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/09/20/toponimos-en-la-parroquia-de-parderrubias-por-tino-outumuro/). Sierra Fernández añade a las anteriores la Fonte de Currás, As Fontelas, Fonteiriñas y Val das Fontes, todos ellos también manantiales naturales pertenecientes a Parderrubias, aunque un poco más alejados de los núcleos urbanos (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/07/19/e35-parderrubias-higiene-y-sanidad-en-el-siglo-xviii-por-avelino-sierra-fernandez/). Por su parte, Fernández Seara alude a las fuentes de Nigueiroá (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/10/23/un-canto-a-la-belleza-divina-por-jose-luis-fernandez-seara/).

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Sierra Fernández (2016) señala que una de las más conocidas es la Fonte do Outeiro, situada en el lugar denominado “A Fonte”. Este manantial, que actualmente está prácticamente en desuso, pidiendo a gritos una limpieza y mejora, abasteció durante muchos años a los pueblos de O Outeiro, A Carretera y A Igrexa. Allí se reunían las vecinas y vecinos de estos lugares esperando a beber y refrescarse en verano o a coger agua para llevar a sus casas. En esas reuniones y esperas se comentaban las novedades del pueblo o se narraban viejos cuentos a los niños que acompañaban a sus madres. Además de sitio de encuentro y vida social, esta fuente también era el lugar en el que se llevaban a cabo tareas domésticas, tales como el mazado del pulpo, paso previo imprescindible a su cocción, o lugar en el que se dejaban las botellas y botas de vino para que éste se refrescase.

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A Fonte do Outeiro
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A Fonte do Outeiro

Sierra Fernandez (2016) indica que la Parroquia de Parderrubias contó con el primer grifo y tanque público de agua en el pueblo de A Igrexa en la década de los años 60. En la actualidad, afortunadamente, la realidad es muy distinta y todos los vecinos tienen suministro público de agua potable en sus casas, tanto para su consumo doméstico como para las labores  agrícolas o industriales. Pero esto no fue así hasta hace escasamente dos décadas.

En los años 60 los habitantes de Parderrubias, especialmente los de los pueblos de A Igrexa y O Valdemouro, carecían de agua potable cerca de sus viviendas. En otros pueblos de la Parroquia, como O Outeiro, Barrio o Nigueiroá, los vecinos se abastecían de pozos propios o fuentes cercanas a sus casas y de fácil acceso. Todavía recuerdo, cuando era niño, a las mujeres de A Igrexa subir lenta y pausadamente la empinada cuesta -que hoy todavía conduce a la iglesia- con sus “olas” o baldes de agua sobre la cabeza con la única ayuda de un pañuelo enrollado encargado de amortiguar el peso. Las recuerdo también transportando en sus cabezas pesadas tinas de ropa recién lavada, a lo largo de la cuesta de A Chousiña, regresando de la Fonte do Cano por la hoy recuperada Ruta dos Lavadoiros.

Esta situación dará un vuelco radical en la primera mitad de los años sesenta, fecha en la que se proyectan y llevan a cabo las obras de abastecimiento de agua potable a los pueblos de A Igrexa y O Valdemouro desde la Fonte do Outeiro. Dichas obras fueron iniciadas en el año 1962. La Comisión Provincial de Servicios Técnicos de Orense, dependiente del Gobierno Civil, a petición del Párroco Fernández Rúas y de los vecinos, concede una subvención para dicha obra. El proyecto de obra es redactado por el arquitecto Manuel Conde Fidalgo el 8 de septiembre de 1962. Los detalles técnicos de la obra, así como el desglose del presupuesto económico, que ascenderá a 50.000 pesetas, figuran en las fotografías que acompañan a este texto. El Estado aportaría el 90% del coste (45.000 pesetas) y el Ayuntamiento de A Merca el resto.

1
Publicación en BOPO

Ateniéndonos al proyecto, se pretende reformar, aprovechando el manantial existente, la Fonte do Outeiro y ampliar su capacidad de embalse, dejando un grifo para servicio de los vecinos más cercanos. Al mismo tiempo se acomete enviar, por medio de una moto-bomba, el agua hasta un depósito que se construirá en A Igrexa. Y desde allí, mediante una nueva conducción soterrada, se llevará el agua hasta O Valdemouro, en donde se erigirá una pequeña fuente con un grifo.

2
Memoria del Proyecto de Obras
3
Presupuesto obra

Después de las preceptivas autorizaciones comienzan las obras a finales de 1962 y en enero del año siguiente, con parte de ellas realizadas, se abonan 16.000 pesetas en concepto de gastos ocasionados hasta esa fecha. La segunda fase de las obras se llevará a cabo durante la primavera del año 1963, quedando terminada la prolongación hasta el pueblo de O Valdemouro en el verano de ese mismo año.

4

Para la realización de estas obras, además de la colaboración de los vecinos, se contó con el trabajo de varios albañiles y carpinteros del pueblo, caso de Higinio Grande, Julio Seara, Hermenegildo Outumuro y otros, como el Señor Erasmo de Bouzas, quien realizó las obras de cantería. También prestaron servicios algunas empresas como la de fontanería de León Martínez Esteban o la de electricidad Manuel Menor. Muchos de los materiales usados en la obra fueron adquiridos a empresarios de la zona como la Ferretería El Jardín de Ourense (Doniz y Dorrego S.L.), vecinos de Solveira, almacenes de Modesto Garrido González (antes José Garrido y Hermanos “Os Escultores”) de A Manchica o a Paulino Sierra Fernández de Parderrubias.

Como contratista delegado para la coordinación de las obras figuraba Isolino Camba Casas, maestro de Parderrubias. Otra de las personas impulsoras de esta actuación fue el entonces Párroco de Parderrubias Don José Manuel Fernández Rúas, auténtico impulsor de muchas de las obras de modernización de la Parroquia en los años 60, tal como señala Outumuro Seara (2015) al referirse a él como la persona que “consiguió ayudas para llevar el agua desde la Fonte do Outeiro y hacer un tanque en A Aldea para no tener que ir a buscarla al río de A Chousiña” (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/10/10/e8-don-jose-manuel-fernandez-ruas-impulsor-de-la-modernidad-de-parderrubias-por-manuel-outumuro-seara/).

En el año 1984, veinte años después, se vuelven a acometer obras de restauración y mejora de la Fonte do Outeiro y del abastecimiento al pueblo de A Igrexa. Para estas obras se constituyó una nueva Comisión formada por Plácido Grande, Hermenegildo Outumuro e Isolino Camba. Estas nuevas obras consistieron en una reestructuración y adecentamiento de la fuente, construyéndose una nueva escalera de acceso por su margen derecho, tal como se puede ver en la fotografía adjunta.

escaleira
Escalera de A Fonte de Outeiro

También se sustituyó la antigua moto-bomba y parte de las tuberías, y se reformó el depósito de agua de A Igrexa. El importe de estas obras ascendió a 329.395 pesetas, tal como aparece en el documento adjunto. La obra fue terminada en el mes de diciembre de ese año y en ella trabajaron, además de los vecinos del pueblo de A Igrexa, albañiles del propio pueblo como el caso de Manuel Outumuro y José Benito Outumuro. La verja y puerta de hierro de la fuente, que aún se conservan actualmente, fueron construidas por Isolino Fernández.

8
Gastos obras de 1984

A finales de los años noventa, se acometieron en Parderrubias las obras de abastecimiento público de la red de aguas por lo que estas instalaciones dejaron en gran medida de prestar su servicio, aunque se mantuvo y reformó en el año 2012 el depósito de A Igrexa, con un grifo de agua para uso público de todos los vecinos del pueblo. Las casas de Parderrubias, las del pueblo de A Igrexa y Valdemouro incluidas, a partir de finales de la década de los noventa disponen de agua corriente.

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Fuente actual de A Igrexa

Estas obras que aquí describimos forman parte de la memoria colectiva de nuestro pueblo y merecen ser recordadas para que nuestros hijos y nietos conserven y valoren el Patrimonio material que nuestros antecesores más próximos han ido construyendo con tanto esfuerzo en los últimos años.


Referencias

Fernández Seara, J. L (2016). Nigueiroá, un canto a la belleza. Recuperado de https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/10/23/un-canto-a-la-belleza-divina-por-jose-luis-fernandez-seara/, el 19 de diciembre de 2016.

Outumuro, T. (2015). Topónimos en la Parroquia de Parderrubias. Recuperado de https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/09/20/toponimos-en-la-parroquia-de-parderrubias-por-tino-outumuro/, el 19 de diciembre de 2016.

Outumuro Seara, M. (2015). Don José Manuel Fernández Rúas: impulsor de la modernización de Parderrubias. Recuperado de https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/10/10/e8-don-jose-manuel-fernandez-ruas-impulsor-de-la-modernidad-de-parderrubias-por-manuel-outumuro-seara/, el 19 de diciembre de 2016.

Sierra Fernández, A. (2016). Parderrubias: higiene y sanidad en el siglo XVIII. Recuperado de https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/07/19/e35-parderrubias-higiene-y-sanidad-en-el-siglo-xviii-por-avelino-sierra-fernandez/, el 19 de diciembre de 2016.

E36. Nigueiroá, un canto a  la belleza y a la Naturaleza. Por José Luis Fernández Seara

E36. Nigueiroá, un canto a la belleza y a la Naturaleza. Por José Luis Fernández Seara

Origen

Nigueiroá, parte de Parderrubias, pero con una idiosincrasia propia y singular, tal vez consecuencia de la distancia de este lugar con respecto al resto de núcleos poblacionales de la Parroquia. La iglesia y la escuela se ubican a mucha mayor distancia que en el resto de pueblos que conforman la Parroquia de Santa Olaia. El lugar  de  Nigueiroá (Nugueyroá en 1566) pertenece a la Parroquia de Parderrubias (Parietes Rubias en el año 957, situada “inter Minio y Arnogia”; https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/06/11/e33-acerca-de-la-primera-referencia-documental-a-parderrubias-en-el-ano-957-por-tino-outumuro-y-lito-outumuro/). El término Nigueiroá proviene del latín nuce,  nucaria, nugariola, nugueyrallia, nugueyroá, que significa nuez, nogal, tierra de nogales, derivando con el tiempo  a  Nigueiroá,  Nogueiroá,  Nogueira o Nogueiró. Nigueiroá significaría tierra de nogales, hecho que se evidencia en la existencia, todavía actualmente, de tierras de noceiras (nogales). En tiempos no muy lejanos existió  un nogal centenario que medía más de metro y medio de ancho y 12 metros  de alto, y que fue cortado y vendido en los años 40 del pasado siglo por 30.000 reales.

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Aunque parece que no hay  duda de que Nigueiroá significa tierra de nogales, también podría significar tierra negra u oscura. Mi madre, Filomena, que procedía de Loiro de Abaixo, se refería a unas tierras altas situadas al noroeste del pueblo, A Vacariza, en donde se levantaban de vez en cuando unas polvaredas negras insoportables, que junto al sudor propio del trabajo en esas tierras y la ventisca, tiznaban las caras y las ropas de negro. Pensamos que pudo haberse cambiado el nombre de nucaria o nugueyroa a Nigueiroá como consecuencia de posibles cambios fonológicos, por imposición de una forma de expresión o un mal uso, como ocurrió con los casos de  Zaragoza (de Ceasare Augusta), Ourense (de Aurea) o Salamanca (de Helmántica, Augusta Emérita).

A pesar de que no se conocen muchos nombres de personas que hayan vivido aquí con anterioridad a 1850, a excepción de Francisco de las Casas Gómez en el año 1702, se sabe que antes de esa fecha existían ya habitantes en Nigueiroá (por ejemplo, mis bisabuelos Felipe Fernández y Elena Seara ya residían en este lugar). Esos asentamientos se deberían a que en esta zona había, y hay todavía, fuentes muy ricas en aguas cristalinas, frescas y de gran calidad (Fontiña, Fontenova, Val das Fontes, A Fonteiriña, Os Calrriños, etc.). Esto era clave para la supervivencia de sus habitantes, ya que ésta estuvo fundamentada básicamente en la agricultura minifundista y de subsistencia, y en el cuidado de pequeños rebaños de ganado. Desde que yo recuerdo (años cincuenta del siglo XX) nuestra gente vivía de la ganadería a nivel familiar y de pequeñas tierras para la agricultura. Cada familia se autoabastecía  de lo que obtenía  de sus tierras, de sus cosechas y del ganado, sobre todo vacuno.

     

Fonte     y Lavadoiro de Nigueiroá

 

Ubicación y paisaje

Nigueiroá está ubicado en el alto de la loma de un remonte, limitando al sur con As Campinas y río Porto, al oeste con el río Cavadas do Lobo y A Vacariza, y al noreste con un valle tangencial con huertas y plantaciones frutales que baja hasta la Carretera Nacional 540, que comunica Ourense con Portugal, y que continúa hasta los ríos Xeixal (nombre referente al cuarzo) y río Porto.

En los años cincuenta del pasado siglo Nigueiroá estaba configurado por una docena de casas construidas de pizarras, barro, piedras pequeñas, o mezcla de todo ello, excepto las más recientes edificadas ya en bloques grandes de granito. Existían seis o siete pozos y tres minas de agua fresca y transparente, y un lavadero público. En el centro del pueblo resaltaban  ocho canastros (hórreos) de cuatro, seis, ocho y diez pies, construidos con bases de  granito y encima una caja de madera con rendijas, que se utilizaban para guardar las espigas del maíz, el grano de trigo y centeno, y como secadero de frutos (https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/09/20/canastros-de-parderrubias-por-juan-carlos-sierra/. Y en los cuales, los niños del pueblo aprovechábamos para  escondernos en nuestros juegos infantiles.

               canastronigueiroa

                                                    Canastros no campo de Nigueiroá

Tierras de Nigueiroá

Nigueiroá, además de sus casas, canastros, fuentes, pozos y caminos, está conformado por tierras con nombres y topónimos característicos: Fontiña, Souto da Seara, Chaira, Airas, Fonteiriña, Valiño, Xeixal, Tambillón, Vacariza, Laxe, Amiera, Porteiruga, As Campinas, etc., con significado propio. La orografía de siglos pasados ha cambiado debido a la Concentración Parcelaria finalizada a principios de la década de los ochenta del pasado siglo. Veamos estos significados. A Fontiña: fuente del pueblo. O Pociño: pozo para beber el ganado. A Noceira: tierras con nogales. A Mazaira: tierras de manzanos. A Oucira: tierras de matorrales, toxos, carqueixas, fopas. O Souto da Seara: tierras de robles y castaños en la heredad de mieses verdes. O Tambillón: tierras en terraplén. A Chaira: tierras de diversos cultivos. Aira de Arriba y  Aira de Abaixo: lugar de mallar. Soutiño Novo: nuevos terrenos con plantaciones de castaños y robles. A Fonteiriña: lugar de varias fuentes o manantiales. O Valiño: valle pequeño. O Xeixal: terrenos junto al río Xeixal. Portairuga: valle junto al río Porto. A Curtiña: huertos cerrados. Piñeira: lugar de pinos. O Toxal: terrenos con toxos. A Vacariza: terrenos en los que se criaba ganado para curtir pieles. Calrriños: tierras regadas por caños con agua, regatos. Os Cupos: terrenos cedidos por el Estado a través de sorteo para su explotación. A Amieira: tierras con árboles llamados amieros. Pontón: tierras cercanas al pasadizo sobre el río Porto. As Presas: zona cercana a pequeñas presas de agua del río. Val das Fontes: tierras bañadas por fuentes de agua. O Portiño: tierras cerca del río Porto. O Pumar: tierra de manzanas. Laxe: tierras áridas, de secano. A Cubela: tierras en subida. As Campinas: campiñas.

Flora y fauna

Sorprende que un pueblo tan pequeño (menos de 6 o 7 km2) tenga tanta diversidad de  árboles, plantas, frutos, flores y fauna. Nogales, carballos (robles), castaños, pinos, mimosas, acacias, avellanos, cerezos, manzanos, perales, viñedos, membrilleros, higueras, eucaliptos, salgueiros, amieros, álamos, fentos (helechos), edras, zarzas, bimbios (mimbres), fopas, carqueixas, toxos, laureles, ortigas, musgo, plantaciones de maíz, de trigo, cebada, patatas, remolacha, berzas, nabos, prados de hierba verde y fresca, huertos de lechugas, cebollas, pimientos, judías, habas, repollos, perejil, frutos (nueces, claudias, fatós, melocotones, pavías, higos, manzanas, castañas, peras, cerezas, avellanas, uvas, membrillos, bellotas, moras), y flores (rosas, geranios, caraveles o claveles, margaritas, flores silvestres, flor de toxo, flor de xestas, etc.).

Respecto al mundo animal, tanto si nos referimos a los domésticos como a los salvajes, también existe una gran diversidad: vacas, ovejas, cerdos, gallinas, burros, caballos, cabras, perros, gatos, lobos, zorros, conejos, hurones, comadrejas, culebras, víboras, lagartos, lagartijas, salamandras de tierra y de agua, caballitos de río, ranas, renacuajos, peces, mirlos, gavilanes, perdices, cucos, pardaos (gorriones), anduriñas (golondrinas), escornabois (escarabajos peloteros), etc.

 La vida cotidiana

La vida en Nigueiroá en los años cincuenta y sesenta era la propia de pueblos pequeños sin bares, ni tiendas, ni plaza mayor, y sí de mucho y rudo trabajo, pero sin problemas ni conflictos de convivencia. Los mayores iban a sus tierras y huertas a labrar (sachar), arar, cosechar, regar, segar o llevar el ganado a pastar. Se vivía prácticamente de lo que se producía en el pueblo, del ganado y de la huerta: leche, huevos, gallinas, cerdos, patatas, vino, lechugas, berzas, trigo, maíz, centeno, frutas,… Cada ocho días, más o menos, se hacía una fornada de pan para una o dos familias. El pan que se consumía a diario era básicamente de centeno y maíz, mientras que el de trigo se reservaba para los domingos y festivos. Cuando venían al pueblo las pescaderas, lecheras o vendedores de ultramarinos se utilizaba, además del pago con dinero (reales y, más tarde, pesetas), el trueque cambiando huevos, trigo o centeno por aceite, azúcar, carne de ternera o pescado. Aquellos vecinos que habían matado dos cerdos, o más, también vendían los jamones curados, quedándose con uno o dos para consumo familiar. Otro producto que era muy demandado y apreciado por algunos compradores era un hongo de la espiga de trigo, del centeno y del maíz, de  color negro, en forma de cuernos, llamado cornecelo (o cornucelo), en castellano cornezuelo, relacionado con el uso de la LSD. y  con fines y aplicaciones farmacéuticas.

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Restos de una antigua casa

Las familias se recogían temprano, al anochecer, sobre todo en los inviernos fríos y lluviosos, junto a las lareiras (cocinas de leña) para charlar, cenar, tomar un vino o una  copa de aguardiente. Quizás a la persona que recuerdo con un sentimiento más entrañable sea el Señor Narciso, que acogía a los pocos niños que había en el pueblo junto a la lareira y nos contaba cuentos e historias, posiblemente inventadas por él mismo, pero que nos encantaban. A finales de los años sesenta los jóvenes de Nigueiorá éramos Aurelio, Alfredo, Suso, Antonio, Manolo, Pepiño, Aurora, Filomena, Vivita, Manolita, Modestiño, Consuelo, Esperanciña y yo.

Existen testimonios e indicios que hasta principios del siglo XX existió en Nigueiroá la Capilla de San Antón (que posiblemente datase de 1700). Situada cerca de las casas de José Fernández y Jesús, se derrumbaría como consecuencia de las lluvias y del paso del tiempo. No se pudo rehabilitar, y poco a poco fueron desapareciendo sus restos, repartiéndose entre los vecinos las imágenes de San Antón, Santa Bárbara y la Sagrada Familia. San Antón sigue siendo venerado en el primer fin de semana de septiembre, fecha en la que los vecinos realizan una xuntanza.

 

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San Antón de Nigueiroá.

 


Nota. El lector puede encontrar más información en el Blog Nigueiroá de Parderrubias. Véase https://nigueiroa.wordpress.com

E35. Parderrubias: higiene y sanidad en el siglo XVIII. Por Avelino Sierra Fernández

E35. Parderrubias: higiene y sanidad en el siglo XVIII. Por Avelino Sierra Fernández

Las prestaciones higiénico-sanitarias que hoy disfrutamos constituyen un logro muy reciente de nuestra sociedad. En España, no será hasta el último tercio del siglo XIX cuando desde la Ciencia se empiece a hacer énfasis en la cultura sanitaria. Adentrarnos siglos atrás supone dejar la salud prácticamente en manos de tradiciones y ritos mágicos, brillando por su ausencia cualquier atisbo de conocimiento científico.

En este artículo, Avelino Sierra Fernández nos transporta al siglo XVIII para describirnos los hábitos higiénico-sanitarios de nuestros antepasados en Parderrubias, en donde la ausencia de recursos, como consecuencia del subdesarrollo, era suplantada por tradiciones domésticas y costumbres mágico-religiosas.

Gracias, Avelino, por permitirnos conocer cómo se fue fraguando la reciedumbre de los genes de aquellos que hemos nacido en Parderrubias.

Juan Carlos Sierra Freire

Notas. (1) Este artículo aparece publicado en su versión original en gallego y a continuación el lector encontrará una versión en castellano. (2) Los objetos que aparecen fotografiados en este artículo pertenecen a la colección privada de Avelino Sierra Fernández.


Parderrubias: hixiene e sanidade  no século XVIII.  Por Avelino Sierra Fernández

É evidente que, consonte ao connatural avance da Humanidade, as cotas de benestar que actualmente ostenta Parderrubias, minguan ostensiblemente a medida que recuamos no tempo. Se nos retrotraemos ao ecuador do século XVIII, decatarémonos de que as condicións de vida dos nosos devanceiros, fai un cuarto de milenio, non ten cotexo algún coas da xeración actual. Aínda que carecemos da documentación precisa e necesaria para coñecer con minuciosidade as circunstancias en que vivían os nosos antepasados naquela andaina, é seguro que, non sendo peores que as do resto do Couto feudal ao que pertencían, de ningún modo eran mellores. Neste senso, baseando o noso estudo nas condicións dominantes da natureza e espazo físico da Parroquia e do Couto, no inalterable sistema agropecuario vivido polos veciños, no permanente réxime foral ao que estiveron sometidos dende a Idade Media ata o século XIX, así como na historia sociolóxica rural, rexistros parroquiais  e  certificacións catastrais  relativas a este feudo, podemos achegarnos co rigor  necesario á realidade vivida en Parderrubias fai unhos 250 anos no aspecto hixiénico-sanitario.

A hixiene

Cando na actualidade, a hixiene, o aseo e a limpeza son prácticas case obsesivas, coa utilización de milleiros de productos e útiles para todo tipo de aplicacións e tratamentos, custa crer que tales hábitos, básicos para a saúde, foran inusuais, por non dicir inexistentes, para os nosos devanceiros fai dous séculos e medio. No ano 1750, o concepto de hixiene era radicalmente diferente, por non dicir contrario, ao que temos actualmente. O aseo e limpeza, tanto persoal como público, estaban condicionados pola precariedade de medios e polo pensamento equívoco sobre a influencia negativa de certas prácticas na saúde. En Parderrubias, non existía canalización algunha de auga, sendo as necesidades escasamente cubertas por fontes, pozos e ríos  que soían chegar o estío no verán. Entre as primeiras temos que citar a Fonte do Outeiro, Fonte do Cano, Fonte da Saúde, Fonte de Currás, Fonte da Abella, Fonte da Cerva, Fontelas, Fonteiriña e Val das Fontes, todas elas mananciais naturais lonxanos dos asentamentos.

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Fonte do Cano

Tampouco existían sumidoiros de residuos, agás as xurreiras superficiais que conducían os xurros do esterco, formando pestíferas e fedorentas charcas  estancadas nos patios e camiños. Aínda que nos produza pasmo e  abraio, calquera servizo de baño ou retrete público ou privado, ou calquera costume xeral de hixiene, nin existían nin se botaban en falta. Con toda seguridade, moitos dos campesiños  non coñeceron nunca o xabón, nin viron a súa cara nun espello. Tódalas persoas, da condición que foran, non reparaban en alivia-los seus ventres onde se atoparan, iso si, procurando certa intimidade dentro do posible, e os veciños convivían co ludro e feces humanas en calquera canella, esquina, ou mesmo diante da casa, mesturados coas bostas das vacas. Estando na casa, polo día era habitual relaxa-los esfínteres nunha esquina da corte,  axudando a facer esterco. As deposicións feitas pola noite dentro da casa, nos cachos, penicos ou ouriñais, derramábanse pola mañá no camiño sen reparo algún, procurando que a pendente do terreo as alonxara un paso da porta, ata que os animais soltos ou a chuvia nun día de arroiada puideran reducir ou arrastrar tanta enxurrada. A situación alixeirábase  nalgúns casos estrando o patio ou camiño de toxos.

Para a limpeza e aseo persoal, perduraba o pensamento da medicina medieval, segundo o cal, o baño frecuente perxudicaba seriamente a saúde, porque a auga dilataba a pel, abrindo os poros e deixándoos expostos á entrada de aires malsanos. Chegábase a crer, incluso, que unha boa capa de cotra, carraña ou roña protexía ao corpo contra as enfermidades. Por esta razón, o baño  estaba desaconsellado, reducíndose a limpeza corporal a lavar soamente as partes expostas á vista dos demais: as mans e a cara. O resto do corpo sometíase a unha limpeza en seco, fretando a mugre  cun lenzo  seco ou lixeiramente húmido. Tan  só, fortuitamente,  podían batuxarse no río ás escondidas, unha vez ao ano,  ou nunha tina ou palangana dentro da casa. Neste último caso, unha mesma auga da tina era a miúdo compartida por varios membros da familia. A roupa mudábase unha vez ao mes, e excepcionalmente á semana, salvo a camisa que en ocasións podía cambiarse  máis a miúdo. Aos recén nados, por considerarlle-los  seus corpos máis porosos que os dos adultos, e polo tanto máis propensos á entrada de aires malsanos, protexíanos contra as supostas infiltracións, embadurnándolle-la pel con graxa, cinza, sal, etc., envolvéndoos logo con lenzos de liño e, por suposto, sin lavalos ata que medraran. Un exemplo elocuente témolo no Rei de Francia, Luis XIII, que tras lavalo despois de nacer, tardaron sete anos en volver a facelo. Esta mugre endémica era o mellor aliado para a proliferación de piollos, lendias e ácaros, polo que catarse ou espiollarse mutuamente era unha das actividades familiares e sociais máis comúns, que nos rapaces substituíase por rapados integrais.

3.Hixiene-Higiene

Paradóxicamente, os dentes eran obxecto de certos coidados, sabidores de que cando podrecían tiñan que arrancalos a sangue frío entre espantosas dores, restando as enxivas valeiras para o resto das súas vidas. Era, pois, costume limpalos, fretándoos cun pano e cinza. Nalgunhos lugares perduraba aínda o antigo vezo de enxougalos despois cos seus propios ouriños, xa que o seu alto contido en amoníaco, cousa que ignoraban, favorecía a limpeza. Fora como fora, o normal era  que a xente maior vivira desdentada, con constantes dores de moas e graves abscesos faciais. Da halitose, que cadaquén xulgue.

Foi un século despois, no ano 1860, co descubrimento da microbioloxía por Louis Pasteur, cando comezaron a esvaerse os receos sobre o lavado e a considerar que a limpeza podía ser preventiva dos xermes acochados na pel e roupa sucia, comezando así a normalización dos baños integrais. Seguramente foi por esta razón que o Preceptor do futuro Rei de España, Afonso XII (1857-1885), recomendara a este cando era Príncipe: “Lávate los pies una o dos veces al mes”. Un abraiante avance con respecto ao citado Luis XIII na época anterior. Nembargante pasarían aínda moitas décadas para que as novas prácticas de limpeza se xeneralizaran.

 Axudaranos a comprender a situación descrita, saber que faltaban 185 anos para que chegara a primeira auga corrente á capital de Ourense (1935), tardando aínda moitos lustros en instalarse nas casas. Parderrubias contou coa primeira billa e tanque público de auga na Aldea, na década de 1960. E foi por eses anos, cando o Bispo de Ourense, Ángel Temiño Sáiz, negoulle aínda a autorización ao entón Párroco Don José Manuel Fernández Rúas, para facer un cuarto de baño na rectoral, por consideralo un luxo terrenal, tal como informa Outumuro Seara [https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/10/10/e8-don-jose-manuel-fernandez-ruas-impulsor-de-la-modernidad-de-parderrubias-por-manuel-outumuro-seara/]. Os curas de Parderrubias, igual que os fregueses, levaban toda a vida deitando as súas deposicións no curral e, ao parecer, o Prelado non vía razón para cambiar tal costume.

A sanidade

Non é difícil describi-la situación sanitaria de Parderrubias nos tempos referidos, xa que daquela nin existía servizo medicinal algún, nin persoal mínimamente apto para exercelo. En ningunha das parroquias que actualmente constituen o Concello da Merca existía entón Médico, Ciruxán Sangrador, Boticario nin Botica algunha. En toda a provincia ourensá, só localizamos  sete médicos exercendo no ano 1750 (tres en Ourense, dous en Ribadavia, un en Allariz e outro en Verín), e once Boticarios (catro en Ourense, tres en Ribadavia e un nas poboacións de Allariz, Vilanova dos Infantes, Gomesende e Verín). A estes sete galenos supónselle formación nas Escolas de Medicina, pero o retraso da ciencia medicinal era manifesto.  Aínda a principios do S. XIX, un médico podía estar manipulando todo o día feridas de enfermos, pasando de uns a outros sen lavarse as mans, pois as causas microbiolóxicas das infeccións eran totalmente descoñecidas. En todo caso, os servizos destes esculapios eran inaccesibles  para o común dos mortais, pois, aparte de ser moi poucos, a asistencia sanitaria era privada e estaban adicados case exclusivamente ao persoal do Bispado, Cabidos e Conventos das zonas onde exercían. Médicos á marxe, quedaba a posibilidade de acudir, en caso desesperado, a algún dos barbeiros ciruxiáns ou sangradores existentes nas bisbarras achegadas. Localizamos 11 en Ourense, nove en Ribadavia, catro en Allariz e Entrimo, tres en Bande e Verín, dous en Sobrado do Bispo, San Cibrao de Viñas e  Castro Caldelas, un en Vilanova dos Infantes, Maceda, Xinzo de Limia, Lovios, Calvos de Randín, Gomesende e Esgos. Todos eles, con nula formación académica e tan só con certa práctica rutinaria acadada a beira dun homólogo, realizaban servizos de sacamoas, herniario, alxebrista (ósos escordados), flebotomiano (sangrador), etc. Calquera destas intervencións, cun ordinario instrumental reducido a  tenaces, tesoiras, navallas, coitelos, descarnadores, samesugas,  e para de contar, era unha auténtica atrocidade, coa gravidade de non poder atalla-la dor nin as hemorraxias, infeccións ou asañamentos, porque a botica non tiña medios para loitar contra o que se consideraba irremediable, xa que a narcose e a asepsia non se descubrirían ata cen anos despois (1846 e 1867, respectivamente). Pero os veciños de Parderrubias nin tan sequera tiñan ao seu alcance tal precariedade de servizos e medios, véndose condenados a acudir aos remedios caseiros, a base de herbas, apócemas e outras beberaxes, moitas delas máis ruíns ca propia doenza. Basta lembrar a “herba do ayre” ou “folla do ar”  que, segundo Frei Sarmiento, usaban en Ourense e os seus pobos:

“Llámase del ayre porque cuando un niño está malo de algún aire o vapor que lo envaró, le untan con la infusión de esta hierba o con ella misma… aplicada a un niño o hombre a quien haya hecho daño algún aire, le remedia por chupazón”.

4.Apócimas-Pócimas
Herbas, apócemas e beveraxes

Tamén se valían dos propios ouriños (mexos), confiados das súas bondades contra queimaduras, chagas e outras mancaduras, ou das teas de araña para cortar hemorraxias e cicatrizar feridas, ou das lambedelas do can sobre  úlceras e mancos, seguindo o exemplo da imaxe de San Roque venerada no retábulo maior da igrexa de Santa Olaia de Parderrubias. Outra alternativa era agarrarse aos amuletos que abundaban nas casas, aos que se lle supuña propiedades que afastaban as desgrazas e os influxos malignos. Habíaos de varias castes, profanos e relixiosos, sandadores e rexeitadores. Entre os sandadores destacaban  os cornos da vacaloura (escornabois), a camisa da cobra e unha manchea de pedras (pedra da serpe, da pezoña, do coxo, ollo de boi, etc.) utilizadas contra a pezoña ou veleno das serpes, alacráns, píntigas, etc.  Curiosamente, o noso ilustre paisano Frei Jerónimo Feijoo, nas súas “Cartas eruditas y curiosas” (1742-1760), destaca as supostas virtudes dunha destas pedras, non só contra a pezoña, senón tamén contra a peste dos carbúnculos, tumores, ou mesmo trabadas de cans rabiosos e lobos. Entre os amuletos que rexeitaran o mal estaban os allos, a  castaña de indias, o cairo do porco ou xabarín, a cornamenta da vacaloura e os cornos dos bóvidos, entre outros moitos. Outra opción era acudir  a algún feiticeiro que, mediante o seu engado por medio de ensalmos,  conxuros e maleficios, lle quitara o seu meigallo. Despois de todo isto, sempre quedaba acudir ás herbas de San Xoan, ao Tarangaño (Piñor), á Fonte da Saúde (Parderrubias), á Fonte Santa (As Marabillas) ou á Fonte dos Ollos (As Marabillas e Olás). Malia a singularidade das devanditas prácticas, a prudencia non debe permitirnos desbotar a posibilidade  dunha eventual efectividade se o doente acudira a elas con grandes doses de fe. Cando todo fallaba, que era o máis natural, só quedaban os recursos sobrenaturais: imaxes de santos, medallas, estampas, escapularios, exvotos e promesas de peregrinar  aos Santuarios de O Cristal (devoción dende 1630), A Armada (dende 1641), As Marabillas (dende 1646), San Munio de Veiga, A Bola (dende o século X), San Bieito de Coba de Lobo (¿dende o século XIII?), Os Milagres (dende o século XIII), etc. E abofé que tales medios tiveron que ser ben milagreiros para que os nosos devotos avós, nunha situación tan magoante, vivindo entre animais, estercos e xurreiras, cheos de fame e frío, mal vestidos e peor calzados,  presos de pestes, andazos e pandemias a esgalla, sen galenos nin boticas, sobreviviran a tanto malfado.

5.Amuletos
Amuletos profanos
6.Relixiosidade-Religiosidad
Amuletos relixiosos

Mención aparte merécenos o parto. O concepto de natalidade cambiou tanto que é difícil comprender as condicións que se daban neste eido fai 250 anos. Comezaremos por dicir que a futura nai decatábase do seu estado de gravidez polos mesmos síntomas do embarazo actual, suspensión da menorrea, aparición de efélides, vómitos, etc. Esta circunstancia non alteraba para nada a súa vida cotiá.  Durante a xestación, non había por qué mellora-la hixiene e seguía practicando as mesmas tarefas na casa e os mesmos labores do campo ata o mesmo intre do parto, pois críase que tales angueiras axudaban ao desenrolo do embrión. O libramento producíase sempre na casa, a non ser que algunha circunstancia o impedira, pois dábanse casos en que a parturienta, a causa do exercicio ininterrumpido, paría en solitario, estando lavando no río ou sachando o millo. Sendo na casa, a parturienta era atendida por unha familiar ou veciña que adoitaba ter praxe nestas lides, como eran fregas, presións no bandullo e mesmo introducindo a man ata o útero para axudar á extracción da placenta ou do propio feto. Estas manobras podían ir acompañadas tanto de cantigas ou preces, coma de exclamacións  alusivas á saída da criatura a este mundo, ou de berros e bruídos da nai para axudar á expulsión. Tamén se requerían distintas posturas anatómicas da puérpera, póndose de pé, de xeonllos, de crequenas, sentada, e incluso dando pequenos saltos ou choutando dende un banco. Con tales técnicas, as cousas non soían rematar ben, e as distocias maternas ou fetais e os asañamentos, a miúdo eran  irreversibles. Na nai, era frecuente que sobrevira a febre puerperal  que remataba en septicemia, e non existindo medios para combatila,  a morte era segura. Só un século máis tarde, no 1847, o médico húngaro Ignacio Semmelweis determinou a orixe infecciosa da febre puerperal ao comprobar que a hixiene reducía a mortalidade. Os  antisépticos tardarían aínda 20 anos máis en descubrirse, sendo en 1867 cando o escocés Joseph Lister usou por primeira vez a antisepsia na ciruxía. De calquera xeito, estes adiantos non se xeneralizarían ata o século seguinte. De non haber maiores complicacións, comezaba o posparto con fregas de aceite por fóra da barriga e pocións ou tisanas por dentro, para sandar presto, que había que atender á habenza.

Ao recén nado ceñíaselle todo o corpo con lenzos de liño apretados e vendábaselle a cabeza coma unha momia, pensando que deste xeito evitaríanselle deformacións e contaxios, desenvolvéndoo, no mellor dos casos, unha vez ao día para limpalo, que non lavalo. A lactancia materna alongábase  ata os dous anos, aínda que aos poucos meses xa se lle alternaba o peito con papas de centeo ou millo e outros alimentos previamente mastigados pola nai. Segundo Vicente Risco, algunhas nais tamén lle daban viño, para que criasen boa cor. De írselle o leite a nai, adoitábase acudir ao dunha nai veciña, e de non ser posible, utilizábase o leite da vaca. A mortalidade infantil no primeiro ano de vida era dun 25% e case sempre por falta de hixiene e mala lactancia. Para o Padre Sarmiento, a causa destas mortes prematuras eran  as vexigas (variola) e as lombrigas.

Esta situación, xunguida a outros factores, mantiña no nacemento un  promedio de esperanza de vida entre os  30 e 40 anos.  Aos neonatos superviventes agardábaos  a variola e o tifo, para as que non existía tratamento, e que ao longo  do século XVIII elevou a taxa de mortandade infantil  a un 35%. Os pais tiñan asumido que un de cada tres fillos non sobreviviría e cando se producía a traxedia, todo Parderrubias  trataba de consolarse sabendo que tiñan “un anxiño no ceo”, e ata as campás da igrexa repicaban a gloria. A porcentaxe de mortandade infantil foi diminuindo co transcurso do tempo, pero, segundo Sierra Freire,  entre 1936 e 1950 aínda ascendía ao 9,79% [https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/02/13/aquel-parderrubias-de-la-posguerra/].

A morte non era allea a ningunha idade, pero superada a infancia e a pubertade, as esperanzas de vida aumentaban  considerablemente, e aínda que outras enfermidades, a dureza dos traballos, a fame, fríos, molladuras, etc. conseguían esgota-los azos e forzas,  facendo vella  a moita xente antes dos 30 ou 40 anos, tiñan posibilidade de chegar a cumprir 60, se ben, os sesaxenarios só supuñan a terceira parte dos nacidos.

A ausencia de calquera censo impídenos coñece-la taxa de morbidade naquela época en Parderrubias, e nin sequera o Rexistro Parroquial de Defuncións, sendo a fonte máis próxima a esta realidade, nos permite determina-las verdadeiras causas da morte, pola falta de referencias.  Así e todo, sabemos que a taxa era alta e que as principais causas non diferían das doutras poboacións da zona, sendo a máis frecuente e mortal, co 80% dos decesos, as infeccións contaxiosas ocasionadas polos andazos, a pobre alimentación, a mala hixiene e a pésima salubridade. Tales eran a cólera, o sarampelo, a variola, o tifo, a escarlatina, a difteria, a tuberculose, etc. A elas había que engadirlle-las non contaxiosas, coma os partos, os accidentes laborais, gangrenas, reumas, artroses, etc.

Neste tremendo desamparo sanitario vivían,  convivían ou  sobrevivían  os nosos devanceiros de Parderrubias, nunha época de grande atraso e subdesenrolo, que os obrigou  a  acudir a prácticas sandadoras só entendibles dentro do contexto histórico-social que lles tocou vivir, pero que detrás delas subxacía un extraordinario espírito de superación fronte ás adversidades, unha  enorme capacidade de sufrimento e resistencia para sobrelevalas e unha impasible resignación ante o irremediable, virtudes que forman parte das señas de identidade da nosa memoria histórica.


VERSIÓN EN CASTELLANO

Nota. Este artículo aparece publicado más arriba en su versión original en gallego.

Parderrubias: higiene y sanidad en el siglo XVIII. Por Avelino Sierra Fernández

Es evidente que, conforme al connatural avance de la Humanidad, las cotas de bienestar que actualmente ostenta Parderrubias, disminuyen ostensiblemente a medida que retrocedemos en el tiempo. Retrotrayéndonos a mediados del siglo XVIII, observamos que las condiciones de vida de nuestros antepasados, hace un cuarto de milenio, no son equiparables a las de la generación actual. Aunque carecemos de la documentación precisa y necesaria para conocer con minuciosidad las circunstancias en que vivían nuestros antecesores en aquella época, es seguro que, no siendo peores que las del resto del Coto feudal al que pertenecían, de ningún modo eran mejores. En este sentido, basando nuestro estudio en las condiciones dominantes de la naturaleza y espacio físico de la Parroquia y Coto, en el inalterable sistema agropecuario vivido por los vecinos, en el permanente régimen foral al que estuvieron sometidos desde la Edad Media hasta el siglo XIX, así como en la historia sociológica rural, registros parroquiales y certificaciones catastrales relativas a este feudo, podemos acercarnos con el rigor necesario a la realidad vivida en Parderrubias hace unos 250 años en el aspecto higiénico-sanitario.

La higiene

Cuando en la actualidad,  la higiene, el aseo y la limpieza son prácticas casi obsesivas con la utilización de miles de productos y útiles para todo tipo de aplicaciones y tratamientos, cuesta creer que tales hábitos, básicos para la salud, fueran inusuales, por no decir inexistentes, para nuestros antepasados hace dos siglos y medio. En el año 1750, el concepto de higiene era radicalmente diferente, por no decir contrario, al que tenemos actualmente. El aseo y la limpieza, tanto personal como pública, estaban condicionados por la precariedad de medios y por el pensamiento equivocado sobre la influencia negativa de ciertas prácticas en la salud. En Parderrubias, no existía canalización alguna de agua, siendo las necesidades escasamente cubiertas por fuentes, pozos y ríos que llegaban al estiaje en verano. Entre las primeras hemos de citar A Fonte do Outeiro, Fonte do Cano, Fonte da Saúde, Fonte de Currás, Fonte da Abella, Fonte da Cerva, Fontelas, Fonteiriña y Val das Fontes, todas ellas manantiales naturales  alejados de los poblados.

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Fonte do Cano

Tampoco existían alcantarillados de residuos, excepto corrientes superficiales de purín del estiércol, formando pestíferas y hediondas charcas estancadas en los patios y caminos. Aunque nos produzca asombro, cualquier servicio de baño o retrete público o privado, o cualquier costumbre general de higiene, ni existían ni se echaban en falta. Con toda seguridad, muchos de los campesinos no conocieron nunca el jabón ni vieron su cara en un espejo. Todas las personas, de la condición que fueran, no reparaban en aliviar sus vientres donde se hallaran, eso sí, procurando cierta intimidad dentro de lo posible, y los vecinos convivían con las deyecciones humanas en cualquier camino o esquina, o mismo delante de casa, mixturados con las boñigas de las vacas. Estando en casa, durante el día era habitual relajar los esfínteres en una esquina de la cuadra, ayudando a hacer estiércol. Las deposiciones hechas por la noche dentro de casa, en las bacinillas, se derramaban por la mañana en el camino sin reparo alguno, procurando que la pendiente del terreno las alejara un paso de la puerta, hasta que los animales sueltos o un chaparrón de lluvia mitigaran tal inmundicia. La situación se aligeraba en algunos casos, cubriendo el patio o camino de tojos.

Para la limpieza y aseo personal, perduraba el pensamiento de la medicina medieval, según el cual, el baño frecuente perjudicaba seriamente la salud, porque el agua dilataba la piel, abriendo los poros que quedaban expuestos a la entrada de aires malsanos. Llegaba a creerse, incluso, que una buena capa de mugre o roña protegía al cuerpo contra las enfermedades. Por esta razón, el baño estaba desaconsejado, reduciéndose la limpieza corporal a lavar únicamente las partes expuestas a la vista de los demás: las manos y la cara. El resto del cuerpo se sometía a una limpieza en seco, frotando la mugre con un lienzo seco o ligeramente húmedo. Tan sólo, fortuitamente, podían chapotearse en el río a escondidas, una vez al año, o en una  tinaja o palangana   dentro de casa, en cuyo caso la misma agua era compartida por varios miembros de la familia. La ropa se cambiaba una vez al mes, y excepcionalmente a la semana, salvo la camisa que en ocasiones podía mudarse con más frecuencia. A los recién nacidos, por considerarle sus cuerpos más porosos que los de los adultos, y por lo tanto más propensos a la entrada de aires malsanos, los protegían contra las supuestas infiltraciones, embadurnándoles la piel con grasa, ceniza, sal, etc., envolviéndolos luego con lienzos de lino y, por supuesto, sin lavarlos hasta que crecieran. Un ejemplo elocuente lo tenemos en el Rey de Francia, Luis XIII, que tras lavarlo después de nacer, tardaron siete años en volver a hacerlo. Esta mugre endémica era el mejor aliado para la proliferación de piojos, liendres y ácaros, por lo que despiojarse mutuamente era una de las actividades familiares y sociales más comunes, que en los más jóvenes se sustituía por rapados integrales.

3.Hixiene-Higiene

Paradójicamente, los dientes eran objeto de ciertos cuidados, conscientes de que cuando se pudrían tenían que arrancarlos a sangre fría entre espantosos dolores, quedando las encías vacías para el resto de sus vidas. Era, pues, costumbre el limpiarlos, frotándolos con un paño y ceniza. En algunos lugares perduraba aun el antiguo hábito de enjuagarlos después con su propia orina, ya que su alto contenido en amoníaco, cosa que ignoraban, favorecía la limpieza. Fuera como fuera, lo normal era la gente mayor desdentada, con constantes dolores de muelas y graves abscesos faciales. De la halitosis, que cada cual juzgue.

Fue un siglo después, en el año 1860, con el descubrimiento de la microbiología por Louis Pasteur, cuando comenzaron a desaparecer los recelos  sobre el lavado y a considerar que la limpieza podía ser preventiva de los gérmenes alojados en la piel y ropa sucia, comenzando así la normalización de los baños integrales. Seguramente fue por esta razón que el Preceptor del Futuro Rey de España, Alfonso XII (1857-1885), recomendaba a éste cuando era Príncipe: “Lávate los pies una o dos veces al mes”. Un asombroso avance con respecto al citado Luis XIII en la época anterior. Sin embargo pasarían aun muchas décadas para que las nuevas prácticas de limpieza se generalizaran.

Nos ayudará a comprender la situación descrita el saber que faltaban 185 años para la llegada de la primera agua corriente a la capital de Ourense (1935), tardando aun muchos lustros en ser instalada en las casas. Parderrubias dispuso del primer grifo y depósito de agua en la Aldea, en la década de 1960. Y fue por aquellos años cuando el Obispo de Orense, Ángel Temiño Sáiz, le negó aun la autorización al entonces Párroco Don José Manuel Fernández Rúas, para hacer un cuarto de baño en la rectoral, por considerarlo un lujo terrenal, tal como informa Outumuro Seara [https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2015/10/10/e8-don-jose-manuel-fernandez-ruas-impulsor-de-la-modernidad-de-parderrubias-por-manuel-outumuro-seara/]. Los Párrocos de Parderrubias, igual que sus feligreses, llevaban toda la vida vertiendo sus necesidades en la cuadra y, al parecer, el Prelado no veía razón para cambiar tal costumbre.

La sanidad

No es difícil describir la situación sanitaria de Parderrubias en los tiempos referidos, ya que entonces no existía servicio sanitario alguno, ni personal mínimamente apto para ejercerlo. En ninguna de las parroquias que actualmente constituyen el Concello de A Merca existía Médico, Cirujano Sangrador, Boticario ni Botica alguna. En toda la provincia orensana, sólo localizamos siete médicos ejerciendo en el año 1750 (tres en Orense, dos en Ribadavia, uno en Allariz y otro en Verín), y once Boticarios (cuatro en Orense, tres en Ribadavia y uno en las poblaciones de  Allariz, Vilanova dos Infantes, Gomesende y Verín). A estos siete galenos se le supone formación en las Escuelas de Medicina, pero el retraso de la ciencia médica era manifiesto. Aun a principios del siglo XIX, un médico podía estar manipulando todo el día heridas de enfermos, pasando de unos a otros sin lavarse las manos, pues las causas microbiológicas de las infecciones eran totalmente desconocidas. En todo caso, los servicios de estos escolapios eran inaccesibles para el común de los mortales, pues, aparte de ser muy pocos, la asistencia sanitaria era privada y estaban dedicados casi exclusivamente al personal del Obispado, Cabildos y Conventos de las zonas donde ejercían. Médicos al margen, quedaba la posibilidad de acudir, en caso desesperado, a alguno de los barberos cirujanos o sangradores existentes en las comarcas cercanas. Localizamos 11 en Ourense, nueve en Ribadavia, cuatro en Allariz y Entrino, tres en Bande y Verín, dos en Sobrado del Obispo, San Ciprián de Viñas y Castro Caldelas, y uno en Vilanova dos Infantes, Maceda, Xinzo de Limia, Lovios, Calvos de Randín, Gomesende y Esgos. Todos ellos, con nula formación académica y tan sólo con cierta práctica rutinaria lograda al lado de un homólogo, realizaban servicios de sacamuelas, herniario, algebrista (huesos dislocados), flebotomiano (sangrador), etc. Cualquiera de estas intervenciones, con un ordinario instrumental reducido a tenazas, tijeras, navajas, cuchillos, descarnadores, sanguijuelas, y para de contar, era una auténtica atrocidad, con el agravante de no poder atajar el dolor, las hemorragias  o las  infecciones, porque la botica no tenía medios para luchar contra lo que se consideraba irremediable, ya que la narcosis y los antisépticos no se descubrirían hasta cien años después (1846 y 1867, respectivamente). Pero los vecinos de Parderrubias ni siquiera tenían a su alcance tal precariedad de servicios y medios, viéndose condenados a acudir a remedios caseros, a base de hierbas, pócimas y otros brebajes, muchos de ellos peores que la propia dolencia. Basta recordar la “herba do ayre” o “folla do ar” que, según Fray Sarmiento, se usaba en Ourense y sus pueblos:

“Llámase del ayre porque cuando un niño está malo de algún aire o vapor que lo envaró, le untan con la infusión de esta hierba o con ella misma… aplicada a un niño o hombre a quien haya hecho daño algún aire, le remedia por chupazón”.

4.Apócimas-Pócimas
Hierbas, pócimas y brebajes

También se valían de la propia orina, confiados de sus bondades contra quemaduras, llagas y otras lesiones, o de las telas de araña para cortar hemorragias y cicatrizar heridas, o de las lamidas del perro sobre úlceras o  llagas, siguiendo el ejemplo de la imagen de San Roque venerada en el retablo mayor de la iglesia de Santa Olaia de Parderrubias. Otra alternativa era recurrir a los amuletos que abundaban en las casas y a los que se les suponía propiedades que alejaban las desgracias y los influjos malignos. Los había de varias clases, profanos, religiosos, sanadores, ahuyentadores, etc. Entre los sanadores destacaban los cuernos del ciervo volante, la camisa de culebra y una serie de piedras (piedra de serpiente, de ponzoña, ojo de buey, etc.) utilizadas contra la ponzoña o venenos de serpientes, alacranes, salamandras, etc. Curiosamente, nuestro ilustre paisano Fray Jerónimo Feijoo, en sus “Cartas eruditas y curiosas” (1742-1760), destaca las supuestas virtudes de una de estas piedras, no sólo contra la ponzoña, sino también contra la peste de los carbúnculos, tumores, e incluso mordidas de perros rabiosos o lobos. Entre los amuletos para ahuyentar el mal estaban los ajos, la castaña de indias, el colmillo de cerdo o jabalí, la cornamenta del ciervo volante y los cuernos de los bóvidos, entre otros. Otra opción era acudir a algún hechicero que, por medio de ensalmos, conjuros y maleficios, le sacaran sus males. Después de todo esto, siempre quedaba acudir a las hierbas de San Juan, al Tarangaño (Piñor), a la Fonte da Saúde (Parderrubias), Fonte Santa (As Marabillas) o a la Fonte dos Ollos (As Marabillas y Olás). A pesar de la singularidad de dichas prácticas, la prudencia no debe permitirnos desechar la posibilidad de una eventual efectividad si el enfermo acudiera a ellas con grandes dosis de fe. Cuando todo fallaba, que era lo más natural, sólo quedaban los recursos sobrenaturales: imágenes de santos, medallas, estampas, escapularios, exvotos y promesas de peregrinar a los Santuarios de O Cristal (devoción desde 1630),  A Armada (desde 1641),  As Marabillas (desde 1646),  San Munio de Veiga, A Bola (desde el siglo X), San Benito de Coba de Lobo (¿desde el siglo XIII?),  Os Milagres (desde el siglo XIII), etc. Y la verdad es que tales medios debieron ser bien milagrosos para que nuestros devotos abuelos, en una situación tan desvalida, viviendo entre animales, estiércol y purín, llenos de hambre y frío, mal vestidos y peor calzados, invadidos de pestes, epidemias y pandemias, sin médicos ni medicinas, sobrevivieran a tanta adversidad.

5.Amuletos
Amuletos profanos
6.Relixiosidade-Religiosidad
Amuletos religiosos

Mención aparte nos merece el parto. El concepto de natalidad cambió tanto que es difícil comprender las condiciones que se daban en este particular hace 250 años. Comenzaremos por decir que la futura madre se daba cuenta de su estado de gravidez por los mismos síntomas del embarazo actual, suspensión de menorrea, aparición de efélides, vómitos, etc. Esta circunstancia no alteraba para nada su vida cotidiana. Durante la gestación, no había por qué mejorar la higiene y seguía realizando las mismas tareas en casa y los mismos trabajos en el campo hasta el mismo momento del parto, pues se creía que tales faenas ayudaban al desarrollo del embrión. El alumbramiento se producía siempre en casa, a no ser que alguna circunstancia lo impidiera, pues se daban casos en que la parturienta, a causa del ejercicio ininterrumpido, paría en solitario, estando lavando en el río o sachando el maíz. Siendo en casa, la parturienta era atendida por una familiar o vecina que solía tener práctica en estas lides, como eran friegas, presiones en el vientre o introducir la mano hasta el útero para ayudar a la extracción de la placenta o del propio feto. Estas maniobras podían ir acompañadas tanto de canciones o preces, como de exclamaciones alusivas a la salida de la criatura a este mundo, o de gritos y alaridos de la madre para ayudar a la expulsión. También se requerían distintas posturas de la puérpera, poniéndose de pie, de rodillas, en cuclillas, sentada, e incluso dando pequeños botes o saltando desde un banco. Con tales técnicas, las cosas no solían acabar bien, y las distocias maternas o fetales y las infecciones, a menudo eran irreversibles. En la madre era frecuente que sobreviniera la fiebre puerperal que acababa en septicemia, y no existiendo medios para combatirla, la muerte era segura. Sólo un siglo más tarde, en 1847, el médico húngaro Ignacio Semmelweis, determinó el origen infeccioso de la fiebre puerperal al comprobar que la higiene reducía la mortalidad. Los antisépticos tardarían aun 20 años más en descubrirse, siendo en 1867 cuando el escocés Joseph Lister usó por primera vez la antisepsia en la cirugía. De cualquier forma, estos adelantos no se generalizarían hasta el siguiente siglo. De no haber mayores complicaciones, comenzaba el posparto con friegas de aceite por el exterior del vientre y pociones o tisanas por dentro, para sanar pronto, que había que atender la hacienda.

Al recién nacido se le ceñía todo el cuerpo con lienzos de lino apretados y se le vendaba la cabeza como a una momia, pues se pensaba que de esta forma se le evitarían deformaciones y contagios, desenvolviéndolo, en el mejor de los casos, una vez al día para limpiarlo, que no lavarlo. La lactancia materna se alargaba hasta los dos años, aunque a los pocos meses ya se le alternaba el pecho con las papas de centeno o maíz y otros alimentos previamente masticados por la madre. Según Vicente Risco, algunas madres también le daban vino, para que criase buen color. De no tener leche la madre, se acudía al de alguna madre vecina, y de no ser posible, se utilizaba leche de vaca. La mortalidad infantil en el primer año de vida era de un 25% y casi siempre por falta de higiene y mala lactancia. Para el Padre Sarmiento, la causa de estas muertes prematuras eran las “vexigas” (viruela) y las lombrices.

Esta situación, unida a otros factores, mantenía en el nacimiento un promedio de esperanza de vida entre los 30 y 40 años. A los neonatos supervivientes les esperaba la varicela o el tifus, para las que no existía tratamiento, y que a lo largo del siglo XVIII elevó la tasa de mortalidad infantil al 35%. Los padres tenían asumido que uno de cada tres hijos no sobreviviría, y cuando se producía la tragedia, todo Parderrubias trataba de consolarse sabiendo que tenían “un angelito en el cielo”, y hasta las campanas repicaban a gloria. El porcentaje de mortalidad infantil fue disminuyendo con el transcurso del tiempo, pero, según Sierra Freire entre 1936 y 1950 aun ascendía al 9,79% [https://aparroquiadeparderrubias.wordpress.com/2016/02/13/aquel-parderrubias-de-la-posguerra/].

La muerte no era ajena a ninguna edad, pero superada la infancia y la pubertad, las esperanzas de vida aumentaban considerablemente, y aunque otras enfermedades, la dureza de los trabajos, el hambre, el frío, las mojaduras, etc. conseguían agotar los ánimos y las fuerzas, haciendo vieja a mucha gente antes de los 30-40 años, tenían posibilidad de llegar a cumplir 60, si bien los sexagenarios sólo suponían la tercera parte de los nacidos.

La ausencia de cualquier censo nos impide conocer la tasa de morbilidad en aquella época en Parderrubias y ni siquiera el Registro Parroquial de Defunciones, siendo la fuente más próxima a esta realidad, nos permite determinar las verdaderas causas de muerte, por la falta de referencias. Así y todo, sabemos que la tasa era alta y que las principales causas no diferían de las de otras poblaciones de la zona, siendo la más frecuente y mortal, con el 80% de los decesos, las infecciones contagiosas ocasionadas por las epidemias, la pobre alimentación, la mala higiene y la pésima salubridad. Tales eran el cólera, el sarampión, la varicela, el tifus, la escarlatina, la difteria, la tuberculosis, etc. A ellas había que añadirle las no contagiosas, como los partos, accidentes laborales, gangrenas, reumas, artrosis, etc.

En este tremendo desamparo sanitario vivían, convivían o  sobrevivían   nuestros antepasados de Parderrubias, en una época de gran atraso y subdesarrollo, que les obligó a acudir a prácticas curativas sólo comprensibles dentro del contexto histórico-social que les tocó vivir, pero que detrás de todas ellas subyacía un extraordinario espíritu de superación frente a las adversidades, una enorme capacidad de  sufrimiento y resistencia para sobrellevarlas y una impasible resignación ante lo irremediable, virtudes que forman parte de las señas de identidad de nuestra memoria histórica.